BUSCANDO UN PARAGUAS

A un día de mi 30 cumpleaños me siento así: BUSCANDO UN PARAGUAS.

¿Sabéis esos grupos de turistas que van siguiendo a un guía que usa un paraguas de colores para que la gente pueda verle con facilidad? Sí, esos grandes grupos de chinos y/o japoneses que van siguiendo a la manada y mirando hacia la derecha y hacia la izquierda según indique el aparato de audio que llevan en sus cabezas…

Sí, bueno, la realidad es que justo me refiero a eso. He debido perderme del grupo. Aquí no hay nadie que me diga hacia dónde tengo que mirar, ni escucho indicaciones claras a través de los oídos. Tampoco veo un paraguas de colores que me indique dónde debería estar mi lugar ni qué sitios, atracciones o monumentos debería estar atendiendo con mi mirada.

Soy libre, señores. Soy libre.

Y menudo vértigo da dicha expresión. Toda la vida ansiando comerme el mundo hasta que llega el día en que te das cuenta que no hace falta que ansíes nada porque ya te has comido buena parte de él.

¿Y por qué tanta ansia, entonces? ¿Por qué tantas ganas? ¿Y, hablando de todo un poco, hacia dónde he de tirar?

A un día de mi 30 cumpleaños me siento así: un poco -solo un poquito- PERDIDA.

¡Ché! Y yo que me sentía tan orgullosa de mí misma por estar creando un camino propio y por tener la valentía de mirar el mundo con mis lindos ojos. La misma, yo, la valiente… perdida… ¡Pues vaya chasco!

Creo que me tengo que quitar el traje de heroína porque empiezo a creer que, el hecho de ser libre, no implica que vaya a ocurrir gran cosa. Simplemente, ahora puedes decidir pero, no te creas, por muy libre que seas las limitaciones forman parte de tu naturaleza.

Sí, limitaciones como el tiempo, la edad, el coste de oportunidad que supone hacer algo y tener que sacrificar otra cosa a cambio, la capacidad limitada de los pulmones o del estómago, las horas necesarias de sueño, las distancias físicas… Existen los límites por mucha libertad que quiera yo encontrar. Soy una mujer libre y, jodidamente, limitada. ¡Qué putada!

Pues sí, me fastidia. Me fastidia porque siempre he querido tenerlo todo. Porque no fue casualidad que me leyera el libro de El Alquimista tres veces seguidas cuando era adolescente. Porque siempre he creído en los sueños y en los destinos, porque conozco el potencial y creo en la capacidad del ser humano para llegar bien lejos.

Pero en algo me he equivocado y es en creer que el ser humano, tan sólo él y por sí mismo, puede alcanzar las estrellas. Y no, no es así. Estamos interconectados, somos parte de algo que vive en nuestro interior y, a la vez, nos supera; somos una pieza de un puzzle, tan solo somos humanos; vulnerables y limitados.

Por eso, a mis ya casi 30 años cumplidos; he de decir que me siento hoy en la silla de la decepción. Aunque sea solo por un ratito. Y es que, ¿quién me he creído yo para querer tocar el cielo? ¿Es que no sé de sobra la cantidad de factores que han de acompañarme a mí hasta esa elevada llegada?

“Ay,…” – me digo a mí misma- “con lo que has sentido en tu interior, ¿cómo puede ser que hagas a tus ojos ciegos y a tus oídos sordos? Si sabes que toda esa alegría que buscas, todo el sentido que te va a motivar y todo el amor que mereces; se encuentran dentro de ti misma. ¿Por qué intentas encontrar un paraguas de colores cuando en esto de la vida tan solo estás tú? Tú y las huellas que has dejado. Tú y todo lo que ya has caminado. Tú y todo lo que el Universo ha sembrado en tu interior y te muestra ahí fuera en modo de personas, circunstancias y relaciones. Ay… deja ya de mirar a los rumores del pasado y eleva tu mirada. Ahí, enfrente tuyo, está la vida”.

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Océanos

Si las lágrimas llegaran a formar tal océano que nuestros cuerpos nunca llegaran a encontrarse, buscaría la forma de expresarte que no son tus besos los que me animan a buscarte, ni siquiera tu imponente verborrea que a veces hace desesperar a cada una de mis células. No son tus ojos, ni la discontinuidad de tu mirada; no es el tacto de tus manos, ni ese estómago sobre el que rodeo mis propios brazos.

SOY YO. Yo soy el motivo de mi propia búsqueda. Tú eres el reflejo de lo que yo tengo para entregar, tú eres el recipiente sobre el que consigo verter el calor de saberme amada. Tú eres la estructura que da forma a la magia que yo ofrezco. Yo soy el océano en cada gota, tú cada gota en el océano.

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OTROS REINOS

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Hubo una vez un Reino en el que vivían todas las palabras no dichas, los abrazos no dados y las caricias no entregadas. Un reino en el que tú viajabas a lugares que nunca habías visitado y tomabas la dirección contraria a la que un día elegiste. En ese reino habían bebés de parejas que podrían haberse unido, árboles que podían haber sido plantados y flores vivas que un día murieron porque no se regaron.

El reino contemplaba todas tus posibilidades, todas las vidas que podrías haber llevado, todos los caminos que podrías haber transitado.

Tu abuela vivía otra vida que había soñado; tu madre, todavía pequeña, chapoteaba con sus pies los charcos de una lluvia que aún no había llegado. Y tú, tú te alzabas firme sobre tus pies en el medio de un amplio prado. Respirabas hondo, girando lentamente sobre ti misma, contemplando todas las direcciones que se presentaban a cada costado. Y, ahí, expandiendo tus brazos como si se trataran de agújas de una brújula que pretende conocer su camino ideal no tomado, decidiste girar más rápido.

Poco a poco, mientras ibas girando, ibas integrando: el camino A que podría haber tomado, el camino B que dejé de lado, el camino C que descarté por un amado, el camino D que pospuse por un parto, el camino E que no tomé por otra alegría que me habían dado, el camino F que me dio miedo transitarlo… Y así, girando cada vez más rápido, sintiendo cada dirección en tu cuerpo, caíste extasiada en tu propio centro. Y quedaste solo tú, respirando.

Desapareciste, desapareciste como lo hacen las ilusiones. Desapareciste como lo hacen los pensamientos y las ideas que solo viven en la cabeza.

Y fue entonces cuando, finalmente, te entregaste a vivir entendiendo que no hay mejor camino que el que un día fue tomado y que no hay nada que le falte al presente en el que ahora te has situado.

Agradeciendo tu vida, tu cuerpo y tu lugar, te levantaste de aquel suelo en el que creías haber caído. Y ya no había nada a tu lado. Ya no habían opciones, no habían caminos, ni decisiones que tomar…

Viendo que todo a tu alrededor había desaparecido y que no había ningún lugar al que tener que visitar, decidiste cerrar tus ojos, poner las manos en tu corazón y comenzar a CAMINAR.

¿Quién soy?

Llegar a ese punto de humildad en el que decides mostrarte tal cual eres no es sencillo. No es fácil, en primer lugar, porque quien uno es parece variar con el tiempo.

¿Quién soy? Me hago esta pregunta porque mi mente no llega a creerse que yo sea tantas cosas en una misma persona. ¿Cómo es posible? ¿Cómo un solo cuerpo puede englobar tantas experiencias, emociones, sensaciones, identidades, percepciones? ¿Cómo en una misma existencia una puede saborearse en tantas texturas diferentes y bañarse en tal variedad de colores? ¿Cómo puede un mismo corazón sentir de maneras tan extremas y, a la vista, contrapuestas? ¿Cómo es posible que yo sea la misma que fui hace 20 o 10 años? ¿Cuál es el hilo que une todas mis experiencias? ¿Qué es lo que queda ahí dentro que me mantiene en una cierta coherencia? ¿Dónde está la base? ¿Dónde está eso que no cambia entre tanto cambio? ¿Quién soy yo? Repito.

Es complejo. No es sencillo. Serlo todo es extraño y poco manejable cuando uno se exige a uno mismo el autoconocimiento.

Todavía me juzgo, todavía me comparo, el juego en el que yo misma soy mi contrincante no ha acabado todavía. ¿Quién es esa que tengo enfrente a la que intento ganar? ¿Qué tengo en contra de mi misma? ¿Qué veo en ella que quiero derrotar? ¿A qué le quiero ganar la batalla? ¿Desde cuándo soy dos, tres, cuatro… mujeres a la vez en lugar de una? ¿Y desde cuándo entendí que debo destruirlas a todas ellas para poder ser coherente en el ambiente que me rodea? ¿Llegará el día que pueda integrarlas a todas en una sola? ¿Llegará el día que mi corazón se abra a amar a todas las partes que componen a mi ser de mujer? ¿Y el día que abrigue con mis amables brazos al hombre que vive fuera y dentro de mi misma?

Veo fotos de hace unos años para acá y mi cuerpo se descompone. ¿Quién soy yo?, me vuelvo a preguntar. ¿Y por qué esa que fui ya no soy y esta que soy no es quien era?

¡¿Cuándo llegará el día que entienda que yo siempre soy la misma, independientemente de lo que se cueza a mi alrededor o las emociones que pongan patas arriba los organizados órganos de mi cuerpo?!

Ese día no ha llegado y, por tanto, la pregunta insiste y no cesa. Así que yo me sigo preguntando:

¿Quién es esa?

Y, de repente, siento que necesito escupir mucha verborrea… Y es que esa que tienes delante está cansada de las etiquetas, de los deberes, del sistema… Está cansada de los juicios, de los roles, de los desprecios… Está cansada de la palabrería, de las poses, de la poca sinceridad,… Está cansada de los objetivos, de los caminos, del conocimiento… Está cansada de la luz, de la congruencia, de tener que saber lo que es bueno… Está cansada de sus propios miedos.

Esa que tienes delante quiere sacarse la mordaza de la boca y deshacer los propios nudos que puso en su cuerpo. Esa que tienes delante quiere ser libre en un mundo sin complejos, esa que escribe quiere sacar fuera lo que hay dentro, rugir ferozmente y que no sea sola en el silencio. Esa que busca respuestas quiere probarse como un animal en todo tipo de terrenos. Quiere ser roca, agua y fuego. Aventurarse en la selva de la vida. Ser valiente y decidida. Actuar, romper el hielo.

Abandonar el pueblo de la fantasía e integrarlo bien adentro. Utilizar mi imaginación como mi arma pero no como un cobijo de aislamiento. Dejar huella en este suelo.

Ser materia, encarnar mi cuerpo y no  ser solo fuente de conocimiento.

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CARTA A LA RABIA

Depende de la familia en la que hayas nacido y cómo se te haya educado, habrás aprendido a exteriorizar determinadas emociones y, algunas otras, habrás decidido guardarlas dentro de ti. La rabia o la ira de un niño pequeño puede ser vista como una amenaza para el padre que quiere tenerlo todo bajo control o quizás simplemente se vea como algo negativo del niño que le puede dar problemas a la hora de desenvolverse en la sociedad. Sin embargo, la rabia de un niño bien recibida, se convertirá precisamente en algo muy valioso para él en el futuro; le ayudará a marcar barreras, a ir con seguridad en pos de lo que desea, a no tener miedo a expresarse, a sentirse seguro y poderoso y, sobre todo, hará que el niño se encuentre en paz consigo mismo al saber que esa emoción, como todas las otras, es algo bello y completamente natural.

Necesitamos estar abiertos a recibir nuestra propia rabia para así dar la bienvenida a la rabia de los más pequeños, a abrigarla con amor, a entenderla. Comprender mediante la observación y el cariño qué se cuece bajo dicho comportamiento y no cambiar nuestra actitud cuando dicha emoción se presenta. Si transmitimos a los niños que no les queremos cuando externalizan su rabia, esas personitas (al igual que hicimos nosotros) acabarán guardando la rabia para dentro de sí y la dejarán bien escondida, creyendo que es algo malo y contaminando su paz interior.

Así, muchas personas caminamos la faz de la tierra con algo que ruge ahí dentro. Es simplemente nuestra propia fuerza, nuestra poderosa expresión… que un día reprimimos para conseguir amor y que seguimos reprimiendo para no salir de nuestra zona de comfort.

Hoy escribo una carta a la rabia que nunca acepté ni quise ver. Hoy escribo una carta a eso que ha vivido siempre dentro y que se ha mostrado de mil maneras con dolores en mi cuerpo. Hoy me abro a ella y estoy dispuesta a reconocer su verdadero y bondadoso poder.

“Rabia, ¿quién eres? ¿cómo vistes? ¿qué aspecto tienes? Rabia, quiero saber muchísimo más acerca de ti. De tu personalidad, de tus gustos y aficiones. Quiero saber qué detestas, qué es aquello que no puedes soportar, cómo te muestras, qué necesitas y de qué te alimentas. Rabia, quiero cuidarte, quiero quererte como a uno más, quiero invitarte a mi casa y sentarte con los demás en la mesa. Es cierto que nunca antes te abrí la puerta. Ni en aquellas noches de frío en las que nevaba en el exterior y tú llamabas insistente para no quedarte fuera. Es cierto que nunca quise ver tu cara, ni escuchar tu voz, ni ver qué baile me traerías. Yo jugaba con Alegría, le daba besos a Tristeza, acurrucaba en mis brazos a Ilusión, tenía largas y profundas conversaciones con Miedo, bañaba a Amor mientras le dejaba jugar con las pompas de jabón… pero a ti, Rabia, nunca dediqué ni la más mínima atención.

Ahora me doy cuenta de lo excluida que te has sentido en esta vida, de tu necesidad de escucha y de la gran desazón con la que has luchado por sobrevivir. Creo que me aproximo a comprender lo mucho que has sufrido y la tristeza que yo he debido sentir por haberte excluido a ti.

Rabia, cansada estoy de haber querido vivir sin ti. Siento que últimamente me ha faltado fuerza, coraje y determinación a la hora de decidir por mí y sé que esa es la factura que paga cualquiera que no quiere dirigir hacia ti su mirada. Feliz me encuentro de saber que sigues esperando y por fin, mi cuerpo te entrego para que puedas desarrollar tus dones dentro de él. He oído decir que eres una gran guerrera, que luchas desde el corazón y que das fuerza a la gente para empuñar la espada del discernimiento que llevamos todos clavada en nuestro pecho. Empuñar dicha espada quiero así como también deseo sacar contigo a esa guerrera que sé que ha despertado aquí dentro.”

Hoy ratifico que la ira es un sentimiento más que fue dado en este universo para poder canalizarlo de manera constructiva. Hoy entiendo que si no miro a la rabia de frente, que si no la abrigo y la quiero, nunca podré sacar de ella esas perlas guardadas bajo su concha.

rabia reprimida expresada

EL BARCO DE LUCA

Como ya he comentado en alguna ocasión, en el mes de abril del año pasado dejé el trabajo por perseguir un sueño. Eso es, “perseguir un sueño” son las palabras adecuadas.

Recuerdo el comienzo de nuestra relación, dulce y seductora. El sueño me seducía, hacíamos grandes planes. Todavía noto como latía mi corazón cada vez que le veía; latidos fuertes, seguros, potentes. Mi corazón era el tambor que daba vida a aquellas intensas noches de luna llena. Sí, en aquel tiempo, mi sueño tenía un hogar, mi corazón le daba cobijo.

No había nada más que mi sueño. Mirara donde mirara, el sueño estaba allí. Estaba escondido tras cualquier fachada, caras alegres o enfadadas, en climas oscuros o soleados, en días libres u ocupados. El sueño llenaba de magia todo aquello que tocaba, mis ojos daban luz a cualquier sitio que miraran.

Sí, recuerdo aquellos días con mucho cariño. Casi puedo sentir el dulzor de la miel derritiéndose en mi boca. Fueron días de perderme entre las nubes, de querer tocar el Sol.

Añoro aquellos días que paseaba tranquila sintiendo la planta de mis pies pisando el suelo calmadamente. Añoro aquella paz espiritual, aquellas tardes en las que mi rostro reflejaba lo serena que me encontraba.

Mi sueño y yo éramos uno. A veces lo sentía como un hijo que dormía en mi vientre esperando ser parido, a veces era un fogoso amante en una lujuriosa y apasionada relación. Nunca fue un amigo cualquiera, siempre llenaba de significancia cada respiración, cada llegada. Mi sueño era intocable y solo mío. Mi sueño era yo, mi sueño era mi destino.

En el medio de mi sueño, debí quedarme dormida. Creo que, sedada por tanta ilusión, acabé soltando el timón. Mi barco quedó a la deriva mientras las cosas materiales perdían su sentido y las ideas y los sueños embriagaban cualquier intento de entender algo de lo que estaba sucediendo. Habían tardes nauseabundas cuando las mareas agitaban mi cuerpo en el medio de aquel mar. Llegué a perder la noción de las cosas materiales, no sabía si había un rumbo, si existían las direcciones y los mapas. Capas que me cubrían caían sin cesar, y cuando pensaba que no podía estar más desnuda, me desnudaba aún más. “¿Dónde estoy? ¿Quién soy? ¿Qué es hacer?¿Qué está pasando? ¿Estoy aquí? ¿Voy hacia algún lugar? ¿Hay que ir a algún sitio? ¿Qué es este pensamiento? ¿Quién me habla? ¿Quién soy? ¿Hay algún sentido? ¿Qué? ¿Cómo? ¿Qué? ¿Perdón? ¿Y tú quién eres? ¿Qué es esto?”.

Mi ropa, mi casa, mi familia, mis amigos, edificios, coches, caminos construidos; antiguos patrones de pensamiento, recompensas y castigos, lecciones y entredichos, educación, escuela, iglesia, libros, todo lo aprendido, risas, novios, conversaciones, golosinas, relojes… Todo fue removido por aquel descontrolado oleaje que (ahora lo sé) solo pretendía poner (con todo su cariño) cada cosa en su sitio.

Mi barco se acaba de parar. Parece que ha topado con cierta tierra. Ha sido en seco. De repente.  Ha llegado a un lugar que me parece completamente desconocido. Asustada me pregunto si estaré soñando o si, realmente, esa tierra seca que veo ahí fuera iluminada por el sol es parte de la realidad. Aunque me está costando, me estoy armando de valentía para abandonar el barco. No me parece algo fácil. Por eso voy poco a poco. Muy lentamente. Paso a paso.

Solo deseo… Solo deseo… Solo deseo de corazón que cuando baje a Tierra, mis pies puedan hundirse en esa áspera arena y pueda sentir en toda mi piel el calor de la materia. Solo deseo que mi pelo se mueva con ese viento que está agitando las palmeras. Solo deseo entender que yo soy la roca, yo soy la tierra, yo soy la arena… Ponerme en mi lugar y sentarme en la orilla. Mirar hacia el horizonte y susurrarle con mi propia voz al mar que ya he entendido algo más sobre quien soy y cual es mi verdadera naturaleza. Y no, no es un comienzo, solo una continuación. Tampoco es un bello o asombroso final, solo parte de un amplio y extenso camino. Espero poder entender esto algún día, que no hay destinos, que no hay diferentes caminos… Espero poder entenderlo algún día, que NO HAY ABSOLUTAMENTE NADA MÁS QUE LO QUE HAY DENTRO DE UNO MISMO.

Gracias Luca por haber orientado a mi humilde barco con tu preciosa magiaImagen

¿SUEÑAS? ¡VIVE!

Vídeo

¿Es la vida un sueño? ¿O eso que sueñas puede ser tu vida?

¿Qué harías con tu vida si te atrevieras a soñar y poner esos sueños en práctica? ¿Qué harías si supieras que ello te va a traer la máxima felicidad? ¿Qué harías? ¿Qué deseas? ¿Qué te gusta? ¿A qué dedicarías tu tiempo si no importara la opinión de los demás? ¿Cómo sería tu vida si no necesitaras comprar el amor de los demás? ¿Qué te rodearía si desde tu corazón tomaras tú tus decisiones? ¿Qué olores habrían? ¿Qué te ves haciendo? ¿Habría gente a tu alrededor? ¿Quizás naturaleza? ¿Y color? ¿Brillo? ¿Frío o calor? ¿Cómo dirigirías tu vida si no necesitaras el dinero? ¿Cómo dirigirías tu vida si no hubiera un mañana que construir? ¿A dónde te dirigirías si supieras que en ese destino se te espera con los brazos abiertos?

¿Qué le pides a la vida?

¿Qué necesitas?

¿Qué te hace sentir viva?

¿Qué haría que te levantaras por la mañana con una bella sonrisa?

¿Qué lleva tiempo pidiéndote tu corazón?

¿Y tu cuerpo? ¿Eres dueña de tu bello, sofisticado e increíble cuerpo? ¿Qué podéis hacer juntos? ¿Dónde le llevarías? ¿Qué necesita?

Publico aquí el vídeo que ha suscitado todas estas preguntas y confío en estar ya manos a la obra para vivir de lleno cada una de las respuestas.

“Ve con confianza hacia la dirección de tus sueños. Vive la vida que has imaginado.” Thoreau

Libertad

A veces soñamos con partir a lugares lejanos en búsqueda de libertad, de felicidad y de nuevos horizontes en los que expresar nuestro verdadero yo. Si ahondamos en el tema y reflexionamos, ¿qué importancia tiene el lugar cuando lo que estoy buscando es expresar y dejar volar a mi verdadero ser? Me da la sensación que estamos buscando en un lugar físico y externo algo que solo podemos encontrar dentro de nosotros mismos. Por tanto, si lo que soñamos es con un yo libre, un yo pleno, un yo que disfruta del día a día, un yo relajado; creo que el primer reto es cultivar a ese yo en el lugar en el que estamos ahora mismo. Al fin y al cabo, tú sigues siendo tú y yo sigo siendo yo independientemente del sitio en el que nos encontremos.

Hoy me he dado cuenta que la clave está en empezar invirtiendo en el “quien” y no el “donde” para que, una vez esté fortalecida nuestra identidad y personalidad, entonces podamos ir con ella a cualquier lugar del mundo. No se trata de conseguir ya y en este concreto lugar el 100% de ese “yo” que quiero experimentar pero sí de ir saboreándolo, ir atisbándolo, ir construyéndolo y nutriéndolo cada día. Se trata de acercarnos cada vez más a esa persona que queremos ser, de ir liberándonos y soltando ataduras poco a poco, de darnos cuenta que el camino ya está bajo nuestros pies y no comienza unos metros más al Norte, Sur, Este u Oeste.

Eso sí, una vez hayas practicado, hecho los deberes y sientas que los cimientos de tu verdadero ser están siendo afianzados… ¡Corre hacia ese lugar! ¡Vuela alto, bajo, a derecha y a izquierda, entre los árboles y a ras del suelo! ¡Empápate de la riqueza que hay ahí fuera! Y, especialmente, honra a cada rincón del planeta y a cada persona que encuentres con el regalo de ser quien realmente eres.

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Comparto contigo un ejercicio que puede serte útil:

Relaja tu cuerpo, respira hondo y visualízate en ese lugar en el que quieres estar, imagina tu vida allí y cómo serías y te comportarías. ¿Cómo eres? ¿Qué sacas de ti? ¿Qué expresión tiene tu cuerpo? ¿Y tu cara? Ahora, piensa, ¿en qué momento de tu vida ya pasada te sentías de forma similar? ¿Cúando recuerdas haberte encontrado interiormente de una manera parecida? ¿Qué caracterizaba a tu actitud y a tu personalidad en aquel momento? ¿Qué valorabas? ¿Cómo veías y vivías la vida? Haz un pequeño listado de aquellas cosas que ya han habido (¡y hay!) dentro de ti y que te gustaría potenciar. Ahora, visualizando ese yo que quieres ser y teniendo en cuenta estas cositas que te gustaría empezar a nutrir de nuevo en tu interior, piensa como podrías volver a incorporarlas de alguna forma a tu día a día. Para comenzar, comprométete solo con dos, dos pequeños gestos que podrías hacer desde ya para empezar a mostrar ese “tú” que quieres sacar a brillar. Prueba a ponerlos en práctica. Cuando veas el resultado tan poderoso que tiene aplicar tan sólo dos pequeños gestos con los que te hayas comprometido, verás como comienzas a realizar otros pequeños cambios positivos de forma totalmente natural : )

El río de la vida

“…Recorriendo el río desde su alborotado, apasionado y chispeante inicio de vida, pasando primero por zonas de una afluencia de agua rápida, llegué a una zona donde el río estaba algo estancado, ahí aparentemente parado. Quizás el río no se daba cuenta que poco a poco su nivel de agua iba subiendo hasta que “¡pum!” algo sucedió que fue el detonante final para que sus aguas volvieran a coger ritmo y estuvieran llenas de vida. El río renacido, lleno de nuevas perspectivas y con todas las energías de un nuevo ciclo volvió a entrar en una zona de estancamiento y algo de oscuridad… Las aguas no subían de nivel por sí solas y nada parecía que fuera a hacer aquel río despertar. De repente, en el momento menos esperado, llegó una gran lluvia que arrasó con todo, con todas aquellas áreas en las que el agua estaba estancada; con todas aquellas partes de la personalidad del río que no le dejaban avanzar. Así y justo en aquel punto YA SE PODÍA VER EL MAR, a lo lejos. Sin embargo, para poder llegar al mar, el río primero tenía que pasar por una gran catarata, una caida grande de casi 800m en vertical donde debía TIRARSE AL ABISMO. En aquel instante entendí que es como si hubiera un momento en el que la vida nos dice:

¡TÍRATE! ¡ARRIESGA! ¡SALTA AL VACÍO! ¡No puedes tener seguridad siempre! ¡No puedes pedirle a la mente que colonice el salto que el corazón tiene que dar! No puedes tener seguridad siempre en la razón, en lo conocido. ¡Tienes que arriesgarte a saltar!

 El río saltó y, efectivamente, allí abajo…”

La Vocación

Muchos de nosotros nos preguntamos cuál es nuestra vocación en la vida, qué es aquello que realmente queremos hacer, qué actividad es la que nos va a hacer sentir congruentes con quienes somos y, sobre todo, qué es aquello que nos va a hacer felices cada día. Queremos saber exactamente qué actividad concreta desarrollar que llene nuestra vida de significado.

Me gustaría compartir con vosotros las siguientes palabras que me dijo una persona muy especial para mí. Simplemente, me dijo: “Sandra, ¿sabes qué significa la palabra vocación? La palabra vocación viene del latín vocatio que significa “llamado”. Es decir, la vocación se da cuando alguien está llamado a hacer algo y ese llamamiento viene del más profundo de nuestro interior o lo que algunos llamaríamos Dios”. Dejando de lado nuestras creencias y prejuicios, si permitimos que estas palabras pasen los filtros de nuestra mente y germinen dentro de nosotros, ¿qué tipo de aprendizaje podemos sacar? Yo saqué uno muy grande y es que la vocación de uno mismo no se encuentra ahí fuera sino que está mucho más al alcance, está en nuestro interior.

Si es nuestro interior el que nos va a indicar qué camino tomar para llevar una vida plena, lo primero que tenemos que hacer es dedicarle tiempo a él. Mima tu interior, obsérvalo, escúchalo y, sobre todo, libéralo. Porque cuando uno comienza a quererse, aceptarse y mostrarse al mundo tal cual es, libre de etiquetas y encasillamientos, la mente se limpia y deja paso a que sea el corazón el que hable y  muestre el camino a seguir.

Me encantaría compartir contigo mi más humilde visión en este tema y es que, si quieres saber qué hacer en la vida, no te vuelvas loco  probando masters que te abran los ojos, no vayas de un lugar para otro buscando tu vocación e incluso, no indagues y des vueltas a la mente. Solo practica el “dejarte sentir” cada vez que puedas, empieza a escuchar a tu corazón más a menudo, comienza a expresarte tal cual eres y verás como, poco a poco, llega esa claridad que te hace ver qué te apasiona y qué alimenta realmente tu alma.

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Que todos encontremos el camino que nos haga ser la mejor versión de nosotros mismos y en ese momento…

… que hagas a mucha gente feliz con tu nueva tienda de “madalenas saludables”, que ayudes a muchas personas con tus terapias y masajes californianos, que me invites a ver esa nueva empresa que has montado llena de motivación e ilusión y, sobre todo, que regales muchas sonrisas mientras te dedicas a aquello que hace crecer tu sonrisa más interna.