LO BELLO DE LA VIDA

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El día en que nos descubrimos la Herida debe ser como ese primer día en que un bebé se descubre los dedos de los pies. “Oh, mira, ¡qué profunda!” “Oh, vaya, ¡qué novedad!”

Metemos el dedo y la palpamos, la miramos desde diferentes ángulos y hasta usamos un espejo para descubrir áreas a las que no alcanzan nuestros ojos.

La Herida de la que hablo es la Herida que todos tenemos. La que viene de nacimiento cuando somos traidos al mundo. La que forma parte de una identidad; la que justifica, modifica y caracteriza algunos de nuestros aspectos personales.

“Yo sufro en silencio.”

“¿No me digas?” – pensé – “¿y quién no?”

Dime, ¿quién no sufre en silencio? Todos lo hacemos. Todos tenemos nuestras agonías existenciales, problemas que causan quebraderos en la cabeza, sensaciones de desencanto, desesperanza, miedos, dudas en el ámbito más trascendental. Miedo a sufrir, a vivir… miedo a la vida más que a la muerte.

Que sí, que sí, que sé que sufres. Sé que sufres porque yo sufrí también y porque también lo hago a veces. Porque soy humana y estoy herida por esa Herida primera, como lo estamos todos.

Por eso, por favor, no me hables de tu sufrimiento como si de algo especial me estuvieras hablando. No hagas de tu dolor algo importante, encantador o diferenciador de tu personalidad. Te vuelvo a decir que ese sentir, todos lo tenemos.

Te descubriste la Herida como un bebé que se descubre por primera vez los dedos de los pies. Y te quedaste mirándola, observándola, probándola y analizándola. Es profunda y tan extraña que hasta hay gente que decide no mirar hacia otro lugar ni hacia otras personas en toda su vida. Se quedan bizcos autocontemplando su propio dolor por placer y creen poseer algo que otros no poseen.

Mi Herida es tu Herida.

¿Podemos, ahora, hablar de otras cosas y celebrar lo bello de la vida?

 

Llenar la vida

Me preguntas qué tal estoy y no puedo responderte. He cerrado los ojos y estoy en la oscuridad más extensa y sublime jamás hallada. Bebiendo de la fuente, de lo incierto, de manadas de dudas que arrasan pensamientos aleatorios que viajan sobre mí.

No puedo responderte, ni siquiera sé si hablas. Estoy perdida entre la inmensidad de la vida, escondida entre ideas y memorias, entre susurros que me otorgan palabras y me encuentran callada.

No sé, no veo. Solo habito un cuerpo mío que la vida llena; que rebosa emoción que alegría llaman. Y me fundo, diluida en latidos que, en amor, reclaman la divina presencia que de tu mirada emana.

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ESCUCHA

Algo que creo que ocurre en esta sociedad es que estamos enfermos de tanto hablar y tan poco sentir. No conseguimos estar cómodos cuando estamos en silencio junto a alguien e irrumpimos con alguna palabra cuando nuestra mirada coincide por más de tres segundos con la de otra persona. Hemos perdido la verdadera conexión entre nosotros: las miradas sinceras, el contacto físico… y hemos perdido la conexión con lo que ocurre en nuestro interior. Nos da miedo abrir los ojos y encontrarnos a quien, verdaderamente, tenemos enfrente así como también, nos da miedo cerrar los ojos y ver quienes somos nosotros en realidad.

Por este motivo, comparto estos vídeos. Con la intención de provocar un espacio de tranquilidad y vacío en cada persona que se entregue de lleno a verlos. Cada vez que cerramos los ojos, hacemos que éstos se limpien por dentro y vean mucho mejor. Cada vez que honramos el vacío que hay en nuestro interior por medio del silencio, creamos tierra fértil que hace que, a través de nosotros, surjan acciones llenas de sentido y significado.

Si no honramos al silencio y al vacío que somos, si no somos capaces de conectarnos con la verdad que vive en nuestro interior, las acciones que llevemos a cabo estarán faltas de raíz y sentido; nos convertiremos todos en verdaderos autómatas.

Mira dentro.

Nubes que van y vienen – Cómic

¿Os ha dado alguna vez la sensación de que una nube negra rondaba sobre vuestra cabeza? ¡A mí me ha ocurrido muchas veces! Y esto es lo que hago para hacer cambiar a mi clima mental.

Os lo represento con este cómic:

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CAMBIAR EL MUNDO

Hoy el mundo parece agitarse tanto interna como externamente. Los atentados en París, la situación de Siria y otras tensiones entre personas de nuestra misma raza, parecen estar conmocionando a la población entera. Y ante esta situación, ¿qué puede hacer cada uno de nosotros?

Una de las vías es la de salir a PROTESTAR. Muchas veces, las sociedades han conseguido girar y adaptarse a las necesidades del ciudadano gracias a los inconformistas que han alzado la voz. Sí, podemos quejarnos, apenarnos, clamar el derecho a la paz y comenzar a idear planes de actuación para poder erradicar las barbaries que lleva a cabo la raza humana.

Estas acciones “hacia fuera” que pretenden cambiar el mundo están bien y son necesarias, pero, antes de acometerlas necesitamos hacernos siempre la misma pregunta: ¿de dónde nacen estas acciones? ¿Qué buscan? ¿Cuál es su propósito?

Nuestras palabras y acciones son muy valiosas y no debemos desperdiciar nuestra energía haciendo aquello que no sea genuino y personal. Cada uno de nosotros, deberíamos tomarnos estos tristes acontecimientos y estas ganas de cambiar la situación en general, para encontrarnos con nosotros mismos y hacernos una serie de preguntas: ¿qué necesito? ¿Qué siento? ¿Me encuentro feliz? ¿Mi vida está enraizada en mi propio contentamiento o intento complacer a otros? ¿Qué hay en mi interior?

Cambiemos, de verdad, este mundo. Tomémonos hoy un rato de silencio para estar con nosotros mismos, para sentir, para recibir la vida que nosotros sí tenemos, para sentir la fuerza y nuestro poder de acción… SINTAMOS con cada poro de nuestra piel y, entonces, sí; conectados a nuestro interior: vayamos hacia el exterior y hagamos aquello que nace de nosotros.

Puede que eso que nazca de ti no tenga nada que ver con París o Siria. Puede que decidas llamar a alguien que hace mucho que querías escuchar su voz, puede que decidas darte un baño con jabón y espuma pues echabas de menos un rato de calidad contigo misma, puede que decidas ir a sentarte junto al mar a reflexionar, puede que cojas un vuelo y te vayas a Lesbos a ayudar allí en acción o puede que decidas quedarte en casa rodeado de los tuyos pues eso es lo que más contenta a tu corazón.

¿Quieres cambiar el mundo? Cambia primero el tuyo. ¡Mira dentro! ¡Busca! ¡Verás cuánto encuentras! Con que todos hoy nos tomemos un rato para meditar, para observar, para apreciar la belleza de algo que tengamos cerca… con que todos hoy dejemos GUIAR nuestra acción por aquello que sentimos dentro… entonces, habrá cambiado algo. Hagamos lo que hagamos hoy, que esté conectado con un sentimiento puro, personal y verdadero.

Tengamos una cita con nosotros mismos y, entonces, actuemos.

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EMOCIONARTE – El Manual

Cuando éramos niños, moldeamos nuestro comportamiento de manera inconsciente y lo pusimos al servicio de las expectativas sociales en función de los gustos y las apetencias de los adultos que nos rodeaban con el objetivo de ganar su apoyo, su cariño y su protección. En muchas ocasiones, estos gustos y apetencias del mundo adulto venían condicionados por juicios y una alta represión a lo que ellos consideraban como inadecuado e inadmisible. Eso hizo que quedáramos desconectados de muchas partes de nuestro ser y las ocultáramos al mundo exterior. Al creer que teníamos que negar parte de lo que éramos para poder encajar, nos hemos desarrollado con miedos y alejados del conocimiento de nuestro ser completo y real. Así, hemos estado semi-viviendo, en lugar de estar llevando una vida en plenitud donde nos amamos, aceptamos y nos mostramos tal cual somos.

Por todo ello, creo necesario que el ser humano se reencuentre con todo aquello que ocultó una vez y quedó en la sombra. Porque una vez nos conocemos al completo y comenzamos a amar todo aquello que somos y a entregárselo al mundo, empezamos a ver la magia en la que se da la vida.

He redactado, con todo mi cariño, un manual sobre cómo dar luz a todos los aspectos que quisimos dejar en el olvido. Todas las técnicas que propongo están basadas en el uso del arte: la escritura, la pintura, el baile y el canto. Comprobarás que son muy sencillas y que tienen como principal objetivo que establezcas mayores espacios de intimidad contigo mismo y disfrutes de tu propio proceso de autoconocimiento.

Este manual que te ofrezco es una guía para transformar tus emociones en ARTE. Somos seres creativos y creadores, así que ponte en funcionamiento y comienza a explorar ese terreno puro, virgen y poco transitado que tanto tiene para ofrecerte.

Descarga el manual (pdf) haciendo click aquí o en la imagen inferior:

EMOCIONARTE_ EL MANUAL

EMOCIONARTE_El Manual

ESPACIO PARA EL DOLOR

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No sé cómo llevas tú eso de que las cosas duelan, tampoco sé si eres de los que las siente, las ignora o las consigue sortear de alguna manera. Yo soy de las que un pequeño golpe, me noquea, me deja K.O. Sí, también soy de las que goza con las pequeñas y diminutas experiencias.

Pero yendo por los derroteros que vamos, es decir, caminando el sendero del lado oscuro del dolor; he de confesar que he “pecado” de quedarme allí mucho más tiempo del necesario.

Hay personas que tienen tanto sufrimiento acumulado desde la infancia que han quedado insensibilizadas. Es tal la profundidad de la herida que llevan que ya no consiguen sentir las pequeñas frustraciones que se les presentan en la vida. En cuanto ven venir algo que les pueda mostrar su portentoso sufrimiento, salen despavoridos en otra dirección. No quieren ver de frente sus agonías, sus necesidades; utilizan un mecanismo de defensa para proteger esa aparente estabilidad de que nada les afecta internamente. Huyen.

Hay otras personas que esto del dolor se lo toman de otra manera. Se lo beben a tragos largos y hasta lo disfrutan. Se regodean con lo doloroso, les fascina la nostalgia, hacen arte con las lágrimas guardadas y usan todos los momentos de “bajón” para aprender algo de ellos. No está mal, siempre que no se convierta en una adicción.

Y bueno, los hay también que saben mirar los asuntos del dolor con distancia. Sienten un poquito, lo saborean con la puntita de su lengua y deciden continuar caminando por las sendas de lo fácil y lo sencillo. Utilizan mucho la cabeza y le dejan cierta voz al corazón- unos más y otros menos. Se cae en la posibilidad de ignorar la profundidad de una herida y poder sanarla del todo; aunque también se abre la opción de que la vida te vaya curando poco a poco, sin necesidad de que tengas que meterte de lleno en cada duelo.

Diré que esta última manera descrita de llevar el dolor es la que, últimamente, más me está llamando la atención. Yo siempre he sido de zambullirme en pozos oscuros, he extraído mucho alquitrán y me he pringado de pies a cabeza. Creo que me lo he pasado bien; pero puede que me haya perdido rayos del sol que sí brillaban a no muchos metros arriba de mi cabeza.

Y, por eso, por mi tendencia a acampar en los estados de ánimo melancólicos y paralizantes, comencé a tomar a otras personas como ejemplo: aquellas que sienten pero también PIENSAN.

Y es que en el mundo del CORAZÓN (y no hablo de prensa rosa) se ha establecido una guerra campal contra la cabeza. Aquellos que nos dimos cuenta de que vivíamos regidos por leyes mentales arcaicas y, muchas veces, impuestas desde el exterior; decidimos cambiar de capitán de barco y comenzar a escuchar a nuestras emociones. Eso sí, en la radicalidad que caracteriza a aquellos que quieren romper con todo, decidimos que la voz de nuestra cabeza era algo malvado que había que ignorar. A partir de ahora, nos dijimos, “¡CORAZÓN Y PUNTO!”

Y, claro, así me fue. Podría pintar un cuadro de 1000 metros cuadrados con todo tipo de emociones que descubrí y que todavía no han sido registradas en el diccionario. Y… que sí, que sí… que me lo pasé muy bien… pero acabó resultándome cansado.

La cabeza encontró su lugar en mi cuerpo y ya entendí que de ella también puede salir una voz dulce y pacificadora de fieras. El mundo de la razón no es tan temible como pensaba y resulta que vienen de él mensajes que encuentro amigables y de gran utilidad. E incluso los pensamientos hostiles comienzan a tener un hueco en el espacio de este corazón que se va abriendo a escucharlos.

Solo se trata de…

Sentarse a SENTIR si eres un cerebrito racional que no siente nada.

ó

Sentarse a PENSAR de manera práctica si eres una fiera salvaje e indomable que sigue los dictados de su corazón a cada instante.

Haciendo que haya un equilibrio entre cuerpo, corazón y mente; y tocando fondo pero sabiéndonos impulsar con el uso de nuestros pies que para eso están.

Que en la vida hay muchos amaneceres, todos únicos y especiales, y tenemos que verlos TODOS. Eso de andar escondidos bajo las sábanas de nuestra cama, ya no se lleva nada.

DUëLE

Hay veces que cuesta reconocer que algo te duele, te pica, te escuece, te molesta. Haces como si nada, te soplas un poquito la herida disimuladamente e intentas mirar hacia otros lugares que parezcan ser más interesantes y tengan un contenido algo más seductor, llamativo o tranquilizador.

Pero no funciona.

Respiras y continúas fingiendo que no ocurre nada. Sacas tu mejor voz, te retiras el pelo de la cara con un gesto suave y de dulzura, estiras un poco las piernas, pones la espalda algo más recta; y sonríes.

Pero no funciona.

Entonces enciendes la televisión, el móvil o cualquier otro aparato electrónico que tenga algo de LUZ, vida y movimiento. Y te dejas llevar. Te dejas llevar por las imágenes, por las letras que han sido conformadas desde un teclado, por escritos insulsos y noticias que carecen de sentido y significado en tu propia vida.

Y ya parece que funciona.

Aquella herida que se grabó en la retina de tus ojos comienza a ser algo etéreo y desterrado. El dolor, picor, escozor y la molestia que sentías parecen no percibirse demasiado.

Y así estamos: medio dormidos, medio drogados. Evitando sentir algo. Dejando pasar el tiempo, queriendo sortear el hecho de sabernos esclavos de las heridas del pasado.

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Ilustración personal

SIN “S” DE SABIDURÍA

Captura de pantalla 2015-08-04 a la(s) 15.16.22Me estás presionando. Pones tu pie sobre mi cabeza y aprietas fuerte para que note los huesos del cráneo crujirse contra el suelo. A penas te veo desde el rabillo de mis ojos y noto como la saliva supura por mi desencajada boca. Como polvo mientras tú te elevas entre los altos cielos, caigo en lo hondo a la vez que te proclamas rey de aquello que no puede ser comprado, intercambiado ni vendido. Le pones precio a mi alma y etiquetas la bella gracia de mis movimientos. Me encadenas a la fama de quererme sentir valorada, me llamas y me entrelazas entre juegos y tramas.

Te ríes mientras me pierdo confundida entre las pistas que me dejas; creyéndome yo en la certeza de estar encajando piezas. Yo reina en esta fortaleza hecha de humo, paja y quimeras; yo princesa de los mundos que navego cuando tú te alejas; yo plebeya en el patio de esta plaza vieja; esclava de tus gustos y pesadas moralejas.

Sonreiría si supiera que esa vara de acero dejará de hacerme huellas. Abriría mis ojos si no fueras a ser tú a quien viera. Confiaría en mis cerrojos si, poco a poco, sintiera que tus tentáculos van en busca de otros lagos, de otros pozos, de otros charcos fanganosos.

Permíteme sentirme viva. Y tú, sumérgete en tu propia herida. Ahógate en tu podrida filosofía de quererte creer con vida. Suéltate como carne inerte lo haría. Déjate caer en tu oscura filantropía que ya no soy esa niña camelada, cegada y confundida a la que pretendes, todavía, hacer trizas con tu xxxxxxx* sabiduría.

* monstruosa, pestilente, mugrienta, aborrecible, repugnante, detestable.

(IN)DEPENDIENTES

Captura de pantalla 2015-07-26 a la(s) 03.53.53Hay dos reacciones diferentes ante el miedo a la soledad; ya sea esta soledad causada por rechazo o por abandono. La primera reacción ante este miedo es evitar por todos los medios estar solo. Buscamos estar siempre rodeados de gente y nos aseguramos en nuestra vida que nunca se dé el fatídico caso de sentirnos aislados, solos o marginados.

Hay otro tipo de comportamiento. Están las personas que ante este miedo deciden aislarse. Se aíslan como reacción a su miedo a la soledad. En este caso, por lo menos, se sienten poderosas y creen controlar algo la situación. “Tengo tanto miedo a quedarme solo que, mejor, optaré por vivir solo. Prefiero no acercarme ni relacionarme de manera abierta con otros no sea que ellos se marchen y tenga que lidiar con mi herida relacionada con el abandono”.

Evitando ser dañados, estas personas se separan del resto pudiendo dar una imagen de independientes, individualistas y resolutivos. En la creme de la creme de este grupo encontrarás los que, además, se enorgullecen de ello: “Yo soy muy independiente, yo no necesito a nadie”. Luego están los demás que mantienen la boca cerrada porque saben qué miedo se está escondiendo en su interior.
Y es que los que van de independientes (liga en la que estuve jugando un largo tiempo), creen en numerosas ocasiones que aquellos que necesitan del amor y la compañía de otros son, literalmente, unos perdedores. “Nosotros sí sabemos, sí nos valemos por nosotros mismos, no necesitamos A NADIE…”. Mmmm…
Ahora pienso que la persona que es verdaderamente INDEPENDIENTE es aquella que sabe depender de los demás a la vez que depende de sí misma y que encuentra su propia autonomía ante la presencia de otras personas (no aquella que evita la relación con otros a toda costa).
Enhorabuena a toda esa gente verdaderamente independiente que reconoce la necesidad natural que tenemos con respecto al amor, compañía y cercanía de los demás. Enhorabuena a todos los que saben relacionarse desde la entrega y la vulnerabilidad de saberse necesitados y, a la vez, capaces de todo.