INCONSCIENCIA

Una vez escuché a alguien decirme: “Tienes miedo a la inconsciencia de los demás”. Y sí, creo que aquella persona tenía razón porque veo, claramente, que me agobia el hecho de que haya gente que no pueda contemplar más allá que unas cuantas y conocidas posibilidades. No me refiero al humano común- que considero bastante abierto de mente- sino al humano que parece tener un muro de cemento en lugar de párpados que se abren y se cierran.

“Yo soy tolerante pero no lo soy con los intolerantes”, pensaba cuando iba al colegio. Y lo que me ocurría es que sentía mucha compasión por cualquier aspecto del mundo en general pero cuando me topaba con alguien que solo y exclusivamente tenía UNA opinión y, normalmente, esta opinión era cerrada y excluyente de la gran infinidad de posibles opiniones, sentía cierta frustración en mi interior.

“¿Por qué no puede ver más allá?”, pensaba.

La buena noticia es que esta no suele ser la norma. Cuando miras a alguien fijamente a los ojos, confías en el momento presente y abres tu corazón, la vida se da por sí sola y siempre hay un determinado reflejo en la otra persona. Lo normal es conectar y fluir entre personas, cuando hay verdad y sinceridad de por medio. Lo normal y lo habitual, por lo menos en mi vida, es encontrarme con conversaciones fluidas y gente dispuesta a abrir sus brazos para abrazar un “algo más” que es desconocido y misterioso.

¿Pero qué pasa cuando uno se encuentra con ese muro de cemento al que me refería antes? ¿Qué pasa cuando uno se topa con alguien que anda a ciegas dando palos e hiriendo sin saber que lo está haciendo?

Yendo al grano y para desahogarme con claridad, diré que todo esto viene a raíz de haber creado la página de facebook. Llevaba tiempo dándole vueltas al tema y, sin más, acabé creándola y poniéndola en funcionamiento la semana pasada.

Ayer pensé “voy a invertir veinte euros en la publicidad de facebook para darla a conocer y luego dejarla que se viralice de manera natural”. Bueno, ¡yo no sabía que veinte euros darían para tanto! Y sí, se ve que, para mí, de repente, tener a 160 personas que no conozco leyendo y opinando sobre lo que publico, se me ha hecho un poco estrepitoso de la noche a la mañana.

Y ha sido, simplemente, el leer un par de comentarios negativos venidos de la “inconsciencia” los que me han hecho sentir herida y me han hecho parar la “gran” campaña de publicidad que había decidido comenzar.

“No estoy preparada”, he pensado. “No estoy preparada para poner ahí fuera en el mundo todos mis bebecitos- mis dibujos y mis textos- que hago con tanto amor para que otros con unas simples palabras gratuitas, rápidas e inconscientes; me los destruyan”.

Y sí, asumo mi posible inmadurez o la facilidad que tengo para sentirme herida; pero he de decir que no son los comentarios negativos los que me afectan sino el hecho de que mi mente me dice: “¿Por qué la gente opina sin pararse un segundo a sentir primero? ¿Por qué la gente no ve el cariño con el que estoy haciendo esto y decide hablar por hablar poniendo ahí fuera palabras desagradables? ¿Quién les ha pedido opinión?”. Si no es que no acepte opiniones contrarias, es que quiero que vengan de un lugar verdadero y que busquen construir y aportar. Lo que yo busco es aportar mi granito de arena en la consciencia universal y compartir lo que soy con los otros. No busco aumentar las banalidades…

No sé… yo por inconsciencia me refiero, simplemente, a la falta de visión y, por tanto, de consideración. No me gusta el hecho de que la gente no sepa que tiene una Vida, que tiene una Mente, que tiene un Corazón… No me gusta que la gente no valore y no aprecie la comida frente a su plato o que el sol salga cada mañana. No me gusta que hayan robots en vez de personas. Consciencia, consciencia, consciencia… si yo lo único que quiero es DESPERTAR y que todos despertemos de este sueño que, muchas veces, se hace un absurdo.

Y sí, lo que quiero es DESPERTAR al completo para poder respetar el proceso de todos los que no son yo, así como respeto el mío propio.

Respetaos a todos vosotros, respetarme a mí… eso es lo que quiero.

Y ahora entiendo los miedos que han estado influyendo a mi vida anteriormente. Ese miedo a salir, ese miedo a mostrarme, ese miedo a relacionarme con los demás desde mi Verdad… Creo que tengo la creencia de que el mundo es despiadado y no es un lugar seguro en el que poder mostrar tu esencia y tu lado más vulnerable. No confío en los demás. Tendré que empezar a valorar ese precio que hay que pagar por formar parte de este gran grupo que es la humanidad.

Te tengo

No hay mayor descarga de emociones que cuando le dices a esa persona que tanto adoras que la quieres. Muy especialmente, si esa persona es alguien con quien te has distanciado por un tiempo debido a malentendidos o malestar general. No hay mayor regalo que ese momento en el que te das cuenta que a esa persona que evitabas, que ese ser humano que parecía ser causante de todo tu sufrimiento, es precisamente la fuente de esos bellos sentimientos que buscabas dentro de ti.

Creo que hay muchas ocasiones en las que acumulamos muchos sentimientos no expresados hacia otras personas. Precisamente, sentimientos de amor o de necesidad natural que tenemos con respecto al calor de los otros. Muchas veces no sabemos comunicar a la persona que tenemos al lado qué es exactamente lo que necesitamos o simplemente nos da miedo la reacción que ésta pueda tener por lo que decidimos acallar nuestros sentimientos verdaderos y guardarlos en nuestro interior. Así, las confusiones con los demás crecen y el muro que nunca quisiste que se creara entre tú y esa persona acaba por elevarse entre vosotros dos.

El tiempo pasa y cada uno dirige su mirada hacia otro lugar, el muro dejó de ser un sitio interesante en el que poner nuestra atención.

Por eso digo, que no hay mayor liberación, que el día en el que decides abrir un hueco en ese muro y susurrarle algo a esa otra persona. “Te quiero”, le dices suavemente. “Esa es la verdad. Nada de las otras cosas que pude haber dicho o hecho son ciertas si es que se alejan de lo que ahora mismo te estoy mostrando”. “Lo siento. Perdóname. Eres una persona esencial en mi vida. Y ha sido precisamente por eso que he tenido miedo. Por eso te digo que lo siento. Porque no he sabido mostrarte cuánto te quiero y me han faltado toneladas de valentía”. “Ahora lo entiendo, solo te tengo cuando verdaderamente me muestro y me entrego. Solo te tengo a ti cuando soy sincera con mis verdaderos sentimientos. Porque entonces te tendré a ti de verdad, a mi lado o lejos haciendo tu propia vida, pero te tendré conmigo, en mi regazo, nutriéndote de todo ese amor que de mí hacia ti sigue brotando y sin querer pedirte nada a cambio. Te quiero y, ahora sí, te tengo.”

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