EN VOLANDAS

Tengo un corazón que late y que siente, que ama y se desgarra, que se parte en tres, en dos, que se despedaza. Tengo una boca que expresa y unas manos que agarran, que tocan, que sueltan, que palpan. Tengo uñas que arañan y cabellos que te atrapan junto a mi cuerpo desnudo en la cama.

Tengo carencias y huecos, lugares vacíos del alma; rincones calientes y gélidos, susurros que a gritos te llaman.

Tengo energía e inercia, dos piernas que en círculo te abrazan, tengo palabras que describen paisajes que en ti despliegan las alas.

Soy Afrodita en tu trono, rendida me postro en la almohada. Si te acercas a mí, no te como; te lamo, te nutro; tu amada.

En danzas de fuego me elevas, subida a tu vida en volandas; me mueves, me traes y me llevas, ¡qué gusto! ¡Qué amparo! ¡Qué hazaña!

Tus brazos, dos grandes amantes, que gozan de sí tras mi espalda. Por Dios, que no los separes; soy tuya, tan mía; entregada.

Tendida me tienes en calma, segrego fluidos que claman que el Cielo está en el encuentro de dos amantes que aman.

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Ilustración de Eromatica

SUCUMBIR

Podría decirte que el infierno no existe. Podría engañarte. Hacerte creer que las flores crecen en lugares desérticos y que incluso la lluvia riega los lugares más inhóspitos. Podría engañarte con el brillo de una mirada, seducirte con un perfume cautivador. Podría embriagarte a altas horas de la madrugada. Podría hacerte arder en un suave y delicioso calor. Podría entregarme abierta a la inmensidad de tus brazos. Beberte borracha. Deshacerme de juicios y de pudor.

Podría gritarte hasta caer barrida hacia atrás por la intensidad del sonido. Borrar todas las letras que escribo. Descomponer esta puta realidad.

Podría volar dejando un rastro dormido. Desaparecer como aquella diminuta luz que sucumbió en su propia oscuridad.

Podría acariciarte cuando camines perdido. Ser esa loca que gira sin sentido. Volver los ojos hacia dentro cuando te muestres despierto. Fraccionar este dolor que se siente tan intenso. Y verterlo en el suelo.

Que los perros laman aquello que debería vivir en el olvido. Déjate de rollos, amigo. No confundas corazón con castigo.

Bailemos al compás de un suave y dulce vals. Busquemos aquellos trozos de carne que tienen el color de la sangre. Despiértame con la brisa que se mueve a tu paso. Cántame con el alma, dánzame con la calma.

Ven a la fiesta de esta cama en llamas.

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Fotografía de Anne-Laure Etienne

NACIMIENTOS

Si una emoción me visita y no consigo entender qué me quiere decir, me pongo en movimiento (e-MOCIÓN). Bien pinto, bailo, escribo, canto o medito; hago algo en lo que mi mente no tenga el mando y, así, pueda yo dejarme llevar por dicha emoción. Para parirla y conocerla, me entrego en presencia a ella, la acuno, le doy espacio y dejo que salga sin juzgarla. Hoy, opté por agarrar un folio y un bolígrafo y dejar que la emoción misma moviera mi mano para expresarse. Esto fue lo que salió:

parir pasion

Mirando el dibujo, he pensado en una palabra que me evocara dicha imagen y de mí ha salido la palabra: PASIÓN.

“¿Pasión?”- me he preguntado extrañada. “¿Qué tendrá que ver la pasión con el acto de parir?” Ante la duda del por qué había establecido tal conexión, he echado mano del diccionario etimológico:

“la palabra pasión viene del latín passio que, a su vez, viene del verbo pati, patior (padecer, sufrir, tolerar), indicando a la pasión como lo contrario de la acción, es decir, un estado pasivo del sujeto.”

Bien, resulta que, al contrario de lo que solemos interpretar como pasión, el origen y significado de esta palabra son relativos al sufrimiento y la pasividad, es decir, a padecer y a la no-acción. Y, entonces, he podido entender por qué mi dibujo me llevaba a la idea de la PASIÓN y es que…

A la hora de parir (a la hora de parir un hijo, una idea, una obra de arte, un nuevo trabajo, una nueva vida para nosotros mismos…) es necesario cierto nivel de PASIVIDAD. Sí, al contrario de lo que se nos dice- que tenemos que hacer mucho esfuerzo y muchas acciones para dar a luz a nuevas cosas-, lo que se requiere por nuestra parte es, sobre todo, altas dosis de confianza, presencia, paciencia y de “no hacer”.

El hijo, a los nueve meses, va a nacer sí o sí. La madre actúa pero, sobre todo, SE ENTREGA. La madre suelta el control y deja que sea la naturaleza la que saque a su hijo a través de ella. La madre se encuentra en un estado de presencia incondicional, la madre confía y recibe a la criatura. A la hora de parir algo nuevo (un hijo, una nueva vida para nosotros, un cambio…), actuemos pero, sobre todo, presenciemos el proceso, confiemos en que lo mejor ya está aquí y saldrá sí o sí. Optemos más por el “no hacer” o, mejor dicho, por no querer sobrecontrolar o manipular desde la mente. Confiemos y actuemos solo desde la presencia y la escucha profunda.

Por otro lado, parir algo, dar lugar a lo NUEVO, llevar algo a la luz, requiere cierto sufrimiento. Sufrir significa etimológicamente “sostener, padecer, soportar, tolerar…”. Es decir, para dar luz a lo NUEVO, requerimos estar presentes, sostener el proceso, tolerar los altos y los bajos. El sufrimiento no tiene por qué ser doloroso si lo contemplamos, si lo sostenemos, si lo respiramos, si lo integramos como parte de aquello nuevo que se está creando.

Últimamente, el acto de parir me inspira mucho… Tan salvaje, tan natural, tan humano… Es en este acto donde entendemos la fuerza de la naturaleza, donde nos rendimos a ella, donde nos entregamos y, verdaderamente, confiamos…

parir pasion 2 Pintura de Amanda Greavette

Toda esta exploración, me llevó a ver en youtube algunos vídeos de partos naturales. Este es el primero que encontré: https://www.youtube.com/watch?v=kP3FNOKQKIQ  ¡Cuánta belleza he sentido hoy!

MARCHAR

Pienso en la muerte a menudo o, quizás, sea la muerte la que piensa a menudo a través de mí. Me parece inevitable que el hecho de sentir vida y luz solar durante el día, no te revoque el hecho de que la luna aparecerá en unas horas y todo aquello que permanece vivo, acabe introduciéndose en un aletargado sueño.

El otro día veía gente pasear por la ladera del río, también algunos cruzaban por encima de un puente e imaginé otras tantas personas que caminaban en ese justo momento sobre la faz de la Tierra. Todos moriremos en menos de unos 100 años. Nadie de los que estamos aquí, estará. Y, sin embargo, nos lo tomamos todo tan a pecho.

Supongo que necesitamos impulsos para vivir y es por eso por lo que nos afiliamos a un partido político, decidimos proclamar a toda voz nuestros gustos y opiniones, queremos creer en algo que esté palpitante y lleno de vida… Quizás necesitamos apoyar nuestro caduco cuerpo sobre ideas que creemos eternas o ideales que hacen que lo que es perecedero se olvide de su condición y entre en un estado etéreo en el que no hay ni un comienzo ni un fin.

Sin embargo, no deja de asombrarme la facilidad que tiene el ser humano para apegarse a un concepto. Por concepto me refiero a una opinión, un gusto, una idea, un hecho, un algo que de momento parece llenarle de vida y significado. Me pregunto hasta qué punto estamos hechos principalmente por todo eso: por ideas.

De cualquier manera, veo que no llego a alcanzar esa comprensión sobre el funcionamiento de nuestro corazón y aquellas cosas por las que se siente atraído.

Diría que hay algo Universal, y es eso que nos guía desde lo más profundo de la existencia de cada uno. No sabría cómo describirlo, pero si pudiera elegir, diría que es como una llama de fuego lo más enana que uno pudiera imaginar pero potente sin conocer medida. Diría que se encuentra en lo más profundo del corazón de cada uno y que es Una e igual para todos nosotros. Creo que es “eso” lo que llena a la vida de lo que ésta es, al contrario de ideas mentales o burdas pasiones a las que a veces nos apegamos.

Esa llama es la que verdaderamente nos empuja, desde el corazón, a hacer las cosas que hacemos. Y es a través de nuestros ojos físicos, si la mente no se encuentra muy contaminada, que podemos retroalimentar a la llama que habita en nuestro interior proporcionándole información sobre las agitadas, explosivas, inertes o vitales experiencias que se tienen cada día.

Sí, puede que sea eso lo que verdaderamente me motiva a calmar mi mente y recibir la vida por como es. Debe ser eso, el querer devolverle al Universo el regalo que me ha dado a través de proporcionarle una visión clara y sin juicio de todas las cosas que en esta increíble vida suceden todos los días.

Esto no quita que, a la vez de sentirme conectada con la existencia en el más puro sentido trascendental, no intente por todos los medios negar esta tendencia que tiene mi alma de fijarse en lo más profundo.

No yendóme muy lejos, tan solo al día de ayer, comentaré la felicidad casi cómica que me produjo el hecho de arreglarme e ir a una boda. Y digo cómica, no porque no hubiera felicidad real de encontrarme rodeada por personas maravillosas que me acompañan con amor en el camino sino por el siguiente motivo por el que mi alma dio aplausos por unos momentos:

“¡Por fín!”- pensé- “soy una persona normal”.

Fue el simple hecho de comprarme un vestido, maquillarme, depilarme, juntarme con mis amigos, beberme una copa de vino y bailar lo que llevó a mi persona a relajarse por un momento en la idea de que todo estaba bien y Sandra- yo- había vuelto al lugar que le correspondía- esta civilización, esta sociedad.

Y no, la verdad que no, hoy veo que sigo siendo la misma que era antes de ayer. Sigo siendo tan rara como era. El éxtasis de la idea de pertenencia que tuve durante la boda ha durado poco tiempo.

Pertenencia, grupo, comunidad…

Estos dos últimos años mi mente se ha hecho un lío creyendo que para alzanzar la verdadera plenitud, uno debe aislarse hasta encontrar todos los frutos por sí mismo. ¡Cuánto mal han hecho esos libros de espiritualidad que nos dicen que la felicidad se encuentra en uno mismo sin reflejar, con igual intensidad, la importancia que tiene para el ser humano la pertencencia a una comunidad!

Sí, digamos que sigo sin haber encontrado la manada. Quizás no habrá un lugar en el que se acoja mi ambivalente trascendentalidad. Lo que sí sé es que no me hago favores cuando oprimo brotes creativos. No me ayudo cuando me pido dejar de seguir aquello que a mí me hace feliz. No acierto si pretendo encajar a fuerza y a presión en un mundo que creo que baila en un ritmo contrario al que a mí me hace sentir viva.

Creo que debo respetar la autodestrucción que muchas personas han aceptado como su forma de vida. Creo que debo amar mediante el no-juicio a aquellos que no quieren salir de sus casas. Creo que debo comprender que los entresijos del alma no me competen cuando no se corresponden con el alma mía.

Creo que no me queda otra que andar, a mi paso y hacia delante. Y dejaros marchar, a todos aquellos que, por algún motivo, hayáis decidido caer de picado en el vacío.

Imagen

Pintura de Andrew Wyeth; Christina´s World

EL BARCO DE LUCA

Como ya he comentado en alguna ocasión, en el mes de abril del año pasado dejé el trabajo por perseguir un sueño. Eso es, “perseguir un sueño” son las palabras adecuadas.

Recuerdo el comienzo de nuestra relación, dulce y seductora. El sueño me seducía, hacíamos grandes planes. Todavía noto como latía mi corazón cada vez que le veía; latidos fuertes, seguros, potentes. Mi corazón era el tambor que daba vida a aquellas intensas noches de luna llena. Sí, en aquel tiempo, mi sueño tenía un hogar, mi corazón le daba cobijo.

No había nada más que mi sueño. Mirara donde mirara, el sueño estaba allí. Estaba escondido tras cualquier fachada, caras alegres o enfadadas, en climas oscuros o soleados, en días libres u ocupados. El sueño llenaba de magia todo aquello que tocaba, mis ojos daban luz a cualquier sitio que miraran.

Sí, recuerdo aquellos días con mucho cariño. Casi puedo sentir el dulzor de la miel derritiéndose en mi boca. Fueron días de perderme entre las nubes, de querer tocar el Sol.

Añoro aquellos días que paseaba tranquila sintiendo la planta de mis pies pisando el suelo calmadamente. Añoro aquella paz espiritual, aquellas tardes en las que mi rostro reflejaba lo serena que me encontraba.

Mi sueño y yo éramos uno. A veces lo sentía como un hijo que dormía en mi vientre esperando ser parido, a veces era un fogoso amante en una lujuriosa y apasionada relación. Nunca fue un amigo cualquiera, siempre llenaba de significancia cada respiración, cada llegada. Mi sueño era intocable y solo mío. Mi sueño era yo, mi sueño era mi destino.

En el medio de mi sueño, debí quedarme dormida. Creo que, sedada por tanta ilusión, acabé soltando el timón. Mi barco quedó a la deriva mientras las cosas materiales perdían su sentido y las ideas y los sueños embriagaban cualquier intento de entender algo de lo que estaba sucediendo. Habían tardes nauseabundas cuando las mareas agitaban mi cuerpo en el medio de aquel mar. Llegué a perder la noción de las cosas materiales, no sabía si había un rumbo, si existían las direcciones y los mapas. Capas que me cubrían caían sin cesar, y cuando pensaba que no podía estar más desnuda, me desnudaba aún más. “¿Dónde estoy? ¿Quién soy? ¿Qué es hacer?¿Qué está pasando? ¿Estoy aquí? ¿Voy hacia algún lugar? ¿Hay que ir a algún sitio? ¿Qué es este pensamiento? ¿Quién me habla? ¿Quién soy? ¿Hay algún sentido? ¿Qué? ¿Cómo? ¿Qué? ¿Perdón? ¿Y tú quién eres? ¿Qué es esto?”.

Mi ropa, mi casa, mi familia, mis amigos, edificios, coches, caminos construidos; antiguos patrones de pensamiento, recompensas y castigos, lecciones y entredichos, educación, escuela, iglesia, libros, todo lo aprendido, risas, novios, conversaciones, golosinas, relojes… Todo fue removido por aquel descontrolado oleaje que (ahora lo sé) solo pretendía poner (con todo su cariño) cada cosa en su sitio.

Mi barco se acaba de parar. Parece que ha topado con cierta tierra. Ha sido en seco. De repente.  Ha llegado a un lugar que me parece completamente desconocido. Asustada me pregunto si estaré soñando o si, realmente, esa tierra seca que veo ahí fuera iluminada por el sol es parte de la realidad. Aunque me está costando, me estoy armando de valentía para abandonar el barco. No me parece algo fácil. Por eso voy poco a poco. Muy lentamente. Paso a paso.

Solo deseo… Solo deseo… Solo deseo de corazón que cuando baje a Tierra, mis pies puedan hundirse en esa áspera arena y pueda sentir en toda mi piel el calor de la materia. Solo deseo que mi pelo se mueva con ese viento que está agitando las palmeras. Solo deseo entender que yo soy la roca, yo soy la tierra, yo soy la arena… Ponerme en mi lugar y sentarme en la orilla. Mirar hacia el horizonte y susurrarle con mi propia voz al mar que ya he entendido algo más sobre quien soy y cual es mi verdadera naturaleza. Y no, no es un comienzo, solo una continuación. Tampoco es un bello o asombroso final, solo parte de un amplio y extenso camino. Espero poder entender esto algún día, que no hay destinos, que no hay diferentes caminos… Espero poder entenderlo algún día, que NO HAY ABSOLUTAMENTE NADA MÁS QUE LO QUE HAY DENTRO DE UNO MISMO.

Gracias Luca por haber orientado a mi humilde barco con tu preciosa magiaImagen

¿SUEÑAS? ¡VIVE!

Vídeo

¿Es la vida un sueño? ¿O eso que sueñas puede ser tu vida?

¿Qué harías con tu vida si te atrevieras a soñar y poner esos sueños en práctica? ¿Qué harías si supieras que ello te va a traer la máxima felicidad? ¿Qué harías? ¿Qué deseas? ¿Qué te gusta? ¿A qué dedicarías tu tiempo si no importara la opinión de los demás? ¿Cómo sería tu vida si no necesitaras comprar el amor de los demás? ¿Qué te rodearía si desde tu corazón tomaras tú tus decisiones? ¿Qué olores habrían? ¿Qué te ves haciendo? ¿Habría gente a tu alrededor? ¿Quizás naturaleza? ¿Y color? ¿Brillo? ¿Frío o calor? ¿Cómo dirigirías tu vida si no necesitaras el dinero? ¿Cómo dirigirías tu vida si no hubiera un mañana que construir? ¿A dónde te dirigirías si supieras que en ese destino se te espera con los brazos abiertos?

¿Qué le pides a la vida?

¿Qué necesitas?

¿Qué te hace sentir viva?

¿Qué haría que te levantaras por la mañana con una bella sonrisa?

¿Qué lleva tiempo pidiéndote tu corazón?

¿Y tu cuerpo? ¿Eres dueña de tu bello, sofisticado e increíble cuerpo? ¿Qué podéis hacer juntos? ¿Dónde le llevarías? ¿Qué necesita?

Publico aquí el vídeo que ha suscitado todas estas preguntas y confío en estar ya manos a la obra para vivir de lleno cada una de las respuestas.

“Ve con confianza hacia la dirección de tus sueños. Vive la vida que has imaginado.” Thoreau