VIOLENCIA “MACHISTA” – VIDEOBLOG

¿Es el hombre el que quiere ejercer su poder agrediendo a la mujer? ¿O estos hechos de lo que llamamos “violencia machista” son sólo un reflejo del conflicto interno que hay en cada uno de nosotros? Expongo en este primer videoblog, como una sociedad que solo valora y educa en el lado masculino de la existencia (lado YANG – acción, resultados, ciencia, luz, vida, exterior) e ignora su lado femenino (lado YIN – pasividad, espiritualidad, oscuridad, muerte, introspección) está provocando un conflicto en el interior de las personas y, por tanto, en las relaciones entre ellas; especialmente, entre hombres y mujeres.

SOMOS LUZ

“Siendo yo una mujer árabe viviendo bajo un velo negro, ¿qué podría contarle a mi hija acerca de la vida?

Quizás que las emociones que nos recorren por dentro son las mismas que las de cualquier otra mujer en cualquier lado del planeta; que las ganas de explorar, jugar, celebrar y disfrutar del placer siguen latentes en mí como el primer día en que llegué a este mundo.

Quizás le pueda contar que nuestras voces, cuerpos y derechos han quedado ocultos bajo una capa de ignorancia social pero que nuestra luz interna no puede ser cubierta por muchos metros de tela que pongamos sobre ella.

Quizás pueda ella entender que la pasión que arde en nuestro interior no ha de confundirse con un deseo enraizado en la venganza.

Quizás pueda ella PERDONAR. Perdonar por mí y por todas las mujeres que todavía no aceptamos que éste haya de ser nuestro modo de vida”.

LA VERDADERA LUZ ES IMPOSIBLE OCULTARLA

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Texto e ilustración personales

CERCANOS

Conocí una vez a un hombre que tenía tanto miedo de ser amado que mandó construir una gran fortaleza a su alrededor utilizando toda la fortuna y el poder que había acumulado.

Sus súbditos trabajaron duro, día y noche, elevando dicho muro que separaría a este hombre de cualquier indicio que a él le indicara que era un ser amado.

Una vez finalizado su anhelado proyecto, el hombre decidió entrar dentro de su nuevo hogar, creyendo estar, finalmente, a salvo de reconocerse querido y admirado. Sin embargo, descubrió que el sonido podía viajar y que éste se colaba a través de sus ventanas.

Asustado por creer que alguna palabra de amor podría alcanzarle, decidió habilitar en su nuevo reino la más alta tecnología que le permitiría sentirse sonoramente aislado del resto del Universo.

Ahora sí, protegido, solo y desnudo ante la NADA que había en su reino; podía relajarse tranquilo. Sabía que nadie irrumpiría con una palabra de amor, que nadie le mostraría con sus ojos el valor de los suyos propios, que nadie haría temblar a su corazón acorazado por su propia agonía de sentirse valioso y validado.

Este hombre vivió feliz -así era lo que él denominaba felicidad- lejos de cualquier carantoña, arrumaco, caricia, palabra bella o corazón amigo que se le podría haber acercado.

Y este hombre sigue así: asustado, vacío y separado. Así que si le echas de menos o le estás buscando, recuerda que no será con AMOR la manera óptima de alcanzarlo. Mejor dile que le odias, que no le necesitas, que es un bastardo… así, PUEDE que él dé un paso hacia esa cercanía y ese agradable calor que se desprende estando a tu lado.

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* Que este texto no sirva como guía sino como reflexión

* Ilustración de Pawel Kuczynski

ESPADA Y ARMADURA

Miraba los músculos de Pablo que daban forma a su camiseta, olía el perfume caro de Pedro mientras paseaba por la peluquería, escuchaba la presencia de Paco tras la pantalla del ordenador y soñaba con la esperada visita de Pascual a mi casa.

Sin embargo, ninguno de estos hombres podía acabar de unir el puente que estoy creando entre la cabeza y mi corazón. Decididamente, no sé si comencé andando este camino desde mi mente o desde la emoción, pero sé que me encuentro en medio, tratando de casar dos piezas: una mental y otra emocional. Espero que llegue ese momento en que, usando mis dos manos, sepa unir estas dos partes energéticamente cargadas que han parecido repelerse hasta el momento presente.

La cualidad del amor que vive en mi interior es sana. Solo quiere que relaje a todo mi ser dentro del cuerpo mismo. Me invita a sentir mis respiraciones, a recibir aire puro en mis pulmones, a llenar mi estómago de comida amiga de la salud, a poner mis pies descalzos sobre suelo mojado. Esta cualidad me lleva a quererme, a cuidarme, a adorarme. Busca que, desde el simple ser, y con la bella mirada que trasciende el espacio físico de mis ojos, transmita todo el amor que vive en este planeta y que nos rodea haciéndonos sentir vivos sin nosotros saberlo.

La cualidad del miedo que vive en mi interior me dice que todo es peligroso. No quiere que me muestre, teme que me relacione, protege con ojos detectives mi cuerpo y, en especial, mis pechos y mis órganos sexuales.

Siento que la mujer no es conocedora del traje que lleva. No sabemos hasta qué punto se nos ha denigrado y se nos sigue denigrando. Porque no conocemos este dolor, no llegamos a sentirlo conscientemente. Y, por ese motivo, vivimos sumidas en un personaje que poco deja ver nuestra esencia real y creadora.

Hace tiempo estoy embarcada en un viaje de autoconocimiento acerca de lo que supone ser mujer. He encontrado amor, cariño, pasión, seducción, compasión y ternura… también he encontrado tan altas dosis de rencor y rabia que podría haber ardido el planeta entero. Los hombres han hecho mucho daño a la mujer, esto es así. Desde la ignorancia, desde el miedo, desde la vergüenza, desde sus propias paranoias y su propio malestar; pero es un hecho que la violencia física, emocional y espiritual que ha recibido la mujer ha sido mayoritariamente a manos de los hombres.

He leído bastante acerca de los orígenes de este querer acabar con la esencia femenina y todavía no lo llego a captar. El humano siente, a día de hoy, vergüenza de su vulnerabilidad, y supongo que el lado femenino de la existencia es lo que nos recuerda este hecho. Apartamos las emociones, dejamos a un lado los sentimientos, no queremos lágrimas sino acciones, no nos basta con ser sino que tenemos que hacer, no queremos religión sino ciencia, no queremos nada etéreo sino cosas en concreto. Queremos ser más y más, y poder tocar ese éxito con las manos, olerlo con nuestro olfato, gritarlo, poseerlo, celebrarlo.

Nos duele nuestra condición humana, queremos traspasarla y ser invulnerables pero esto nunca va a ser así. Somos bellas criaturas perecederas que un día marcharán dejando un sin fin de aportaciones amorosas en la gente que continúe en la Tierra. Pero sólo con esto no nos basta…

Sí, mi mente “quiere más” y me dice que “nada es suficiente”. El miedo me da una armadura y una espada para defenderme de cualquier ladrón que quiera hacerse con mi corazón. Pero yo puedo escucharme desde dentro, y aunque luche cual salvaje en esta jungla de la vida, sé que la cualidad interior nada tiene que ver con aquello que muestro en esos momentos en que siento llegar esos ataques históricamente anunciados.

Sé que el camino para cualquier unión es el del perdón pero no podré llegar a él hasta que no entienda qué es exactamente lo que debe ser perdonado. Y, lo mismo es para ti, mi querido amigo, enemigo y venerable compañero.

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 Ilustración propia

OBSERVO ESA VIDA PASAR

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OBSERVO ESA VIDA PASAR

Me he enamorado de esta pintura, la mujer que aparece en ella me seduce de manera especial. Toda ella en sí me inspira, desde sus tersos, firmes y voluptuosos pechos hasta ese gesto de la cara que revela cierto inconformismo y cierta resignación a su vez. La noto fuerte, poderosa, completamente a gusto en su tierno cuerpo desnudo. Asentada con firmeza en su sabiduría, contemplando con amor y presencia todos los vaivenes que se dan dentro y fuera de su ser.

Su mirada me lleva a ningún lugar, su boca cerrada me evoca esos momentos en los que a disgusto con la realidad, decides aceptarla pero sigues sin querer catarla.

Esa manta que se ha echado por encima, el suelo que parece ir a juego con su emoción, el jarrón que está presente pero le deja a ella tener toda la atención y esa luz viva y tenue del lugar se me hacen como el ambiente perfecto en el que quitarte tu propia ropa y sentarte junto a ti y en tu propio peso a meditar.

Sentarse a meditar o, mejor dicho, algo que me gusta más: ver la vida pasar. Observar, sentir, echar algunas lágrimas, reír o cantar; escuchar a la cabeza parlotear, desear la llegada de algo “más” o inspirarse notando el propio ritmo y calor corporal.

Por nada del mundo irrumpiría dentro del cuadro en el que ella habita. Prefiero observarla infinitamente mientras la siento contemplar que es posible encontrarse como ella es y está: poderosa a la vez que parada, firme a la vez que derrumbada, conectada a la vez que separada, resignada a la vez que inconformista, confusa a la vez que confiada, presente a la vez que ida.

Te tengo

No hay mayor descarga de emociones que cuando le dices a esa persona que tanto adoras que la quieres. Muy especialmente, si esa persona es alguien con quien te has distanciado por un tiempo debido a malentendidos o malestar general. No hay mayor regalo que ese momento en el que te das cuenta que a esa persona que evitabas, que ese ser humano que parecía ser causante de todo tu sufrimiento, es precisamente la fuente de esos bellos sentimientos que buscabas dentro de ti.

Creo que hay muchas ocasiones en las que acumulamos muchos sentimientos no expresados hacia otras personas. Precisamente, sentimientos de amor o de necesidad natural que tenemos con respecto al calor de los otros. Muchas veces no sabemos comunicar a la persona que tenemos al lado qué es exactamente lo que necesitamos o simplemente nos da miedo la reacción que ésta pueda tener por lo que decidimos acallar nuestros sentimientos verdaderos y guardarlos en nuestro interior. Así, las confusiones con los demás crecen y el muro que nunca quisiste que se creara entre tú y esa persona acaba por elevarse entre vosotros dos.

El tiempo pasa y cada uno dirige su mirada hacia otro lugar, el muro dejó de ser un sitio interesante en el que poner nuestra atención.

Por eso digo, que no hay mayor liberación, que el día en el que decides abrir un hueco en ese muro y susurrarle algo a esa otra persona. “Te quiero”, le dices suavemente. “Esa es la verdad. Nada de las otras cosas que pude haber dicho o hecho son ciertas si es que se alejan de lo que ahora mismo te estoy mostrando”. “Lo siento. Perdóname. Eres una persona esencial en mi vida. Y ha sido precisamente por eso que he tenido miedo. Por eso te digo que lo siento. Porque no he sabido mostrarte cuánto te quiero y me han faltado toneladas de valentía”. “Ahora lo entiendo, solo te tengo cuando verdaderamente me muestro y me entrego. Solo te tengo a ti cuando soy sincera con mis verdaderos sentimientos. Porque entonces te tendré a ti de verdad, a mi lado o lejos haciendo tu propia vida, pero te tendré conmigo, en mi regazo, nutriéndote de todo ese amor que de mí hacia ti sigue brotando y sin querer pedirte nada a cambio. Te quiero y, ahora sí, te tengo.”

loveforyou tierraenmispies.com

 

 

ANDREA

Llegué al restaurante al que algunas veces voy a desayunar. Es un sitio que tiene vistas al Ganges, muy familiar y acogedor. Casi nunca hay nadie pero las pocas personas que me he encontrado allí siempre han sido muy significativas. Allí conocí a un chico que viajaba con su sitar y hablaba de su instrumento musical como si de una persona se tratara, hablaba en plural de las cosas que ambos dos estaban realizando en India. Allí, en ese restaurante, también conocí a un hombre que me inspiró muchísimo por su forma tranquila de relacionarse con la vida. Allí, también, conocí a Andrea. Estas tres personas, probablemente las únicas que me he encontrado allí a lo largo de un mes, se convirtieron en asistentes fieles a mis clases de danza consciente.

Bien, aquella mañana llegué a aquel restaurante familiar y el dueño- marido de Guita y padre de Arjun- me dijo que había una chica preguntando por mis clases de baile. “Espérate aquí que voy a llamarla. Duerme en este mismo hostal”- me dijo. De repente, apareció ella. Estatura media, fuerte y delgada, vestía ropa deportiva y tenía una cara amigable pero tensa. Pelo recogido y gafas de pasta roja. Sonrió levemente, se sentó enfrente de mí guardando las distancias y me preguntó por mis clases. Luego me contó que era abogada y trabajaba para una gran firma, vivía en Londres aunque era originalmente de Eslovaquia y que se encontraba en India en un viaje de 6 meses replanteándose su vida.

Miré el libro que tenía entre las manos cuyo título decía algo así como “El camino del artista. Cómo expresarse libremente a través de la escritura”. Me comentó que quería aprender a escribir, que necesitaba expresarse de manera más libre y que desde pequeña siempre había sido muy estructurada y perfeccionista consigo misma y con todo lo que realizaba. Venía, al fin y al cabo, a contarme que necesitaba nuevas formas de expresarse y que quería sentirse libre de ataduras.

Vino a mi clase al siguiente día. Yo sabía que nunca antes había bailado. Durante la clase, yo no daba crédito a lo que veía. Tenía un cuerpo totalmente liberado que se movía sin cesar de un lado para otro, dando tumbos, saltos, giros en todas las direcciones… Es indescriptible detallar cómo se movía aquella chica por la sala, era un mar de emociones, un torbellino de amor desenfrenado.

Tras la clase estuvimos hablando. Se encontraba muy agobiada porque no sabía qué tenía que hacer para encontrase bien. Me decía: “Toda esta gente occidental en India parece haber encontrado lo que les hace sentir bien. ¿Por qué yo no?”. Empezó a decirme que se iba a forzar a hacer un retiro de silencio y meditación de 10 días, que ahí podía yacer alguna solución. Yo, viéndola como la había visto bailar, le dije: “Andrea, quédate. Bailaremos juntas tres veces por semana, podemos quedar y pintar con mis pinturas. Quédate, relájate, tómatelo con tranquilidad”. Ella me dijo que, en principio, se iba a marchar a aquel retiro. Me comentó que me sentía como a su hermana gemela y se marchó.

Apareció a los dos días en la siguiente clase y me dijo: “La vida ha decidido por mí. Ayer me encontré enferma y no pude ir al retiro”. Clase tras clase, siguió viniendo hasta que comenzamos a compartir más historias e intimidades que vivían dentro de nuestra mente y nuestro corazón. Fuimos a cenar algunos días después de clase y yo no podía dejar de observar todo lo que salía de su cuerpo y de su boca. De manera increíble, todo lo que le estaba sucediendo a ella, era casi una réplica exacta de lo que me estuvo ocurriendo a mi hace un año.

Un día llegaba exhausta y con la cara hinchada de haber estado todo el día llorando. Otro día su cara no tenía expresión ni sonrisas pues se había dado cuenta que había hecho un uso excesivo en su vida de las sonrisas por agradar a los demás. Otro día, me contaba como sus instintos animales y sexuales, que habían estado reprimidos, se habían disparado sin control alguno. Otro día me decía firmemente que ahora solo podía decir la verdad, que ya no quería disimular absolutamente ante nadie. Otro día se enfadó con un camarero amigo mío en su restaurante sin motivo alguno y se marchó sin dar explicación muy enfadada. Y normalmente, a la vez que todo esto ocurría, se la veía realizada, enraizada y con muchísima aceptación por todo lo que estaba ocurriendo dentro de sí misma.

Poco a poco, aquella chica que conocí que se sentía muy tensa, con su pelo atado y sus gafas cuadradas de pasta roja, se fue relajando. Se la veía derretirse. Cada día que me la encontraba, capas y capas se habían despojado de su cuerpo de armadura. Cada día, más sensible. Cada día, podía sentir más cerca su corazón.

El otro día se marchó definitivamente de Rishikesh con destino a Varanassi. Nos despedimos y lo último que me dijo fue: “No pasa nada, te veré el día de tu boda”. Y no es que tenga intenciones de casarme, ni siquiera tengo pareja. De hecho, he tomado muchas veces una postura radical de rechazar una relación por sentir que ésta podía quitarme libertad. Pero me gustó escucharlo porque, de alguna manera, era algo nuevo para mi y me demostraba que ella me había calado. Yo también estoy derritiéndome y ella sabía, por conversaciones anteriores que habíamos tenido, que mi vida estaba dando un giro al respecto de este tema y que ahora mi corazón se encontraba mucho más receptivo a la hora de entender cómo podía ser una relación entre un hombre y una mujer.

Y se marchó. Y aprendí un poco más acerca de esto que llaman amistad.

Me dejó su blog, el cual me inspira totalmente pues ella dispara todo lo que siente sin censura alguna. Y, siguiéndolo, he visto que todavía sigue en Rishikesh. Así que quizás hoy me la encuentre de nuevo en clase.

 

 

 

 

Mujeres

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Como decía Albert Einstein: “La mente intuitiva es un regalo sagrado y la mente racional una sirviente fiel. Hemos creado una sociedad que honra a los sirvientes y que ha olvidado los regalos”. Hoy comparto contigo tres regalos nacidos de la intuición. Y es que cuando el Alma habla, la mente calla.

¿Quién soy?

Llegar a ese punto de humildad en el que decides mostrarte tal cual eres no es sencillo. No es fácil, en primer lugar, porque quien uno es parece variar con el tiempo.

¿Quién soy? Me hago esta pregunta porque mi mente no llega a creerse que yo sea tantas cosas en una misma persona. ¿Cómo es posible? ¿Cómo un solo cuerpo puede englobar tantas experiencias, emociones, sensaciones, identidades, percepciones? ¿Cómo en una misma existencia una puede saborearse en tantas texturas diferentes y bañarse en tal variedad de colores? ¿Cómo puede un mismo corazón sentir de maneras tan extremas y, a la vista, contrapuestas? ¿Cómo es posible que yo sea la misma que fui hace 20 o 10 años? ¿Cuál es el hilo que une todas mis experiencias? ¿Qué es lo que queda ahí dentro que me mantiene en una cierta coherencia? ¿Dónde está la base? ¿Dónde está eso que no cambia entre tanto cambio? ¿Quién soy yo? Repito.

Es complejo. No es sencillo. Serlo todo es extraño y poco manejable cuando uno se exige a uno mismo el autoconocimiento.

Todavía me juzgo, todavía me comparo, el juego en el que yo misma soy mi contrincante no ha acabado todavía. ¿Quién es esa que tengo enfrente a la que intento ganar? ¿Qué tengo en contra de mi misma? ¿Qué veo en ella que quiero derrotar? ¿A qué le quiero ganar la batalla? ¿Desde cuándo soy dos, tres, cuatro… mujeres a la vez en lugar de una? ¿Y desde cuándo entendí que debo destruirlas a todas ellas para poder ser coherente en el ambiente que me rodea? ¿Llegará el día que pueda integrarlas a todas en una sola? ¿Llegará el día que mi corazón se abra a amar a todas las partes que componen a mi ser de mujer? ¿Y el día que abrigue con mis amables brazos al hombre que vive fuera y dentro de mi misma?

Veo fotos de hace unos años para acá y mi cuerpo se descompone. ¿Quién soy yo?, me vuelvo a preguntar. ¿Y por qué esa que fui ya no soy y esta que soy no es quien era?

¡¿Cuándo llegará el día que entienda que yo siempre soy la misma, independientemente de lo que se cueza a mi alrededor o las emociones que pongan patas arriba los organizados órganos de mi cuerpo?!

Ese día no ha llegado y, por tanto, la pregunta insiste y no cesa. Así que yo me sigo preguntando:

¿Quién es esa?

Y, de repente, siento que necesito escupir mucha verborrea… Y es que esa que tienes delante está cansada de las etiquetas, de los deberes, del sistema… Está cansada de los juicios, de los roles, de los desprecios… Está cansada de la palabrería, de las poses, de la poca sinceridad,… Está cansada de los objetivos, de los caminos, del conocimiento… Está cansada de la luz, de la congruencia, de tener que saber lo que es bueno… Está cansada de sus propios miedos.

Esa que tienes delante quiere sacarse la mordaza de la boca y deshacer los propios nudos que puso en su cuerpo. Esa que tienes delante quiere ser libre en un mundo sin complejos, esa que escribe quiere sacar fuera lo que hay dentro, rugir ferozmente y que no sea sola en el silencio. Esa que busca respuestas quiere probarse como un animal en todo tipo de terrenos. Quiere ser roca, agua y fuego. Aventurarse en la selva de la vida. Ser valiente y decidida. Actuar, romper el hielo.

Abandonar el pueblo de la fantasía e integrarlo bien adentro. Utilizar mi imaginación como mi arma pero no como un cobijo de aislamiento. Dejar huella en este suelo.

Ser materia, encarnar mi cuerpo y no  ser solo fuente de conocimiento.

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COMIC DE UNA HIJA A UNA MADRE

Este es un cómic que dedico a mi madre y mediante el cual expreso mi deseo de que todas las hijas reconozcan en su interior el amor incondicional que sienten hacia sus madres.

Por recibir el amor de nuestras madres, lo damos todo y por el miedo a no recibirlo, podemos perderlo todo. La libertad de una hija comienza con el reconocimiento de ese amor hacia su madre. Solo reconociendo este amor que brota de manera natural desde nosotras hacia ellas, podemos llegar al perdón con esa mujer que con valentía nos trajo a este mundo.

Sentirse agradecida a una madre es sentirse agradecida a la vida. Y vivir en estado de agradecimiento es el estado más elevado al que una pueda aspirar.

Gracias mamá. Gracias vida.

Parte 1. Cuando la madre encuentra a la hija que estaba escondidaImagen

Parte 2. Cuando la hija le confía sus miedos a su madreImagen

Parte 3. Cuando la hija, habiendo reconocido sus miedos, le abre el corazón a su madreImagen

Parte 4. Cuando madre e hija se vuelven a encontrarImagen