DUDAS

Mi mente ha viajado estos días, se fue de mí. No he estado. Ni conmigo. Ni con nadie. Me he ido. A otro lugar. A otra parte. Y no sé cuándo.

Ahora hablo y reconozco lo poco que he querido ver lo que pasa por mi vida en estos momentos.

Es como si cualquier orificio por el que mi mente pudiera recibir información de lo que estaba ocurriendo, se hubiera cerrado.

Como si dentro de mi cráneo no hubiera habido espacio para una mente activa y despierta.

Como si la mejor opción tomada por mi armazón de mujer en dudas no hubiera podido ser otra que desterrar a mi cerebro del cuerpo al que, supuestamente, pertenece.

No hay problema mental que pueda evitarse agachando la cabeza y echando a correr.

Los pensamientos nos persiguen puesto que nos pertenecen.

Las decisiones nos esperan a la vuelta de cada esquina a la que llegamos.

Somos responsables de este cuerpo que tenemos y de la vida que le damos.

De nada sirve querer huir de lo más básico.

Está claro que si los pensamientos se agolpan, golpean, bloquean o hacen difíciles nuestros pasos es, simplemente, porque quieren que paremos para poder decirnos algo.

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LA MADRE INTERIOR

“Querida hija, te siento perdida, angustiada, como si sintieras que no hay salidas, como si creyeras que para ti no se abren los caminos…”

“Querida hija…”

“Querida hija mía, …”

La madre quería decirle a su hija que estaba preocupada por ella pero se mordió la lengua antes de que aquellas palabras salieran de entre sus labios.

“Mamá, sé lo que piensas. Sé lo que quieres. Han sido muchos años con tu voz detrás de la oreja indicándome aquello que era correcto y aquello que no lo era. Ha sido un largo recorrido que hemos transitado juntas… parece mentira que no sepas que te conozco como si yo hubiera sido quién te parió a ti. Al fin y al cabo, tú has formado parte de toda mi vida mientras que yo solo he estado en un trocito de la tuya”

“Mamá,…”

“Mamá, no lo comprendes”

“¿Entiendes, mamá? No me comprendes”

“Si me comprendieras, si me escucharas, si estuvieras de mi lado; cada paso sería más ligero, cada intento sería más liviano, cada prueba supondría tan solo lo que es: una prueba, un intento, un paso en acierto o en vano. ¿Qué más da, mamá? ¿Qué más da si me equivoco? ¿Qué más da si ando perdida? ¿Crees que ayuda en algo que pongas en duda cada uno de mis actos? ¿Crees que esa actitud temerosa es beneficiosa para algo?”

“No, mamá. Tu preocupación no es una ayuda, tus pequeños gritos escondidos entre suspiros no facilitan mi partida, ni mi continuación en el camino, no son aliento de apoyo, no me animan a emprender, no facilitan las cosas…”

“Y ya soy adulta, mamá. Sigo siendo la hija; la hija y la niña llena de magia. La que es capaz de ver con los ojos de la intuición, la que se ilusiona y llena tu corazón de GANAS. Sí, mamá, soy esa. Soy luz y vida, mamá. Y lo sabes.”

“Entonces, si lo sabes…, ¿por qué quieres controlarme? ¿Para que quieres que sea productiva, que tenga una vida organizada, que trate de encontrar forma en este cambiante y exasperante mundo adulto? ¿Y si ambas aceptamos mi incapacidad para adaptarme? ¿Y si ambas estamos bien con el hecho de que quiera quedarme en mi habitación jugando con mis muñecas? ¿Y si nos da igual si el mundo se cae mientras tú y yo construimos juntas nuestro bello castillo hecho de coloridas piezas de madera? ¿Y si ignoramos lo que nos contaron que era correcto? ¿Y si nos abrazamos? ¿Y si disfrutamos juntas?”

“Así sí, mamá… Así sí… A tu lado, sí puedo”

__________

Con esta conversación entre mi niña interior y mi mamá interior pretendo mostrar la importancia de contar con una voz interna que nos apoye en nuestro camino vital. Nuestra voz interior -que puede tener mucho que ver con la educación que recibimos- es una responsabilidad propia en nuestra edad adulta y será la que nos haga avanzar o boicotee nuestros planes.  Por ello, es importante familiarizarnos con eso que llaman “la voz de la conciencia”, ver de dónde viene y cómo queremos relacionarnos con ella. Eduquemos a esa voz interior y pidámosle desde nuestro corazón el amor y el apoyo que, verdaderamente, necesitamos.

Nubes que van y vienen – Cómic

¿Os ha dado alguna vez la sensación de que una nube negra rondaba sobre vuestra cabeza? ¡A mí me ha ocurrido muchas veces! Y esto es lo que hago para hacer cambiar a mi clima mental.

Os lo represento con este cómic:

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ESPACIO PARA EL DOLOR

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No sé cómo llevas tú eso de que las cosas duelan, tampoco sé si eres de los que las siente, las ignora o las consigue sortear de alguna manera. Yo soy de las que un pequeño golpe, me noquea, me deja K.O. Sí, también soy de las que goza con las pequeñas y diminutas experiencias.

Pero yendo por los derroteros que vamos, es decir, caminando el sendero del lado oscuro del dolor; he de confesar que he “pecado” de quedarme allí mucho más tiempo del necesario.

Hay personas que tienen tanto sufrimiento acumulado desde la infancia que han quedado insensibilizadas. Es tal la profundidad de la herida que llevan que ya no consiguen sentir las pequeñas frustraciones que se les presentan en la vida. En cuanto ven venir algo que les pueda mostrar su portentoso sufrimiento, salen despavoridos en otra dirección. No quieren ver de frente sus agonías, sus necesidades; utilizan un mecanismo de defensa para proteger esa aparente estabilidad de que nada les afecta internamente. Huyen.

Hay otras personas que esto del dolor se lo toman de otra manera. Se lo beben a tragos largos y hasta lo disfrutan. Se regodean con lo doloroso, les fascina la nostalgia, hacen arte con las lágrimas guardadas y usan todos los momentos de “bajón” para aprender algo de ellos. No está mal, siempre que no se convierta en una adicción.

Y bueno, los hay también que saben mirar los asuntos del dolor con distancia. Sienten un poquito, lo saborean con la puntita de su lengua y deciden continuar caminando por las sendas de lo fácil y lo sencillo. Utilizan mucho la cabeza y le dejan cierta voz al corazón- unos más y otros menos. Se cae en la posibilidad de ignorar la profundidad de una herida y poder sanarla del todo; aunque también se abre la opción de que la vida te vaya curando poco a poco, sin necesidad de que tengas que meterte de lleno en cada duelo.

Diré que esta última manera descrita de llevar el dolor es la que, últimamente, más me está llamando la atención. Yo siempre he sido de zambullirme en pozos oscuros, he extraído mucho alquitrán y me he pringado de pies a cabeza. Creo que me lo he pasado bien; pero puede que me haya perdido rayos del sol que sí brillaban a no muchos metros arriba de mi cabeza.

Y, por eso, por mi tendencia a acampar en los estados de ánimo melancólicos y paralizantes, comencé a tomar a otras personas como ejemplo: aquellas que sienten pero también PIENSAN.

Y es que en el mundo del CORAZÓN (y no hablo de prensa rosa) se ha establecido una guerra campal contra la cabeza. Aquellos que nos dimos cuenta de que vivíamos regidos por leyes mentales arcaicas y, muchas veces, impuestas desde el exterior; decidimos cambiar de capitán de barco y comenzar a escuchar a nuestras emociones. Eso sí, en la radicalidad que caracteriza a aquellos que quieren romper con todo, decidimos que la voz de nuestra cabeza era algo malvado que había que ignorar. A partir de ahora, nos dijimos, “¡CORAZÓN Y PUNTO!”

Y, claro, así me fue. Podría pintar un cuadro de 1000 metros cuadrados con todo tipo de emociones que descubrí y que todavía no han sido registradas en el diccionario. Y… que sí, que sí… que me lo pasé muy bien… pero acabó resultándome cansado.

La cabeza encontró su lugar en mi cuerpo y ya entendí que de ella también puede salir una voz dulce y pacificadora de fieras. El mundo de la razón no es tan temible como pensaba y resulta que vienen de él mensajes que encuentro amigables y de gran utilidad. E incluso los pensamientos hostiles comienzan a tener un hueco en el espacio de este corazón que se va abriendo a escucharlos.

Solo se trata de…

Sentarse a SENTIR si eres un cerebrito racional que no siente nada.

ó

Sentarse a PENSAR de manera práctica si eres una fiera salvaje e indomable que sigue los dictados de su corazón a cada instante.

Haciendo que haya un equilibrio entre cuerpo, corazón y mente; y tocando fondo pero sabiéndonos impulsar con el uso de nuestros pies que para eso están.

Que en la vida hay muchos amaneceres, todos únicos y especiales, y tenemos que verlos TODOS. Eso de andar escondidos bajo las sábanas de nuestra cama, ya no se lleva nada.

YO SOY TÚ

Voy a ser clara. Más que nunca. Porque es necesario. Y porque lo necesito. Porque no es real eso que dices que las mujeres en la sociedad actual no están minusvaloradas. Porque la mujer por sí misma no existe, porque las mujeres somos un conjunto de mujeres y todas respiramos del mismo aire que envuelve a este planeta Tierra; porque no hay nada que afecte a una mujer, por muy lejos que esté, que no lo sintamos TODAS en lo más profundo de nuestros adentros.

Y esta es una realidad que pocos consideran cierta. Y es que TODOS estamos conectados, todos los seres humanos, todos los seres vivos; incluso también todos los que no lo están. Y nos creemos SEPARADOS, cuando no lo estamos. Y nos creemos una unidad cuando, a la vez, somos el conjunto de la totalidad encarnado en una sola persona. Y, por ese motivo, lo que le pase al de al lado, también nos afecta. Aunque no lo veamos, aunque no lo sintamos con nuestras conocidas habilidades de percepción. Todo está interconectado.

Y por eso no me reí el día en que me contaste un chiste sobre pateras o el día que pretendiste que me sonriera por algo que tenía relación con el maltrato a mujeres… Porque ese africano que surca el mar, soy YO. Porque a esa mujer que le están pegando, también soy YO.

Y hay que tener capacidad para ver esto. Entender que no se puede vivir en plenitud, si nos reímos del mal ajeno. Comprender que somos todos amigos y hermanos y que, o GANAMOS todos o si pierde el de al lado, de alguna manera, yo también estoy perdiendo.

Pero no vivimos en una sociedad en el que se den estos mensajes de compañerismo y comunidad. Todo lo que se destacan son las diferencias, aquello que podría hacernos rivales. Vivimos en un mundo en el que hay que competir. En el que si uno gana es porque otro pierde. No hemos entendido que todos podemos ganar. Todos podemos ser grandes. El espacio para nuestra expansión es infinito. Y si uno gana, el otro también lo puede hacer.

No es necesario chafarnos los unos a los otros. Correr o compararnos. Podemos crecer todos a la vez, explorar nuestro propio campo y potencial y dejar que los otros también florezcan. No vivimos en un Universo limitado. El espacio para avanzar y abrirnos es ilimitado. Y todos podemos celebrar el hecho de sentirnos grandes y vivos.

Puede que no entiendas nada de lo que te digo. Es esta basura de educación que hemos recibido la que tanto mal nos hace. Es el hecho de no haber conocido otras culturas, de no haber querido sentir el sufrimiento propio y ajeno, de haber decidido mantenernos dentro del círculo de lo conocido lo que ha provocado que seamos personas con mentes cerradas que creen estar separadas de las demás.

Pero por raro que te suene, todos somos una sola MENTE. Y un solo CORAZÓN. Y tú, con tu complicación para entender el dolor ajeno, también eres yo.

ESPADA Y ARMADURA

Miraba los músculos de Pablo que daban forma a su camiseta, olía el perfume caro de Pedro mientras paseaba por la peluquería, escuchaba la presencia de Paco tras la pantalla del ordenador y soñaba con la esperada visita de Pascual a mi casa.

Sin embargo, ninguno de estos hombres podía acabar de unir el puente que estoy creando entre la cabeza y mi corazón. Decididamente, no sé si comencé andando este camino desde mi mente o desde la emoción, pero sé que me encuentro en medio, tratando de casar dos piezas: una mental y otra emocional. Espero que llegue ese momento en que, usando mis dos manos, sepa unir estas dos partes energéticamente cargadas que han parecido repelerse hasta el momento presente.

La cualidad del amor que vive en mi interior es sana. Solo quiere que relaje a todo mi ser dentro del cuerpo mismo. Me invita a sentir mis respiraciones, a recibir aire puro en mis pulmones, a llenar mi estómago de comida amiga de la salud, a poner mis pies descalzos sobre suelo mojado. Esta cualidad me lleva a quererme, a cuidarme, a adorarme. Busca que, desde el simple ser, y con la bella mirada que trasciende el espacio físico de mis ojos, transmita todo el amor que vive en este planeta y que nos rodea haciéndonos sentir vivos sin nosotros saberlo.

La cualidad del miedo que vive en mi interior me dice que todo es peligroso. No quiere que me muestre, teme que me relacione, protege con ojos detectives mi cuerpo y, en especial, mis pechos y mis órganos sexuales.

Siento que la mujer no es conocedora del traje que lleva. No sabemos hasta qué punto se nos ha denigrado y se nos sigue denigrando. Porque no conocemos este dolor, no llegamos a sentirlo conscientemente. Y, por ese motivo, vivimos sumidas en un personaje que poco deja ver nuestra esencia real y creadora.

Hace tiempo estoy embarcada en un viaje de autoconocimiento acerca de lo que supone ser mujer. He encontrado amor, cariño, pasión, seducción, compasión y ternura… también he encontrado tan altas dosis de rencor y rabia que podría haber ardido el planeta entero. Los hombres han hecho mucho daño a la mujer, esto es así. Desde la ignorancia, desde el miedo, desde la vergüenza, desde sus propias paranoias y su propio malestar; pero es un hecho que la violencia física, emocional y espiritual que ha recibido la mujer ha sido mayoritariamente a manos de los hombres.

He leído bastante acerca de los orígenes de este querer acabar con la esencia femenina y todavía no lo llego a captar. El humano siente, a día de hoy, vergüenza de su vulnerabilidad, y supongo que el lado femenino de la existencia es lo que nos recuerda este hecho. Apartamos las emociones, dejamos a un lado los sentimientos, no queremos lágrimas sino acciones, no nos basta con ser sino que tenemos que hacer, no queremos religión sino ciencia, no queremos nada etéreo sino cosas en concreto. Queremos ser más y más, y poder tocar ese éxito con las manos, olerlo con nuestro olfato, gritarlo, poseerlo, celebrarlo.

Nos duele nuestra condición humana, queremos traspasarla y ser invulnerables pero esto nunca va a ser así. Somos bellas criaturas perecederas que un día marcharán dejando un sin fin de aportaciones amorosas en la gente que continúe en la Tierra. Pero sólo con esto no nos basta…

Sí, mi mente “quiere más” y me dice que “nada es suficiente”. El miedo me da una armadura y una espada para defenderme de cualquier ladrón que quiera hacerse con mi corazón. Pero yo puedo escucharme desde dentro, y aunque luche cual salvaje en esta jungla de la vida, sé que la cualidad interior nada tiene que ver con aquello que muestro en esos momentos en que siento llegar esos ataques históricamente anunciados.

Sé que el camino para cualquier unión es el del perdón pero no podré llegar a él hasta que no entienda qué es exactamente lo que debe ser perdonado. Y, lo mismo es para ti, mi querido amigo, enemigo y venerable compañero.

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 Ilustración propia

TRIUNFAR

Soy un ser humano, solo soy uno más entre tantos.

Cuando veo la vida así, entiendo que estamos aquí para disfrutar de nosotros mismos, de los demás y de la naturaleza que nos rodea. Entonces, pierde sentido poner esfuerzo en destacar y ser más importante que los demás. Porque, al fin y al cabo, no se puede destacar con respecto a otros en lo que uno realmente ES. Tan solo somos seres humanos, de igual condición. Mi mente puede creer y decirme que yo destaco o los demás pueden decirme que ellos creen que yo destaco pero eso es simplemente algo mental que proviene de la cultura y la sociedad.

Querer escalar solo puede hacerte sentir miserable pues implica que donde estás no es suficiente. Si asumiéramos que no hay nada más que alcanzar y que somos maravillosos tal cual somos, estaríamos más receptivos a los mensajes que llegan en forma de amor en este Universo. Porque el amor no entiende ni de comparaciones, ni de destinos a los que llegar… El amor es un sentimiento que llena tu cuerpo cuando uno se encuentra completamente receptivo y agradecido por lo que ES en ese justo momento. El amor no se percibe cuando uno tiene la vista puesta en un futuro supuestamente más prometedor o en conseguir cosas que uno cree que no tiene.

Triunfar, este es el tema. Triunfar, destacar, ser alguien más relevante que los otros. No poder soportar el hecho de que mi medida y mi estatura son iguales a las de los demás. Querer ser más, poder mirar desde arriba, escalar.

Si asumiéramos lo vulnerables que somos y que no podemos ser más que lo que ya somos por mucho esfuerzo que pongamos en ello…

Asumir nuestra carne y nuestros huesos, el hecho de que estamos expuestos a ser heridos y que un día nuestro cuerpo caerá por su propio peso siendo nuestra Alma y nuestra energía lo único que lata en el Universo… Asumir que somos como corderillos aunque a veces sintamos nuestro peso como el del elefante.

Humildad. No querer ser algo más. Amar a los demás sin querer adueñarse de una supuesta posición superior o inferior. Amar a los demás solo se puede dar desde la igualdad y, por tanto, sin miedo. Sin necesidad de crecerme para ser más poderoso que el otro y, así, evitar que me hagan daño. Sin necesidad de ponerme por debajo del otro para poder soltar sueños y responsabilidades y dejarlo todo en manos ajenas. Dejar que el otro mida lo que mida y saber que yo mido igual que él.

Aceptar lo que nos hace humanos para poder disfrutar de ello.

A mí me hace humana, echar de menos a la gente que quiero.

A mí me hace humana, tener miedo de lo que siento que es más grande que yo.

Me hace humana, disfrutar del Sol y dejar que me caliente.

Me hace humana el hecho de tener una mente que cuestiona todo automáticamente.

Mis piernas me hacen humana. Mi sexo me hace humana. Mi cara donde se encuentra la boca por la que como, los oídos por los que escucho y la nariz por la que huelo y entra el aire que respiro, también me hacen humana.

El hecho de que esté aquí por un período corto de tiempo, me hace humana.

Ser de la misma condición y naturaleza que la persona que tengo al lado, me hace humana.

Y, especialmente, no saber absolutamente nada, aceptarlo y disfrutar de ello, me da el total permiso de ser humana.

Dejar de querer saber más, tener más o ser más.  

Aceptar nuestra condición humana, rendirse en la lucha interna personal, postrarse ante lo que queda y, finalmente, DISFRUTAR.

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Como decía Albert Einstein: “La mente intuitiva es un regalo sagrado y la mente racional una sirviente fiel. Hemos creado una sociedad que honra a los sirvientes y que ha olvidado los regalos”. Hoy comparto contigo tres regalos nacidos de la intuición. Y es que cuando el Alma habla, la mente calla.

Taller de la Felicidad

Hace un par de semanas ofrecí un taller en la ONG que acoge a los inmigrantes en la ciudad de Elche, Elcheacoge. Allí, estuvimos hablando sobre cómo abrazar a la realidad del día a día, dar la bienvenida a todo lo que somos y encontrarnos un poco más en paz con los estados, las emociones y los acontecimientos que van llegando a nuestras vidas.

Tras el taller escribí un pequeño (o largo, según se vea) resumen de todo lo visto. Me da la sensación de que en este texto puede que se traten los temas un poco por encima ya que es solo un resumen y hay puntos que estuvimos desarrollando más a fondo. Sin embargo, quizás pueda serle de utilidad a alguien y por este motivo lo quiero dejar aquí publicado. También, y para ser sincera, me quedo más tranquila sabiendo que ya he publicado todo lo que sé o creo saber : ) y así ya puedo dedicarme a publicar lo que me apetezca o aprenda en cada momento del presente y no publicar aprendizajes que obtuve en el pasado y que, aunque ahora me siguen sirviendo, ya no me divierte tanto escribir sobre ellos.

Dejo, a continuación, expuesto todo lo que vimos en el taller. Todo lo expuesto es lo que me ha servido a mí de guía y de apoyo en este inesperado y desconocido camino que se abre ante nosotros cada mañana:

“Bien, comencemos tal cual lo hicimos en el taller. Te invito a que tú, junto a mí, reflexiones sobre todo aquello que exponga a continuación. Te invito no solo a recibirlo, sino también a cuestionarlo, a desarrollarlo junto a mi, a aplicarlo a tu experiencia.

Desde mi punto de vista, todos andamos locos buscando “la felicidad”. Sabemos lo que es ser felices porque lo hemos experimentado en diferentes etapas de nuestra vida o porque, de repente, hay días que nos levantamos así de la cama; o porque hay veces, que algo positivo nos ocurre y enseguida estamos en ese estado que tanto nos gusta de felicidad.

Ahora bien, no siempre nos encontramos felices, no siempre las cosas salen como nos gustaría… y es aquí donde está la clave. ¿Por qué siempre tenemos que estar felices? ¿Por qué tiene que salir todo de la forma que creemos que sería la correcta? Tenemos que entender que vivimos en un mundo de opuestos, en un mundo donde hay cielo y tierra, donde hay frío y calor, luz y oscuridad, estados de ánimo altos y estados de ánimo bajos y donde hay cosas que salen como nos gustaría y cosas que no. Los problemas de depresión o estados de ánimo bajos constantes vienen de nuestra obsesión de buscar y querer solo el lado positivo, el lado de la luz y la alegría, sin habernos parado antes a observar por un momento qué es aquello que nos está ocurriendo cuando no nos encontramos tan bien. La infelicidad constante viene de no saber aceptar que, como seres humanos, tenemos ciclos en los estados de ánimo; que, como seres que viven en este planeta, todas las cosas que ocurren no siempre van a ser como a nuestra mente le gustaría.

Hemos oído muchos cuentos de hadas, príncipes y princesas; y cuando salimos a la calle todo el mundo a nuestro alrededor sonríe. A todo el mundo parece irle bien de cara al exterior, sin embargo, de cara al interior nos guardamos todos aquellos sentimientos que no están bien vistos por la sociedad y por nosotros mismos. Nos reprimimos, reprimimos todo aquello que no nos parece bello o maravilloso, nos reprimimos y esto es lo que nos lleva a no ser felices.

Ser feliz, desde mi punto de vista, es saber ABRAZAR la realidad, la realidad de opuestos; es entender al mundo y a nosotros como lo que somos y NO FORZAR que las cosas sean de otra manera. Es dar la bienvenida y aceptar la vida como es para así, poder actuar desde un punto de vista más abierto a nosotros y a lo que nos rodea.

Bien, ¿cómo puedo abrazar la realidad? ¿cómo puedo ser más agradecido con todo lo que tengo? ¿cómo puedo respirar libremente entre el caos que surge de los opuestos? ¿cómo puedo salir del sueño de que todo tiene que ser bonito y de color de rosa?

Para abrazar la realidad tal como es, necesitamos salir de los pensamientos constantes de nuestra mente que nos llevan al futuro y al pasado constantemente. Para abrazar la realidad, para abrazar lo que está ocurriendo en el momento presente sin intoxicarlo con pensamientos, miedos u exigencias, necesitamos eso: estar en el presente. Es decir, necesitamos enfocarnos en nuestro ESTADO.

ESTADO

La mente es muy individualista y está limitada. Por un lado, de TODO lo que está ocurriendo ahí fuera (la realidad), nuestra mente solo recoge una pequeña parte, tan sólo un 20% aproximadamente. Es decir, lo que yo veo de la realidad no tiene nada que ver con lo que otra persona está viendo. La mente de cada uno de nosotros es INDIVIDUALISTA, solo nuestra; y la información que recoge es INDIVIDUALISTA, solo nuestra. Cada uno de nosotros, entendemos la realidad de diferente manera según nuestra mente. Y nuestra mente está compuesta solo y exclusivamente por cosas del pasado: lo que hemos vivido y lo que nos han enseñado.

Por tanto, si yo decido ver la realidad desde mi mente y comunicarme con los demás desde mi mente; lo haré desde el pasado y desde un punto de vista muy limitado. ¿Qué podemos hacer entonces?

Lo que vamos a hacer es bajar de nuestra mente hasta la zona del vientre, es decir, vamos a conseguir que nuestros pensamientos y nuestra voz interior se relaje para que así podamos estar más presentes en la realidad. ¿Cómo?

Para venir al presente, para llegar a un estado de observación más amplia y natural, el mejor vehículo que tenemos es nuestro cuerpo. Nuestra mente puede viajar al pasado y al futuro, sin embargo, nuestro cuerpo SIEMPRE está en el presente.

Así, conectar con nuestro cuerpo es la vía más rápida para conectar con el presente. Las vías para conectar con nuestro cuerpo pueden ser las siguientes:

–       Realizar ejercicios de relajación. Respirando profundamente empezar a conectar con cada una de las partes de nuestro cuerpo, con los puntos de la Tierra que nos sostienen y con todo lo material que nos rodea hasta que nuestro corazón se relaje y nuestros cinco sentidos se despierten en una realidad que percibiremos de forma más tranquila.

–       Masajear nuestro cuerpo, simplemente tocarlo para que despierte y bajemos de la mente a lo real, a lo presente.

–       Realizar ejercicio físico de manera consciente, es decir, conectando con las partes de nuestro cuerpo, escuchándolas, cuidándolas. Ejercitándolas todo lo que ellas necesiten. Quizás un día les baste con estirar y otro día necesiten largas y enérgicas caminatas.

–       Simplemente cambiando la postura corporal. Cuando te sientas preocupado por algo, obsérvate. ¿Qué puedes cambiar en tu postura que te abra más al presente? Quizás poner la espalda más recta, los pies bien extendidos en el suelo, abrir el pecho, subir la barbilla… Un pequeño cambio en la postura nos da grandes cambios en como vemos la realidad.

Hay veces que la mente nos está hablando tanto que conectar con el cuerpo es complicado incluso haciendo los ejercicios que hemos comentado. En esos momentos, podemos utilizar un gran tesoro que nos rodea que es la naturaleza. La naturaleza está hecha “del mismo material” que nuestro cuerpo y ella también siempre vive en el presente. Siéntate junto a un árbol, junto a un río… respira hondo y obsérvalos. ¿Cómo sería ser un río? ¿Cómo siente un árbol? Observa, respira, conviértete en árbol, en pájaro, en mar; relájate.

Desde este punto de relajación, cuando nuestra mente queda calmada, es cuando podemos observar de nuevo. Nos damos cuenta como antes de hacer estos ejercicios de relajación, habíamos estado completamente cerrados, enfocados y perdidos pensando en un problema. Después de estos ejercicios de conectar con el presente y de relajación, podemos ver el supuesto problema desde fuera, con muchísima más perspectiva y apertura. Podemos ver la realidad de una manera amplia y global y no de manera individualista y condicionada como lo hacemos normalmente desde la mente. Así, abiertos, presentes, es como conseguimos conectar con los recursos que hay ahí fuera y con nosotros mismos que somos el único vehículo para el cambio.

HISTORIA

Como hemos visto, si empezamos a vivir la vida desde la zona del vientre (desde el presente) y no desde la mente, tendremos más fácil acceso a todos los recursos. Recordemos el ejemplo de los 10 euros en el suelo, solo las personas que se consideraban a ellas mismas como afortunadas vieron el billete. Las personas que se consideraban desafortunadas no lo vieron (debían estar muy preocupados con sus cosas) ¡y el billete siempre estuvo ahí! Esto nos enseña como tenemos que salir de la cabeza y dejar de pensar en los problemas; lo que tenemos que hacer es abrirnos más al presente para ver todos los recursos y los tesoros que nos rodean. Una vez nos acostumbremos a vivir desde el vientre, desde el presente, desde nuestro cuerpo; entonces el corazón se sentirá en un lugar seguro para abrirse, expresar y guiarnos. Somos nosotros, con nuestro cuerpo, los que tenemos que darle un hogar al corazón donde él pueda indicarnos el camino.

Aunque hasta el momento hemos hecho hincapié en que lo más importante es calmar a la mente, es importante saber que ella es necesaria en nuestro día a día. La mente es la que nos dice que no toquemos el fuego porque quema o la que nos recuerda donde está la casa en la que vivimos. La mente también nos ayuda a entender lo que ocurre ahí fuera (aunque de manera limitada). Así, por mucho que vivamos la vida desde el presente (desde el vientre), también necesitaremos subir a la mente para saber qué está pasando ahí fuera.

Por ello, porque la mente es un lugar que visitamos muy a menudo (normalmente, mucho más de lo que nos beneficia), es necesario que tengamos una mente sana, una mente que nos impulse, que nos ayude a encontrarnos bien. ¿Cómo podemos tener una mente sana? Necesitamos alimentar a nuestra mente con pensamientos positivos y de ideas que nos hagan ver la realidad con mayor cariño y aceptación.

–       Antes de dormir, escribe en una hoja o di para tus adentros, todo aquello que has hecho hoy que te ha hecho sentir bien. Recuérdate a ti mismo todo aquello que te ha hecho sentir feliz durante el día, aunque fuera solo por un minuto. Por ejemplo, “esta mañana salí a pasear y respiré aire fresco” o “sonreí a un niño pequeño que encontré en el supermercado” o “me preparé una comida sana y muy rica que me hizo sentir bien”. Otra opción es enumerar las cosas por las que damos gracias como la cama en la que me encuentro, las palabras de cariño que alguien me ha dicho, que hay paz en el país en el que me encuentro, que tengo unos vecinos agradables… Se trata de alimentar a nuestra mente con pensamientos positivos que nos impulsen al día siguiente a repetir todo aquello que nos hace sentir bien y a apreciar aún más las cosas que nos han sido dadas.

–       Entender que los seres humanos tenemos 6 necesidades básicas (seguridad, variedad, amor, significancia, crecimiento y contribución) y siempre actuamos con la intención positiva de cubrir alguna de ellas. Comprender que nadie tiene intenciones negativas sino carencias emocionales o de seguridad que buscan cubrir de la única manera que saben. (más información sobre las 6 necesidades en el ANEXO al final de este post)

–       Recordarnos que el mapa (la forma en la que cada uno de nosotros vemos el mundo y la realidad) no es el territorio (la realidad) para poder comunicarnos mejor con los demás. Así, cuando alguien reaccione de una manera inesperada a algo que nosotros hayamos hecho, no nos lo tomaremos como algo personal (visto desde la mente) sino como algo de la otra persona, de su historia, su educación, su pasado, su mapa del mundo. Y, así, entenderemos que el mundo no es como yo lo veo (como lo ve mi mente) ni como lo ve la mente de los demás; el mundo es algo mucho más amplio, más presente, que conseguimos captar un poco más cuando conectamos con el presente.

–       Saber ver que como seres humanos tenemos muchas emociones diferentes. Entender que todas ellas son buenas y han venido a mí por algo. Dejar que esas emociones se expresen a través de mí. No reprimir nada. Si estoy muy triste, puedo apagar las luces y ponerme a llorar; si estoy enfadado, descargar la rabia con un cojín o salir a correr; si me siento contento, mostrar abiertamente mi sonrisa, silbar, cantar… Darle la bienvenida a las emociones, expresarlas, dejarlas fluir, todas son buenas, hacer arte con ellas: bailar, escribir, pintar, cantar…

Las mejores maneras de alimentar nuestra mente son sabiendo como funciona y dándole mensajes positivos. Podéis encontrar más “alimentación sana” para vuestra mente leyendo a Jorge Bucay o Eduardo Punset. También podéis buscar en youtube vídeos de Tony Robbins (parte del contenido de este post lo he aprendido de él) o podéis leer blogs personales de gente que exprese libremente sus pensamientos y sentimientos.

ESTRATEGIA

Una vez he trabajado en mi estado (sentirme tranquilo, relajado, en el presente) y he educado a mi mente a ver la vida de una manera más amplia y menos individualista, puedo trazar una estrategia que me ayude a conseguir mis objetivos.  Por tanto, si quiero alcanzar un objetivo en mi vida:

–       Primero me relajo, busco tiempo para mi ya que entiendo que yo voy primero, antes que nadie. Esto tiene sentido, ¿no? Si soy YO el que quiere conseguir algo y el que va a pensar como conseguirlo; necesito invertir primero en mí, en darme lo que necesito, en relajarme, ¿si no cómo lo voy a conseguir?

–       Una vez me encuentro relajado y me he dado a mí mismo lo que necesito (naturaleza?, soledad?, quedar con amigos?, bailar?…), tomo asiento para pensar qué es lo que quiero conseguir y porqué. Por ejemplo: “quiero conseguir trabajo porque eso me ayudará a sentirme más tranquilo en el día a día y poder disfrutar más de mis ratos libres en la vida”

–       Trazo una estrategia. Pienso diferentes opciones, establezco pasos para llegar a cada una de las diferentes opciones, hago una línea temporal que me ayude a ir un ritmo ligero pero que sea realista y no ejerza demasiada presión que pueda agobiarme y bloquearme.

–       Comienzo a desarrollar la estrategia sabiendo ser flexible y entendiendo que habrán cosas que salgan como yo quiero y otras que no. En caso de salir de la manera que yo no deseaba, respiro hondo, bajo a la zona del vientre (presente) y observo lo ocurrido desde ahí para establecer los siguientes pasos o un cambio de rumbo si fuera necesario. Si, al no haber salido las cosas como quería, llegan emociones fuertes, LAS EXPRESO mediante arte (bailo, pinto, escribo…) o simplemente estando en soledad (lloro, grito, …); dejo que salgan las emociones sin juzgarlas. Dejo que todo salga, me libero y entonces, relajado, vuelvo a conectar con mi centro (mi vientre) y con el presente para idear los siguientes pasos.

Así, vemos como para establecer cualquier estrategia o tomar cualquier decisión, en lo primero que nos tenemos que enfocar es en nosotros mismos. ¿Qué necesito? ¿Qué me hace sentir bien a mi? Y de ahí, una vez yo me encuentre bien de verdad, puedo, no solo beneficiar mi vida eligiendo mi camino y mis pasos, sino que también los demás se verán beneficiados al sentir mi bienestar.

APLICACIÓN EN LA BÚSQUEDA DE EMPLEO

Toda la teoría y las pautas que vimos en el taller nos sirven para todas las áreas de la vida. Veamos algunos ejemplos aplicados al ámbito de la búsqueda del empleo:

–       Lo primero de todo, antes de ponerme a buscar trabajo, es darme un tiempo para mí, ¿qué necesito? ¿qué me hace feliz? Parar un poco, relajarme, bajar de la mente a mi cuerpo. Lo primero es conectar con nosotros mismos para dejar que la mente baje su volumen y no nos asuste más hablando del pasado o de lo que pueda pasar en el futuro. Lo primero es darme un tiempecito a mí, a cuidarme, a respirar y poner los pies en el suelo.

–       Una vez me encuentro bien y relajado estoy abierto a explorar los recursos que hay ahí fuera. No solo estaré más despierto a la hora de poder encontrar ofertas de empleo sino que también, al estar tranquilo, quererme y confiar más en mí, podré trazar una estrategia con mayor sentido común y que me abra a más posibilidades. En este momento, nos sentamos, pensamos posibilidades varias (por ejemplo: montar algo yo, trabajar para otros, trabajar sin remuneración para darme a conocer, ampliar mi círculo de amistades para tener un mayor número de contactos…). Dejamos que las ideas fluyan, sin juzgarlas, imaginando lo más posible e intentando salir un poco de lo que siempre hemos pensado antes. Luego, analizamos cada una de las ideas/objetivos, descartamos si alguna no nos vale y hacemos pequeños pasos para las que sí nos valgan.

–       A la hora de entregar un curriculum y hablar con quien me vaya a contratar, es importante que estemos presentes en el momento. Es decir, antes de hablar con esa persona, respira hondo, mira el espacio en el que te encuentras y conecta con él. ¿Cómo es el lugar en el que estoy entrando? ¿Cómo se encuentra la persona a la que le voy a hablar? Se trata de sentir un poco “el ritmo” del lugar y de la persona y adaptarnos a él.

–       Antes de entrar a un lugar a buscar trabajo es importante que sepas cuánto vales, enumera para ti mismo todas las características que te hacen válido para el puesto. No vas a engañar a nadie, tú sabes que si te dan el empleo vas a trabajar al máximo, sabes que eres responsable y trabajador. Conecta con el hecho de que si esa persona te contrata, esa persona estará contenta en un futuro de haberlo hecho. Solo recuérdate a ti mismo lo que vales antes de entrar y te será más fácil transmitirlo.

–       En caso de que ese puesto que fuiste a buscar no te sea dado, sé realista, no pasa nada, todos sabemos como está el mercado. Eso no quiere decir que no hayan puestos de trabajo. ¿Recuerdas a las personas que sí encontraron el billete de 10 euros? Así tenemos que ser, estar despiertos y no desanimarnos. Con el ánimo alto encontraremos muchas más oportunidades que con el ánimo bajo. Aún así, es normal que nos desmoralicemos de vez en cuando. Cuando esto ocurra, ya sabes, no lo reprimas, exprésalo. Date tu tiempo y tu forma natural de expresión: llora, enfádate, vete solo o date lo que necesites. Siempre en un ambiente seguro que no afecte a los demás y que a ti te de esa libertad de expresar.

–       Mantén siempre los pies en la tierra, allí es donde están las oportunidades, intenta no subir demasiado a los pensamientos de la cabeza. Sigue intentándolo, siempre cuidándote y queriéndote a ti primero.

ANEXO: LAS 6 NECESIDADES DEL SER HUMANO

Además de preguntarnos a nosotros mismos como nos encontramos por dentro, hay otras preguntas que nos pueden ayudar a entender las decisiones que tomamos y la forma en que las acometemos.

Ante todo, en este punto (y en todos), lo importante no es solo que te entiendas sino que no te juzgues. Imagina uno de esos momentos en los que estás pensando en una acción o comportamiento que tuviste en el pasado y de la cual te arrepientes porque consideras que no fue adecuada u oportuna. En estos casos, muchas veces nuestra mente comienza a bombardearnos con las preguntas: ¿Y por qué? ¿Por qué lo hice así? ¿Y por qué no lo hice de esta otra manera? ¿Cómo no se me ocurrió decir o hacer tal otra cosa? Así, comenzamos a dar vueltas como una ratita dentro de una rueda; desgastamos nuestra mente, perdemos tiempo y energías, dañamos nuestro corazón y autoestima y al final del proceso no hemos llegado a ninguna conclusión.

Hay una pregunta mucho más práctica que te ayudará a entenderte mejor en estas situaciones:

¿Qué quería conseguir cuando hice ____?

Uno de los principios que más me gusta de la PNL dice así: “todos tenemos siempre una intención positiva haga lo que haga en cada instante de la vida”. Esto es que, cuando hacemos algo de una determinada manera, siempre es porque considero que de ello saldrá algo positivo para mi ser o para el mundo en el que vivo, es decir, siempre es para cubrir una necesidad intrínseca al ser humano. Así, cualquier acción o pensamiento irá a cubrir una de las 7 necesidades básicas del ser humano: 1.seguridad 2.variedad 3.significancia 4.conexión con los demás u amor 5.crecimiento 6.aportación.

  1. Seguridad: es lo primero que las personas buscan para evitar el miedo o, por lo menos, para estar en una zona de comfort. Queremos estar seguros financieramente, seguros de que nuestro cuerpo está sano, seguros que nuestros familiares se encuentran bien, seguros de tener un lugar donde dormir y qué comer, seguros de que la opción que tomé es la correcta…
  2. Variedad: la primera necesidad es la de seguridad pero ¿qué ocurre cuándo todo nuestro alrededor es completamente un terreno seguro? ¡Nos aburrimos! A todos nos gustan las sorpresas  y necesitamos incorporar a nuestras vidas diferentes toques de color que nos saquen de la rutina.
  3. Significancia: cada uno de nosotros tiene la necesidad de sentirse importante, único, especial, indispensable… Así, buscamos destacar en el trabajo o teniendo un rol importante en el ámbito familiar o siendo los mejores organizadores de eventos…
  4. Conexión y amor: estamos hechos para recibir amor y necesitamos de él para vivir. ¿Sabías que un bebé al que no se le da calor humano al nacer tiene muchísima más probabilidad de morir que al que sí se le da contacto humano? En el día a día buscamos ese amor o conexión que nos hace sentir vivos y pertenecientes al mundo en el que estamos; necesitamos abrazos de los que nos rodean, rezar y sentir que hay alguien ahí arriba que nos quiere y protege o pasear por la naturaleza para conseguir un estado de total conexión con el mundo.

Hasta aquí no hay ser humano que viva sin buscar estas cuatro necesidades, nos las apañaremos de la forma que sea hasta conseguirlas.

Así, podemos aproximarnos a entender a las personas que son violentas. Personas que debido a su cultura, circunstancias, pocos recursos en inteligencia emocional y sobretodo, falta de haber recibido el amor (la cuarta necesidad) o falta de no haber sabido recibir ese amor; buscan de forma desesperada satisfacer las tres primeras necesidades. Por ello, apuntan con una pistola para conseguir esa seguridad (“sé que responderás”), la variedad y la sorpresa de qué pasará en los próximos instantes y la inmensa significancia que ese acto les va a dar. Como veis, por duro que sea, se puede llegar a comprender el motivo de cualquier comportamiento.

Hay dos necesidades más que sobrepasan las necesidades básicas de la personalidad y pasan a ser necesidades del espíritu, aquellas que nos hacen desarrollarnos y sentirnos plenos cada día.

  1. Crecimiento: si no crecemos, morimos. Cada uno busca diferentes maneras de crecer: aprender para ser mejor cada día, leer libros que nos inspiren y nos reten, practicar ejercicios que nos ayuden a estar mejor con nosotros mismos… Y, aunque quizás no te hayas dado cuenta, siempre que tenemos la necesidad de crecer, es con el objetivo de contribuir en este mundo.
  2. Contribución: dar a los demás, aportar al entorno, crear un mundo mejor es aquello que más nos enriquece. Es una doble fuente de riqueza espiritual que se retroalimenta; cuanto más das al exterior, más recibes y gracias a lo que recibes más puedes aportar al exterior.

En conclusión, cuando hago algo de una determinada manera, siempre es porque considero que de ello saldrá algo positivo para mi ser o para el mundo en el que vivo, es decir, porque estoy necesitando seguridad, variedad, significancia, amor, crecimiento o contribución. Por tanto, si yo me hago la pregunta crítica de ¿Por qué se me ocurriría hacer ese comentario en la cena de mis amigos? o ¿por qué volví a llegar tarde otra vez a aquella reunión?, a primera vista pocos motivos vamos a poder sacar. Sin embargo, si nos preguntamos, ¿qué era lo que necesitaba y quería obtener, qué quería conseguir cuando hice o dije aquella determinada cosa en aquel lugar? Entonces, analizando, podemos darnos cuenta de que quizás en ese momento estábamos cubriendo una de nuestras necesidades básicas. Por ejemplo, podemos encontrar que yo actué de determinada manera porque buscaba “amor” o “sentirme parte del grupo” o “corroborar que soy una persona significante e indispensable”. Así, pongo el foco en mi necesidad y toda la inmensidad de opciones que tengo para cubrirla y no me centro en juzgar el acto en sí. Por tanto, ahora podré pensar qué haré la próxima vez que sienta la necesidad de “amor”. Quizás concluya que antes de llegar al punto de hacer comentarios que preferiría evitar en medio de una cena de amigos, escucharé mucho antes mi necesidad, buscaré a una amiga y le pediré un abrazo”.

SILENCIO

Las palabras no me sirven. En ocasiones me acercan a las personas. Ahora no me sirven.

El silencio, ¡cuantísimo lo aprecio!

Ruido.

Soledad.

Incomprensión.

Silencio, solo quiero estar en silencio. Ojalá tú también pudieras.

En el silencio puedo mirarte tranquilamente a los ojos. En el silencio siento tu energía bailar a nuestro alrededor. En silencio mi respiración se une a la respiración del universo.

Ojalá existiera un mundo en silencio. Así, tú podrías decirme cuánto me quieres sin mediar palabra. Así, yo podría pedirte perdón sin utilizar la voz.

Silencio, paz, la cura definitiva. Silencio, cuánto te quiero.

Silencio, en el silencio no hay preguntas. El silencio es la respuesta a la no pregunta. Silencio, ¡qué paz, qué sencillez!

Silencio interno. Calidez en mi interior.

Silencio, no sabía cuantos regalos me traerías.

Silencio, por fin no me das miedo.

Silencio, me abro a ti. Dame tus dones, silencio. Enséñame. Yo no sé nada, solo sé palabras. Silencio, yo no sé nada, solo sé palabras.

Silencio, me entrego. Me entrego, silencio. Me entrego a no saber, me entrego a las no palabras, me entrego a la oscuridad del comienzo de un camino. Me entrego a no saber nada.

Silencio, eres el guía cuando estoy perdida. Silencio, silencio, ojalá pudiera estar siempre en silencio. En silencio interno, en completo silencio.

Observarte, vivir contigo, amarte con mi silencio. Dejarte gritar, saltar, chapotear, enfurruñarte, amar en estados extremos. Dejarte cantar, bailar hasta llegar al éxtasis estando yo a tu lado, en un profundo silencio. Que te muevas y seas libre, que pasees con los pies descalzos sobre la arena, que te sumerjas en las aguas frescas del océano, que escondas la cabeza y abras los ojos a la inmensidad que te rodea. Que descubras los peces de colores, las medusas y las algas verdes. Que nades, que seas libre, que te fundas y te confundas envuelta por la naturaleza. Que vivas, que respires, que seas tú, que yo sea como el agua del mar en la que puedes penetrar dejándote sanar. Que yo sea el agua del mar que haga entrar en tu mente preciosos tesoros marinos, que mi silencio sea tu respuesta, que mi respuesta seas tú.