El centro de mi pecho

Acostumbraba a darle al otro mi corazón, de tal forma que creaba una dependencia con la otra persona pues yo me quedaba vacía.

Lo hacía por dos motivos que me eran inconscientes: quería que fuera otro el que cuidara de mí y quería asegurarme que dándole algo mío habría una cadena que nos mantuviera unidos.

Entiendo, poco a poco y paso a paso, que para que haya amor, éste debe ser libre, debe fluir, debe ser decidido por ambas personas a cada nuevo momento. Asusta pero es lo que caracteriza a algo tan bello, fluido y vivo como es esto.

También entendí que el otro es incapaz de cuidar lo más profundo de mi alma y que acariciarme y escuchar mis anhelos más internos tenía que venir de mí primero.

Ahora me digo a mí misma que cuánto más cerca quiera estar del otro, más cerca he de estar de mí. Cuánta más intimidad quiera con el otro, más intimidad he de tener conmigo misma. Cuánto más quiera que el otro cuide de mí, más he de cuidar yo de mi misma. Solo puedo alcanzar al otro hasta lo mucho o poco que me haya alcanzado amar a mí.

Y así mi intención ya no es darle mi corazón a alguien, sino nutrirlo tanto que me alimente a mí y a cualquiera que se acerque libremente y con amor al centro de mi pecho.

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Ilustración personal

MUJER ORGÁSMICA

Queridas mujeres del mundo,
nos han arrebatado nuestro cuerpo,
impedido contactar con el anhelo,
coartado la libertad de exaltación,
acallado la líbido,
amordazado el deseo,
silenciado los gritos de placer,
aniquilado nuestras danzas,
ocultado nuestro poder de sanación.

Queridas mujeres,
se nos quiso pequeñas,
sumisas, calladas;
delgadas, pálidas,
débiles, vacías, congeladas,
inertes.

Queridas,
queridas mujeres que habitan
dentro de ese cuerpo de mujer;
salid de aquel pequeño
sitio que os dejaron y abarcar
ahí fuera todo vuestro espacio.

Expandíos más allá, llenaos
de aire, de alimento, de alegría;
repartid el amor que se desprende
de vuestro curvilíneo movimiento
y escuchad el grito instintivo
y salvaje que rasga
vuestro corazón.

Queridas mujeres,
sentid ya, sentíos ya,
llorad a mares,
gritad de placer,
cread hogueras,
cantad,
elevad vuestra consciencia
hasta donde solo ella
pueda llevaos.

Y gemid. Y gozad.
Y dejaos regad
por los infinitos latidos
de cada orgasmo.

2

Pintura de Inés Honfi

La luna, los niños y el amor por lo que hago

Miro a esta página en blanco y me pregunto cómo haré para que en ella entre toda mi energía, todos mis deseos, mis sueños, mis anhelos, mis ganas de expresar. Hoy es noche de luna llena y aunque me siento exhausta después de un día de actividad, ruido, polvo y calor; de alguna manera tengo la necesidad de sentarme en la mesa del escritorio.

He encendido una nueva vela que compré hoy en una tienda, he prendido un incienso con olor a rosas y música tranquila suena en el altavoz que tengo a mi derecha. Desde el balcón puedo ver la luna, el ventilador alivia el calor de estos días de verano en el norte de la India y esta mesa y sillas hechas de mimbre no pueden ser más afines a lo que me gusta en cuanto a mobiliario se refiere.

Aquí estoy, en esta habitación. Sola. Honrando estos momentos de escucha personal y de conexión conmigo misma. De alguna manera, también estáis aquí vosotros, los que me leéis pues sé que, muy probablemente, este texto vea la luz de ahí fuera.

Y me pregunto: ¿Qué contaros? ¿Qué podría compartir con vosotros?

Ayer retomé de nuevo mis clases de danza consciente. Alquilé un espacio muy especial, en la planta más alta de un edificio dedicado al yoga. Llegué, como siempre, una hora antes para poder tener el espacio limpio y preparado para quien fuera a presentarse en la clase.

Limpiar no es una actividad que suela disfrutar pero, la verdad, hay algo especial cuando limpio una sala antes de que llegue la gente. Me parece un acto que forma parte de un ritual, es como si quisiera honrar a esas personas que van a llegar, como si estuviera preparando el espacio para algo sagrado y valioso que fuera a comenzar en los próximos minutos. Así que lo hago con cariño, con amor. Paso la escoba, limpio los muebles, preparo la música, decido dónde estará el altar, prendo la vela y, por último, el incienso. Con el incienso recorro tres veces la habitación; me paro especialmente enfrente de las imágenes de deidades y frente al altar. Doy gracias a la vida por ponerme al servicio de lo que los demás necesiten y me centro en las personas que están a punto de llegar. Observo sus corazones antes incluso de haber visto sus caras y me preparo para que haya algo mucho más importante que yo: aquello que vaya a suceder en la sala.

Así que la gente entra, la gente se presenta y el espacio se empieza a llenar de gente, de expectativas, sueños, cansancio, ilusión, metas, sensaciones… Y entonces, la clase ocurre. Se hace sola.

No hay lugar donde me sienta tan confiada como en este tipo de encuentros. Las palabras salen solas y fluyen. No hay miedo, todo son experiencias y esas personas que llegaron de diferentes puntos de la ciudad comienzan a tejer historias entre ellas, los movimientos de unas afectan a los movimientos de las otras y, aunque los ojos de la gran mayoría estén cerrados, es como si las almas de las personas de la sala estuvieran danzando en círculo y en total sincronía las unas con las otras.

Hay tanta divinidad en aquello que por naturaleza somos…

Y nuestras manos se unen al final de la clase; en silencio y complicidad entre todos los que hemos formado parte. Y nos abrazamos.

Y hoy, amanezco, y es el cumpleaños de un niño muy especial para mí. Y, entonces, nos vamos ocho niños y yo a celebrarlo a un restaurante. Y les miro a todos y pienso: “¡Cuánto han crecido!” Y, entonces, pienso: “¡Cuánto he crecido yo!”

Y nunca hay un momento en el que no sienta gratitud por haberles encontrado, por poder construir un futuro juntos. Bien sea que estemos lejos o cerca; hay una semilla que yo he plantado en todos ellos. Y sus semillas, ¡ay sus semillas!, ya son árboles dentro de mí.

Y esta labor de ser profesora, mentora, de ser un ejemplo para los más pequeños es algo tan valioso; tan importante. Los niños pueden respirarte, sentirte y escucharte sin que tú digas una mínima palabra. Ellos te conocen, te captan, te leen en la mirada, en tus gestos, en tu forma de caminar.

¿Qué les queremos contar?

¿Qué les queremos contar si ellos lo saben todo? Por eso mi camino es mío y sé que lo mejor que puedo hacer por ellos es quererme yo. Que de ese amor ellos se nutren, se inspiran, se llenan de confianza hacia un futuro más prometedor. Un futuro en el que uno puede ser adulto y mantener su frescura, su espontaneidad, su juego y una sensatez basada en lo que uno siente profundamente en sus adentros.

Por eso me encanta esta labor que tengo como mentora, profesora, madre o como lo queramos llamar; porque es especial estar rodeada de personas que todavía sueñan, que abren sus ojos como platos porque lo quieren observar todo, que lloran tormentas y dan a sus enfados rienda suelta.

Son mis maestros, mis joyas; son tesoros.

Y si algo he aprendido en este último año ha sido a soltar. A dejarles ser. A entender que se crucen o no se crucen nuestros caminos; ya lo hemos compartido todo. Porque hasta un segundo basta para dar TODO de nosotros a los demás. Una sola mirada sincera, un momento de conexión… eso el niño lo capta y lo toma para sí.

Así que aquí estamos, en Rishikesh, felices. Yo y todos sus habitantes. Que no es que todo el mundo aquí esté feliz pero así están los ojos que les miran.

Y río, y lloro de emoción, y, a veces, se me atascan algunos pensamientos. Pero todo está bien.

Mi vela derrama su cera sobre la mesa de mimbre; justo cuando pensaba acabar este texto. El viento de fuera agita la puerta del balcón. La luna sigue en el cielo mirándonos. Y el ventilador me alivia. Alivia los treinta y pico grados de una noche de verano. “Buenas noches” os escribo con el teclado de mi ordenador. Buenas noches, muy buenas noches a todos.

BUSCANDO UN PARAGUAS

A un día de mi 30 cumpleaños me siento así: BUSCANDO UN PARAGUAS.

¿Sabéis esos grupos de turistas que van siguiendo a un guía que usa un paraguas de colores para que la gente pueda verle con facilidad? Sí, esos grandes grupos de chinos y/o japoneses que van siguiendo a la manada y mirando hacia la derecha y hacia la izquierda según indique el aparato de audio que llevan en sus cabezas…

Sí, bueno, la realidad es que justo me refiero a eso. He debido perderme del grupo. Aquí no hay nadie que me diga hacia dónde tengo que mirar, ni escucho indicaciones claras a través de los oídos. Tampoco veo un paraguas de colores que me indique dónde debería estar mi lugar ni qué sitios, atracciones o monumentos debería estar atendiendo con mi mirada.

Soy libre, señores. Soy libre.

Y menudo vértigo da dicha expresión. Toda la vida ansiando comerme el mundo hasta que llega el día en que te das cuenta que no hace falta que ansíes nada porque ya te has comido buena parte de él.

¿Y por qué tanta ansia, entonces? ¿Por qué tantas ganas? ¿Y, hablando de todo un poco, hacia dónde he de tirar?

A un día de mi 30 cumpleaños me siento así: un poco -solo un poquito- PERDIDA.

¡Ché! Y yo que me sentía tan orgullosa de mí misma por estar creando un camino propio y por tener la valentía de mirar el mundo con mis lindos ojos. La misma, yo, la valiente… perdida… ¡Pues vaya chasco!

Creo que me tengo que quitar el traje de heroína porque empiezo a creer que, el hecho de ser libre, no implica que vaya a ocurrir gran cosa. Simplemente, ahora puedes decidir pero, no te creas, por muy libre que seas las limitaciones forman parte de tu naturaleza.

Sí, limitaciones como el tiempo, la edad, el coste de oportunidad que supone hacer algo y tener que sacrificar otra cosa a cambio, la capacidad limitada de los pulmones o del estómago, las horas necesarias de sueño, las distancias físicas… Existen los límites por mucha libertad que quiera yo encontrar. Soy una mujer libre y, jodidamente, limitada. ¡Qué putada!

Pues sí, me fastidia. Me fastidia porque siempre he querido tenerlo todo. Porque no fue casualidad que me leyera el libro de El Alquimista tres veces seguidas cuando era adolescente. Porque siempre he creído en los sueños y en los destinos, porque conozco el potencial y creo en la capacidad del ser humano para llegar bien lejos.

Pero en algo me he equivocado y es en creer que el ser humano, tan sólo él y por sí mismo, puede alcanzar las estrellas. Y no, no es así. Estamos interconectados, somos parte de algo que vive en nuestro interior y, a la vez, nos supera; somos una pieza de un puzzle, tan solo somos humanos; vulnerables y limitados.

Por eso, a mis ya casi 30 años cumplidos; he de decir que me siento hoy en la silla de la decepción. Aunque sea solo por un ratito. Y es que, ¿quién me he creído yo para querer tocar el cielo? ¿Es que no sé de sobra la cantidad de factores que han de acompañarme a mí hasta esa elevada llegada?

“Ay,…” – me digo a mí misma- “con lo que has sentido en tu interior, ¿cómo puede ser que hagas a tus ojos ciegos y a tus oídos sordos? Si sabes que toda esa alegría que buscas, todo el sentido que te va a motivar y todo el amor que mereces; se encuentran dentro de ti misma. ¿Por qué intentas encontrar un paraguas de colores cuando en esto de la vida tan solo estás tú? Tú y las huellas que has dejado. Tú y todo lo que ya has caminado. Tú y todo lo que el Universo ha sembrado en tu interior y te muestra ahí fuera en modo de personas, circunstancias y relaciones. Ay… deja ya de mirar a los rumores del pasado y eleva tu mirada. Ahí, enfrente tuyo, está la vida”.

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HIJA, TE QUIERO LIBRE

Hay mamás que sienten que pierden su identidad cuando sus hijas/os salen del nido por lo que necesitan volver a reencontrase consigo mismas y con aquello que da sentido a sus vidas. ¿Os imagináis que existiera un doctor especializado en estos temas? ¿Y si, para pasar un duelo, solo hicieran falta las lágrimas?

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(de un cómic original de 2014)

EMOCIONARTE – El Manual

Cuando éramos niños, moldeamos nuestro comportamiento de manera inconsciente y lo pusimos al servicio de las expectativas sociales en función de los gustos y las apetencias de los adultos que nos rodeaban con el objetivo de ganar su apoyo, su cariño y su protección. En muchas ocasiones, estos gustos y apetencias del mundo adulto venían condicionados por juicios y una alta represión a lo que ellos consideraban como inadecuado e inadmisible. Eso hizo que quedáramos desconectados de muchas partes de nuestro ser y las ocultáramos al mundo exterior. Al creer que teníamos que negar parte de lo que éramos para poder encajar, nos hemos desarrollado con miedos y alejados del conocimiento de nuestro ser completo y real. Así, hemos estado semi-viviendo, en lugar de estar llevando una vida en plenitud donde nos amamos, aceptamos y nos mostramos tal cual somos.

Por todo ello, creo necesario que el ser humano se reencuentre con todo aquello que ocultó una vez y quedó en la sombra. Porque una vez nos conocemos al completo y comenzamos a amar todo aquello que somos y a entregárselo al mundo, empezamos a ver la magia en la que se da la vida.

He redactado, con todo mi cariño, un manual sobre cómo dar luz a todos los aspectos que quisimos dejar en el olvido. Todas las técnicas que propongo están basadas en el uso del arte: la escritura, la pintura, el baile y el canto. Comprobarás que son muy sencillas y que tienen como principal objetivo que establezcas mayores espacios de intimidad contigo mismo y disfrutes de tu propio proceso de autoconocimiento.

Este manual que te ofrezco es una guía para transformar tus emociones en ARTE. Somos seres creativos y creadores, así que ponte en funcionamiento y comienza a explorar ese terreno puro, virgen y poco transitado que tanto tiene para ofrecerte.

Descarga el manual (pdf) haciendo click aquí o en la imagen inferior:

EMOCIONARTE_ EL MANUAL

EMOCIONARTE_El Manual

REFLEXIONES (Y YA)

Fuera cual fuera nuestro propósito cuando salíamos del vientre materno para entrar de lleno a la vida en este mundo; dudo que éste estuviera relacionado con ser enemigos de nosotros mismos (me refiero a la relación que uno tiene consigo mismo) o a boicotear nuestra propia felicidad. Viendo la belleza natural que hay en este planeta, se me hace más probable, que nuestro propósito de vida en ese momento fuera crecer y expandirnos en la belleza que somos. Ser quienes somos exactamente.

Una roca es una roca, un pez es un pez y un ola de mar al llegar a la orilla es una ola de mar al llegar a la orilla. Creo que todas nuestras frustraciones, vienen del hecho de que creemos que todos tenemos que ser iguales y de que no llegamos nunca a sentir en nuestra infancia que ser esta obra de arte única, diferente y especial es algo correcto y positivo.

Por eso creo que todos vamos moldeándonos poco a poco a ser uno más en la sociedad y tenemos la concepción errónea de que tenemos que parecernos los unos a los otros para ser reconocidos y respetados. Cuesta mucho ver personas que se desmarquen mostrando su propia originalidad y que, además, se enorgullezcan y se sientan seguros de ello.

Por todo ello, te pregunto a ti:

¿Qué es lo que te hace diferente?

Puede que la primera respuesta que te venga no sea algo que se valore a nivel social, puede que sean pequeñas cosas, puede ser esa mirada penetrante a la vez que perdida, puede ser tu forma de caminar, puede ser alguna de tus heridas, tu forma de expresarte al hablar, tu buen gusto a la hora de decorar habitaciones o tu capacidad para escuchar a los demás. También pueden ser tus nervios extremos a la hora de emprender algo, el miedo ese que te hace temblar, tu ilusión, tu capacidad para sentir y emocionarte, o tu modo de ser un lago embalsamado ante cualquier situación.

Y es que anoche pensaba que yo tenía que QUERERME MÁS a mí misma. Anoche pensé que ya podía dejarme de tonterías y apartar cualquier otra misión y responsabilidad imaginaria en mi cabeza. Si yo venía a este mundo y no me valoraba por ser quién soy, entonces, sí que estaba siendo esto de vivir una verdadera pérdida de tiempo.

Sentí que esa iba a ser mi responsabilidad a partir de ahora. Asegurarme, cada día, que siento amor hacia mi persona; ser eso que yo soy. Sentirme y amarme al igual que lo hizo y lo hace mi Creador que sois todo lo que hay fuera y todo lo que hay en mi interior.

A parte de añadir la práctica de la meditación como actividad diaria (ya pensaré qué tipo de meditación puede ser mejor para ello), pensé que escribiría en una lista todo aquello que me hace especial y diferente (al igual que os he pedido a vosotros al comienzo de este texto); todo aquello por lo que realmente yo me podía valorar… hasta que no hace mucho he descartado por completo esta segunda tarea.

La realidad es que no quiero una lista de cosas que me hagan ver que soy diferente, especial y única; creo que ya tengo todas esas cualidades por el hecho de estar aquí y ser quién soy; un individuo diferente al resto. ¿Por qué iba a tener que encontrar motivos para sentirme especial? ¡Qué absurdo!

Otro tema, quizás, es que no solo va todo esto de sentirse especial, diferente y único. Creo que la palabra responsabilidad, ha de entrar ya en juego. Y es que ya es hora de decidir si queremos ser los capitanes del barco de nuestra vida o no. No es lo mismo llevar el timón y tomar decisiones que dejarnos llevar por Dios sabe qué.

Caí en la cuenta, ayer también, que el shock de salir del medio acuoso cómodo y seguro del vientre de nuestra madre para entrar en un mundo de formas y responsabilidades, lo hemos sentido todos. Que todos- o la mayoría- hemos tenido que transicionar de la inhabilidad de autogestión que sentíamos en la infancia a la habilidad de autogestionarnos en la vida adulta. Que estamos todos jugando con las mismas reglas del juego que son, al fin y al cabo, aprender a autogestionarnos con los recursos que se nos ha dado.

Dije que dejaría cualquier cosa a un lado hasta que no comenzara a quererme más y aquí estoy escribiendo este post que, en algunas ocasiones, me aleja de mis responsabilidades actuales y me hace posponerlas. Me voy a dejar de letras y reflexiones y me voy a poner manos a la obra; me da la sensación que toda mi práctica a partir de ahora se reducirá a respirar y ser consciente de que yo soy VIDA y, por ende,… (y esto te lo susurro muy bajito): a m o r

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Te mando saludos desde el balcón de mi casa

SIN “S” DE SABIDURÍA

Captura de pantalla 2015-08-04 a la(s) 15.16.22Me estás presionando. Pones tu pie sobre mi cabeza y aprietas fuerte para que note los huesos del cráneo crujirse contra el suelo. A penas te veo desde el rabillo de mis ojos y noto como la saliva supura por mi desencajada boca. Como polvo mientras tú te elevas entre los altos cielos, caigo en lo hondo a la vez que te proclamas rey de aquello que no puede ser comprado, intercambiado ni vendido. Le pones precio a mi alma y etiquetas la bella gracia de mis movimientos. Me encadenas a la fama de quererme sentir valorada, me llamas y me entrelazas entre juegos y tramas.

Te ríes mientras me pierdo confundida entre las pistas que me dejas; creyéndome yo en la certeza de estar encajando piezas. Yo reina en esta fortaleza hecha de humo, paja y quimeras; yo princesa de los mundos que navego cuando tú te alejas; yo plebeya en el patio de esta plaza vieja; esclava de tus gustos y pesadas moralejas.

Sonreiría si supiera que esa vara de acero dejará de hacerme huellas. Abriría mis ojos si no fueras a ser tú a quien viera. Confiaría en mis cerrojos si, poco a poco, sintiera que tus tentáculos van en busca de otros lagos, de otros pozos, de otros charcos fanganosos.

Permíteme sentirme viva. Y tú, sumérgete en tu propia herida. Ahógate en tu podrida filosofía de quererte creer con vida. Suéltate como carne inerte lo haría. Déjate caer en tu oscura filantropía que ya no soy esa niña camelada, cegada y confundida a la que pretendes, todavía, hacer trizas con tu xxxxxxx* sabiduría.

* monstruosa, pestilente, mugrienta, aborrecible, repugnante, detestable.

Me voy adaptando a ti

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Me voy adaptando a ti, poco a poco. Tal y como lo hace mi colchón cuando me tumbo en la cama. Me ablando, me adapto, te acojo. Cambio de forma.

Transformo mis cualidades entremezclándolas con las tuyas. Me dejo afectar, permito que me toques, que moldees la figura que yo era para que encajemos en una composición perfecta; en una supuesta fusión de opuestos.

Tú trajiste la risa a esta ecuación de elementos uniformes y, mientras la brisa mueve nuestros cabellos y el tiempo pasa, la ausencia de estrellas fugaces me recuerda cuán de calmado es el cielo.

Había olvidado la peculiaridad de la vida en la Tierra, estos ajetreos que llevamos los humanos intentando encajar tareas entre las agitadas agujas del reloj. No recordaba o, quizás, nunca supe acerca de la fuerza de una palabra y de la determinación que se puede proyectar desde la voz. Olvidé el peso de los pasos en el suelo y lo bello que puede ser revolcarse por un barro ya molido, ya llovido, ya mojado.

Esta carne que envuelve mi cuerpo y que no se encuentra lejos de mi querido corazón, se siente. Percibo la calidad de mis huesos, de mis músculos, de mis órganos como si fueran un motor. Y escucho los ruidos externos que parecen ser lejanos a los míos; aunque, una vez llegan a mis adentros, me afectan por igual.

Estoy aquí y estoy viva. No estoy rodando una película detrás de la cámara, ya entré en el juego de los giros inesperados de guión y de los desenlaces que traen nuevos comienzos. Ahora sí que he de relajar mi cuerpo en este eterno segundo para vivirlo de lleno pues he entendido que lo que ocurre no vuelve a darse de nuevo y lo que creamos y creemos es el cultivo que asegura nuestra continuada respiración.

Respiremos y suspiremos, sintiéndonos libres y serenos. Fluyamos como hace el río sin querer atrapar lo que ahora se encuentra vivo. Confiemos dejándonos mecer en un constante movimiento que acuna a quienes viven con todos sus sentidos y acoge tanto a amantes como a amigos.

CERCANOS

Conocí una vez a un hombre que tenía tanto miedo de ser amado que mandó construir una gran fortaleza a su alrededor utilizando toda la fortuna y el poder que había acumulado.

Sus súbditos trabajaron duro, día y noche, elevando dicho muro que separaría a este hombre de cualquier indicio que a él le indicara que era un ser amado.

Una vez finalizado su anhelado proyecto, el hombre decidió entrar dentro de su nuevo hogar, creyendo estar, finalmente, a salvo de reconocerse querido y admirado. Sin embargo, descubrió que el sonido podía viajar y que éste se colaba a través de sus ventanas.

Asustado por creer que alguna palabra de amor podría alcanzarle, decidió habilitar en su nuevo reino la más alta tecnología que le permitiría sentirse sonoramente aislado del resto del Universo.

Ahora sí, protegido, solo y desnudo ante la NADA que había en su reino; podía relajarse tranquilo. Sabía que nadie irrumpiría con una palabra de amor, que nadie le mostraría con sus ojos el valor de los suyos propios, que nadie haría temblar a su corazón acorazado por su propia agonía de sentirse valioso y validado.

Este hombre vivió feliz -así era lo que él denominaba felicidad- lejos de cualquier carantoña, arrumaco, caricia, palabra bella o corazón amigo que se le podría haber acercado.

Y este hombre sigue así: asustado, vacío y separado. Así que si le echas de menos o le estás buscando, recuerda que no será con AMOR la manera óptima de alcanzarlo. Mejor dile que le odias, que no le necesitas, que es un bastardo… así, PUEDE que él dé un paso hacia esa cercanía y ese agradable calor que se desprende estando a tu lado.

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* Que este texto no sirva como guía sino como reflexión

* Ilustración de Pawel Kuczynski