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Como decía Albert Einstein: “La mente intuitiva es un regalo sagrado y la mente racional una sirviente fiel. Hemos creado una sociedad que honra a los sirvientes y que ha olvidado los regalos”. Hoy comparto contigo tres regalos nacidos de la intuición. Y es que cuando el Alma habla, la mente calla.

Autodestrucción

Hoy me gustaría tratar el tema de la autodestrucción, es decir, aquellas acciones que de manera consciente o inconsciente elegimos realizar para dañarnos a nosotros mismos. Puede sonar, en un primer impacto, como un tema a tratar algo extremo. Sin embargo, creo que este tipo de acciones, en diferentes grados, son bastante habituales en la sociedad actual y se dan, básicamente y a mi entender, por la brecha existente entre nuestra verdadera naturaleza y el mundo artificial que hemos creado y en el que nos hemos criado.

Como decía, cuando hablo de autodestrucción me refiero a cualquier cosa que hagamos de manera consciente o inconsciente que dañe a nuestra propia naturaleza. Por ejemplo, a un nivel bastante común, muchas personas se autodestruyen teniendo pensamientos negativos acerca de sí mismas. Nos criticamos, nos minusvaloramos, no nos apreciamos por quiénes somos. Otra forma bastante habitual de autodestrucción es cuando cogemos un ritmo tan rápido en el día a día que, estando tan ocupados, nos ahorramos el tener que pensar qué es lo que realmente necesitamos. Así, ignorando nuestras necesidades, dejamos de nutrir a nuestro cuerpo y a nuestra alma y comenzamos a darle cosas que probablemente ni quiere ni necesita. Hábitos de autodestrucción algo más severos serían los que dañan más directamente a nuestro organismo como los problemas de alimentación (anorexia, bulimia, sobrealimentación…) o de adicción. Otros casos son los que se conocen como autolesiones en los que nos hacemos heridas físicas a nosotros mismos. El caso extremo sería el caso del suicidio.

Soy, quizás, bastante poco conocedora del tema, tan solo puedo echar mano de mis experiencias personales y de la observación de mi comportamiento y el comportamiento de los demás. Quizás, al analizar los motivos que nos llevan a autodestruirnos me encuentre bastante alejada de la verdad pero necesito expresarme acerca de este tema.

Cuando caemos en hábitos autodestructivos es como si nuestro ser se dividiera en dos partes. Por un lado está el agresor, el que está llevando a cabo la destrucción. Por otro lado, se encuentra la víctima. No nos damos cuenta (o sí) que, realmente, no estamos en contra de todo nuestro ser sino solo en contra de una de las partes que componen nuestra persona. ¿Quién sería el agresor si no? Se puede ver que hay una parte de nosotros que sí actúa, que se encuentra activamente agrediendo a otra de nuestras partes personales. ¿Quién es ese agresor que vive dentro de nosotros y qué es exactamente lo que quiere?

Para mí es importante comprender que cuando caemos en este tipo de hábitos, lo que está sucediendo no es un ataque a la totalidad de nuestra persona sino solo a una parte. Pero, ¿qué parte de mí es la que de algún modo estoy intentando aniquilar? ¿Qué es eso que mi parte agresora está viendo como un enemigo al que tener que destruir?

Hablar de este tema se me hace bastante delicado. Pero, bueno, quiero continuar explorándolo. Como decía, me pregunto quién es, dentro de mí, el que agrede y quién es el que está recibiendo la agresión.

Me atrevo a decir que, normalmente, quien recibe la agresión es nuestra parte femenina. Y es que, según muchas teorías y filosofías, el Universo (así como nosotros mismos a nivel individual) se compone de dos energías principales y complementarias, la energía femenina y la energía masculina. Ninguna de las dos puede vivir sin la otra y las dos son necesarias para equilibrar la balanza de la vida. La energía femenina sería, dentro de nosotros, la energía que se correspondería con la intuición, con el hecho de recibir amor, nutrición e información del Universo; vivir de manera fluida en la vida, lo adaptativo y sin esfuerzo, todo el mundo interior… mientras que la energía masculina es una energía más “hacia fuera”, de acción, con formas, de entrega. Diríamos que la energía femenina es la energía que RECIBE (recibe todo aquello que es dado por el Universo a modo de amor, información…) y la energía masculina es la que DA (pone ahí fuera en el Universo lo que se ha recibido desde el lado femenino).

Bien, tras esta pequeña explicación, quería recalcar que lo que he estado observando últimamente es que cuando se da la autodestrucción es normalmente nuestra energía masculina la que está atacando a la energía femenina.

Así, estamos ya asentados y cómodos en la vida realizando nuestras tareas habituales (aspecto masculino de acción) y la intuición de repente nos habla (lado femenino que recibe información). Quizás, la intuición comienza a intentarnos decir cosas valiosas para nuestra vida, información que nos ayudará a ser más felices. La intuición comienza a asomar y a sugerirnos que es necesario un cambio. Por ejemplo, nos puede decir: “Oye, ¿no has pensado que el trabajo que tienes realmente no te está haciendo ningún bien?”, “Creo que serías muy feliz si le dijeras a esta persona cuánto le quieres”, “Anímate y apúntate a esa nueva actividad, te vendrá muy bien hacer nuevos amigos”…. Normalmente, nuestro lado femenino, fluido y adaptativo, nos invita a aventurarnos a nuevas cosas que van a nutrir a nuestro corazón. Sin embargo, todo lo que hemos construido y establecido (el lado masculino) se ve amenazado ante los posibles cambios.

¿Qué haré para ganar el dinero si dejo este empleo?”, dice el lado masculino. “¿Qué va a pensar esta persona si le digo que le quiero? ¿Y si así me estoy mostrando débil?” o “Yo nunca he ido a ese lugar, habrá mucha gente que no conozco, ¿y si no me adapto? ¿y si no hago amigos y me siento fuera de lugar?”. A estas preguntas, nuestro lado femenino puede contestar dándonos amor y confianza pero, normalmente, nuestro lado masculino se encuentra muy asustado por lo desconocido que nos brinda lo femenino y, por tanto, lo bloquea.

No quiero escuchar más a esta voz que me invita a probar cosas nuevas. Yo me quedo donde estoy”. Queremos acallar la voz intuitiva femenina y es en ese momento cuando el hábito autodestructivo entra en escena. Me mantengo ocupado para no escuchar, cojo constantemente el móvil, las redes sociales o el e-mail,  me alimento de manera emocional para poner mi atención en otra cosa, me autolesiono físicamente o hago uso del alcohol o de las drogas… Lo que sea con tal de no salir de esa supuesta zona de confort en la que creo que tengo un mayor control de las cosas.

Así que en términos de autodestrucción o incluso de destrucción a nivel externo (cualquier tipo de violencia interna o exteriorizada) creo que, normalmente, lo que se está dando es un abuso de poder desde la rigidez de lo masculino a la vulnerabilidad de lo femenino.

Nos encontramos en una sociedad que ha menospreciado las cualidades femeninas del amor, la intuición, la nutrición a uno mismo y a otros en todos los niveles, lo vulnerable, el valorarse por el hecho de ser y no por el hecho de hacer… Por tanto, porque así se nos ha educado, acabamos menospreciando dentro de nosotros esas mismas cualidades. Cualidades que son por naturaleza esenciales en la base de nuestra vida.

Así, rechazando nuestro lado femenino y el lado femenino del Universo entero, actuamos hacia afuera de manera masculina pero sin estar
conectados con nuestro interior. El lado masculino se vuelve automático y sin sentido, y nuestra vida comienza a sentirse más muerta que viva. El lado masculino deja de tener su papel precioso y esencial de brindar hacia afuera lo que hay dentro ya que toda la belleza que nos brinda lo femenino desde nuestro interior la hemos dejado bloqueada y atascada.

Tenemos bastante trabajo por hacer. Cada uno de nosotros tenemos ese trabajo dentro de nosotros mismos. Necesitamos empezar a honrar, a venerar, a dar un lugar a todos los aspectos femeninos que viven dentro de nosotros. Para así, poder escucharlos y gracias a la energía masculina sacarlos a expresarse en el mundo en que vivimos.

Si el hombre que vive dentro de nosotros (nuestra energía masculina), respeta a la mujer de nuestro interior (nuestra energía femenina) nos encontraremos en un estado de mayor confianza en este Universo y tendremos una fuente de energía mucho mayor para llevar a cabo cualquier cosa que, de verdad, nosotros queramos.

Así que hoy le pido al Universo que mi energía masculina escuche con apertura, valentía y amor a mi energía femenina. Quiero que Él le adore a ella y le provea de toda protección. Quiero que Ella confíe en él y se deje querer y proteger. Quiero que ambos se unan en uno. Quiero que lo que late dentro de mí se exprese fuera. Quiero ser una con el Universo. Quiero trascender esta polaridad disfrutando del amor entre ambas partes.

Y deseo lo mismo para ti si es que eso es lo que tú también deseas.

Así que recuerda, si te ves cayendo en cualquier acto autodestructivo, pregúntate: “¿Qué me está intentado decir mi voz intuitiva? ¿Qué información que viene directamente del Universo estoy intentado bloquear?”. Busca un lugar en el que te sientas seguro y ábrete a escuchar lo que late dentro de ti. No necesitas tomar acción de manera inmediata, solo escuchar. No tener miedo. Al fin y al cabo, es información pura que viene de tu corazón, eso sí que no te va a hacer ningún daño.

Si quieres saber más acerca de este tema, yo he aprendido mucho leyendo el libro de “Vivir en la luz” de S. Gawain. También he aprendido muchísimo leyendo cuentos de mitología hindú sobre Shiva y Shakti. Por último, dejo aquí un dibujo que realicé hace un mes. Representa el momento en que la mujer dentro de mí se encontró por primera vez de manera pacífica con el hombre de mi interior. Él, por fin, estaba enfrente suya dispuesto a escucharla y protegerla. Ella todavía asustada por el trato recibido en el pasado, empezó a hablar.

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TU VIDA

Una tarde del pasado mes de mayo estaba bailando Contact en un evento organizado en Murcia. Tras un par de horas de clase, comenzamos a bailar de forma improvisada unos con otros al son de una armónica y una guitarra tocadas en directo. Como en otras ocasiones, dejamos nuestros cuerpos fluir unos con otros en diferentes ritmos redescubriéndonos  a nosotros mismos y al espacio que allí nos acogía.

Me encantaba la sensación de aislamiento teatral que se percibía en aquella sala. Era negra y oscura, iluminada en tramos por unos potentes focos de luz blanca y abrigada al fondo por una gran cortina de terciopelo color granate. Los ojos de mis compañeros se clavaban en los míos mientras nuestros brazos se enredaban unos con otros en un juego sin fin. De repente, tras un gran salto liberador, abandoné a aquella chica felina y expresiva que se movía junto a mí y me lancé en soledad al vacío de la sala

Allí estaba yo, a oscuras frente a la gran y solemne cortina granate. Pensé: “¿Y si ahora se abriera el telón? ¿Quién habría ahí mirándome? ”. Por un momento, mientras mis oídos seguían conectados con aquella armónica lejana y mis pies descalzos estaban bien anclados a aquel suelo plastificado, imaginé que aquel telón se abría ante mí. Allí, enfrente de mí, estaban todas las personas que habían sido importantes en mi vida. Entre el público se encontraban todos los miembros de mi familia, amigos del presente y del pasado, profesores que habían marcado mi trayectoria, compañeros de trabajo incluso imaginé allí sentados a filósofos que admiro, escritores y gente de renombre que me merece mucho respeto. Estaban allí todos juntos. Era gracioso imaginar a mi abuela sentada al lado de Krishnamurti o a mi madre compartiendo sitio con Robert Dilts. TODOS allí, en silencio, estaban esperando que comenzara mi gran obra.

Los ojos de mi público imaginario brillaban con intensidad, era gente que me quería y estaban deseosos por disfrutar de mi puesta en escena. Todos habían venido a verme pues sabían que iba a hacer una pequeña representación artística que reflejaría la esencia de mi vida. Desde el escenario y con el telón ya abierto, podía escuchar los pensamientos de mi público expectante: “Conociéndole, seguro que va a ponerse a bailar”, pensaba mi tía; “Recitará un escrito que hable sobre el amor”, pensaba una amiga; “Sea lo que sea, espero que deleite al público con algo interesante”, decían otros pensamientos más exigentes; “Hablará sobre las claves del marketing”, aseguraba en su interior una asistente; “Ojalá sea una representación con toques de espiritualidad”,…

Ya habían pasado varios segundos, los justos para que la audiencia entendiera que la obra tenía que comenzar. Yo, sin embargo, no podía moverme. Estaba quieta, paralizada, observando a todas aquellas personas que estaban esperando algo de mí. Y yo, no paraba de preguntarme: ¿Cómo podría hacer a todas aquellas personas felices?

Triste y sin fuerzas, me dejé caer derrumbada en el suelo del escenario. La vida me había dado solo una gran obra y tenía que ser representada allí mismo. Me decía a mi misma: “Es imposible hacer a TODOS felices, están TODOS aquí reunidos y solo hay UNA obra… No va a ser posible hacerles una representación privada a cada uno de ellos para adaptarla a lo que cada uno espera de mí… La vida solo me ha dado UNA obra y he de representar la misma para todos los aquí presentes…”

Tumbada en el suelo, con la cabeza escondida entre mis brazos, decidí enfrentarme a aquella posible multitudinaria decepción de mi público. “Bien”, me dije, “ya que estoy aquí, algo he de representar”. Aquella armónica lejana volvió a tocar envolviendo a mi cuerpo en un agradable sonido. Los músculos de mis brazos y mis piernas comenzaron a despertar y, poco a poco, fui dibujando siluetas en el aire.

Los movimientos de mi cuerpo, cada vez más ligero, ya abarcaban prácticamente la totalidad de la sala. La livianidad corporal, dio lugar a una sensación de ligereza en mi mente que rápidamente se sintió también en mi corazón. Tras una profunda respiración que llenó todo mi ser, acabé entregándome al momento, disfrutándolo, sonriéndole, llorándole lágrimas de felicidad. Era YO, siguiendo a mi latido interior, COMPLETAMENTE VIVA, dándole al mundo el mayor de mis tesoros: la autenticidad de ser yo misma.

Aquella tarde del mes de mayo me quedó claro; solo tenemos UNA vida, solo tenemos UN papel por representar y en esta gran obra estamos SOLOS en el escenario. Es solo de ti de quien depende dejar a tu corazón ser un corazón salvaje y puro. Es solo de ti de quien depende seguir a ese corazón, seguir a tu mente clara, moverte por tu propia intuición. Tú eres el único protagonista, guionista y director de tu gran obra; y eres tú quien decide si mostrarle al mundo tu única, viva y sana VERDAD. Está en tus manos, está en tus pies, está en cada una de tus decisiones y respiraciones el ser fiel a ti mismo. Dime tú qué prefieres; quizás quieras seguir vagando perdido por el escenario de tu vida; intentando agradar a cada una de los asistentes de tu público, confiando en que su voz y pensamientos te sabrán decir mejor que tú mismo la acción a emprender. Quizás prefieras esconderte tras el telón pensando que nunca conseguirás ese aplauso tan anhelado de tu audiencia que tanto quieres o quizás prefieras salir a bailar sin gracia y sin respiración al compás del ritmo que crees que ellos van marcando.

O quizás no, quizás prefieras despertar a una realidad mucho más viva y juguetona.  Quizás ya has optado por comenzar a ver tu vida como ese camino iluminado en el que plantar tus propias y queridas semillas. Quizás estés comenzando a saborear la plenitud y la calma interior que llega cuando todos tus sentidos se vuelcan a escuchar lo que late dentro de tu interior.

Es este nuestro momento, es el momento de hacer día a día aquello que nos llena y nos hace verdaderamente felices. Es el momento de cuidarnos, de querernos, de aceptarnos y de escucharnos. De ser valientes y decididos. Es el momento de meter los pies en las frescas aguas de la vida y sumergirnos en ellas para deleitarnos mientras nos dejamos llevar. Sí, eso es, dejarnos llevar. Dejarnos llevar a lugares maravillosos e insospechados al que solo nuestro verdadero yo sabrá llevarnos.

La opción libre de ser un genio

Los genios son aquellos que se liberan de los prejuicios y la mente convencional, que se desapegan de todo lo que ya viene estructurado a su alrededor y deciden explorar la existencia desde el plano de la intuición, la imaginación, la humildad y sobre todo desde la completa y total libertad. Para acercarnos a entender las reglas que rigen todo aquello que “es”, debemos resetear nuestra mente y adentrarnos en el Todo de la forma más pura que nuestra condición permita.
Cuando encuentro palabras de genios tan grandes como Einstein tengo un sentimiento que se contrapone: la alegría enorme de que hombres como él hayan pisado esta Tierra y hayan contribuido en Ella y la desazón de ver como muchos Einstein serían necesarios para que este mundo comenzara a regirse por lo auténtico y lo esencial. Firmemente creo que todos podemos ser Einsteins que atisbemos el conocimiento de la Verdad y que, de ese modo, contribuyamos a que nosotros y la gente de este planeta vivamos la vida de forma plena. Cultivar la humildad, dejar volar nuestra imaginación, abrir nuestra mente  a nuevas posibilidades, callar nuestra voz externa e interna para observar sin juzgar, desarrollar la libertad dejando a un lado prejuicios y personajes en los que nos encasillamos en la sociedad, rescatar al niño que llevamos dentro y, en especial, comenzar a cuidar y desarrollar nuestra capacidad de amar son algunas de las prácticas necesarias para empezar a entender y vivir la vida con la máxima claridad. Todos llevamos a un genio dentro, de nosotros depende dejarle salir a brillar.
A continuación, algunos escritos de Einstein que te podrán inspirar y que personalmente comparto y valoro enormemente. Gracias por estar aquí leyendo un día más.
  • “Un ser humano es parte de un todo al que llamamos universo, una parte limitada en el tiempo y en el espacio. Este ser humano se ve a sí mismo, sus pensamientos y sensaciones como algo separado del resto, en una especie de ilusión óptica de su conciencia. Esta ilusión es para nosotros como una cárcel que nos limita a nuestros deseos personales y a sentir afecto por unas pocas personas que nos son más próximas. Nuestra tarea ha de consistir en liberarnos de esta cárcel ampliando nuestros círculos de compasión que abarquen a todos los seres vivos y a toda la naturaleza en su esplendor”.
  • “La mejor emoción de la que somos capaces es la emoción mística. Aquí yace el germen de todo arte y toda ciencia verdadera. Cualquier persona a la que este sentimiento es ajeno, que ya no es capaz de asombro y vive en un estado de miedo es un hombre muerto. Saber que lo que es impenetrable para nosotros realmente existe y se manifiesta como la más alta sabiduría y la belleza más radiante, cuya forma bruta sólo son inteligibles a nuestras facultades pobres, este conocimiento, este sentimiento… este es el núcleo del verdadero sentimiento religioso. En este sentido, y sólo en este sentido, me considero un hombre profundamente religioso”.
  • “Dos cosas me inspiran sobrecogimiento: los cielos estrellados allí arriba y el universo moral interior”.
  • “La verdadera dificultad, la que ha decepcionado a los sabios de todos los tiempos es esta: cómo hacer de la educación algo lo suficientemente poderoso en la vida para que su influencia resista la presión de las fuerzas psíquicas elementales del individuo”.
  • “Soy lo suficientemente artista como para dibujar libremente sobre mi imaginación. La imaginación es más importante que el conocimiento. El conocimiento es limitado. La imaginación circunda el mundo”.
  • “Cuando me examino a mí mismo y mis formas de pensar llego a la conclusión de que el regalo de la fantasía ha significado más para mí que mi talento para absorber el conocimiento positivo”.
  • “La mente intuitiva es un regalo sagrado y la mente racional una sirviente fiel. Hemos creado una sociedad que honra a los sirvientes y que ha olvidado los regalos”.
  • “El sentido común no es más que un depósito de prejuicios establecidos en la mente antes de cumplir dieciocho años”.
  • “¡Triste época la nuestra! Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio”.
  • “Lo único realmente valioso es la intuición”.