LA ALEGRÍA DE VIVIR

Me animo a escribirte por el hecho de saber que eres tú quien me trajo hasta aquí. Lleno de regalos preparaste el capazo que me transportaría hasta el lugar en el que me encuentro y lleno de abrazos se mostró el destino en el que estoy. Y, precisamente, por la incapacidad de expresar la alegría que siento, me encuentro ahora intentando plasmar con unas cuantas palabras lo gozoso que es sentirte cerca.

Abrazarte con la mirada, sentir tu piel al besarte las mejillas, encontrarme con tus ojos abiertos de par en par esperando encontrarse con los míos, la ilusión con la que tu corazón se prepara para el siguiente segundo, el amor que te transporta hasta mi regazo o incluso las lágrimas, la risa desencajada o los enfados que han hecho presencia en el medio de nuestra, ahora, pura y clara relación.

A todos vosotros, a ti, os doy las GRACIAS. Pues nunca caí en unos brazos tan amplios, largos y protectores; nunca antes escuché tantas voces acunándome en cualquiera de mis posibles direcciones; nunca antes experimenté el calor de saberme amada y acogida de esta manera.

Porque sois especiales, porque sois estrellas centelleantes en el centro de este pequeño universo, porque cada palabra, gesto o abrazo es un regalo; porque me siento afortunada de ser una más a vuestro lado; porque necesito practicar más expresar mi alegría con las palabras; por todo ello, escribo este texto.

El Amor que sois y esparcís os estará esperando en cualquier proyecto que emprendáis, la inocencia con la que habéis tocado tantos corazones en este mundo seguirá presente en el resto de nuestras vidas y el agradecimiento que muchos de nosotros sentimos hacia vosotros estará vivo y latente en las vuestras.

GRACIAS A TODOS LOS NIÑOS QUE NOS RECUERDAN, DÍA A DÍA, LA ALEGRÍA DE VIVIR.

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Foto tomada esta semana en Rishikesh (India) junto a varias estrellas centelleantes con las que paso mi tiempo aquí.

ERES TÚ

“No soy saludo, ni despedida; ni lo blanco ni lo negro soy. No como me defines, ni como me lees, ni aquel del que te hablaron o de quien oíste hablar.

No soy el cielo, no soy la tierra; de nadie a su cadena voy atado, ni siervo de ningún credo soy.

No soy una ilusión, ni copa de vino para tu corazón solitario.

No estoy cautivo, de nadie soy rehén; no soy alguien sin valor, ni me envía maestro alguno.

No soy mendigo de cualquier templo o mezquita o taberna. Ni el infierno ni el paraíso soy, así es mi esencia.

No digo estas palabras hoy, ni hoy las escribo; con pluma de luz lo hice en la aurora de la preeternidad.

Si eres capaz de entender tal sutileza, te lo revelo en secreto y susurrando, para que nadie escuche este secreto precioso del universo:

todo cuanto han dicho y recitado, eres tú; tu eres el alma del mundo, oculto y visible eres tú.

Tú eres aquel a quien toda una vida buscas con sollozos; no sabes que tú mismo eres el núcleo mismo del amor.

Tú eres los misterios ocultos, tú el jardín del Edén. Tú la respuesta a toda filosofía, a todo cómo y porqué.

Juro por ti que te mostraron este misterio, y tú, sin temor, despertaste: más inmenso que los universos, no eres parte alguna ni agua en cuenco de barro.

Tú eres Él, hazte consciente de ti mismo, para que no te quedes junto  a cualquier casa en ruinas y veas el fulgor de tu propia luz.”

Rumi

Sin título 2