AQUÍ NO, ¿VALE?

Tan IMPORTANTE

es tener el coraje para decirle a aquello que quieres que lo quieres;

como tenerlo para decirle a lo que no quieres que NO LO QUIERES .

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Ilustración personal

PERDIDAMENTE VULNERABLE

El otro día pensaba en una de mis cualidades: la pasión y la entrega a la hora de vivir lo que la vida me brinda. No suele ser tan común, creo, que la gente se entregue tanto a entender qué le está pasando o a desgranar todo aquello que va sucediendo.

Al fin y al cabo, veo que vivo la vida de manera auténtica y que siempre estoy dispuesta. Soy yo misma aunque a veces me pese y siempre intento no defraudarme a mí siendo leal y sincera con lo que de verdad está ocurriendo en mi interior. Busco experiencias, las observo atenta desde todos los ángulos como si se trataran de un complejo y misterioso prisma, lloro lo que me duele y le sonrío a momentos sencillos que encuentro llenos de magia. Me compadezco de mí, me abrazo, me riño, me beso… vivo, de pleno, siempre conmigo misma.

No voy a negar que a veces quiera echar a correr por patas cuando emociones desagradables se posicionan como losas en mi interior. Siempre hay algo mejor que hacer que sentarse a ver lo que a una no le gusta y muchas veces caigo en la tentación de agarrar cualquier juguetito antes de vivirme plenamente en ese momento que califico como desagradable.

Escuchando a Teal Swan el otro día, aprendí mucho de lo que es ese estado de presencia incondicional con uno mismo. Ella explicaba que, muchas veces, cuando nos encontramos en desasosiego, corremos a hacer cualquier otra cosa para evitar estar en ello: nos vamos a la calle a correr para liberar esa energía, nos tomamos un trozo de chocolate o una copa de vino, cogemos el móvil o nos ponemos enfurecidamente a meditar en el “ahora, ahora, ahora” intentando expulsar de nuestro interior una emoción real que está llamándonos a gritos desesperada para que le hagamos algún caso.

Decía ella que, precisamente, con la herida que tenemos todos de haber llevado una infancia desatendida en lo que no les es agradable a nuestros padres (te quiero si estás contento, te quiero si te portas bien, te quiero si no rompes mis esquemas mentales…) acabamos siendo nosotros los que también nos damos ese mismo mensaje de tener que ser de una determinada manera para contar con nuestro propio apoyo y atención.

Ella afirmaba que, cuando huímos de una emoción, estamos huyendo de nosotros mismos. Nos dividimos en dos, la que siente y la que niega lo que se está sintiendo. ¡Nos abandonamos! ¡Solo queremos estar con nosotros mismos cuando estamos bien! 

Quererse significa estar a nuestro lado en lo bueno y en lo malo. Y saber que uno puede contar con uno mismo a todas horas es un regalo que nadie nos puede quitar.

Las palabras siempre han sido fáciles –por lo menos, para mí- pero ¡a ver quién tiene el coraje para sentarse consigo mismo y respirar una y otra vez SINTIENDO a cada segundo eso que pincha bien adentro!

Lo bonito del tema es como uno se ablanda cuando hace este tipo de prácticas. Te das cuenta de lo “cervatillo” herido que eres y, entonces, puedes volver a salir al ruedo sin necesidad de hacerte el fuerte.

Y sí, tras esto que aprendí de aquella mujer, he estado observándome cuando huyo de mí misma. Y no me apetece hacerme eso más. Quiero contar conmigo de verdad. No me quiero abandonar. Por eso, espero tener el coraje de vivirme plenamente, estando a mi lado y acompañándome en cada emoción. Sacar esa fiera valiente que llevo dentro y MIRAR, MIRAR Y MIRAR de frente aquellas cosas que me hacen sentir perdidamente vulnerable.

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Ilustración propia: “Oh Dios, si tan solo pudiera dejar de huir de la tristeza”

“Precisamente, sufrimos por querer huir del propio sufrimiento”, Teal Swan

 

CARTA A LA RABIA

Depende de la familia en la que hayas nacido y cómo se te haya educado, habrás aprendido a exteriorizar determinadas emociones y, algunas otras, habrás decidido guardarlas dentro de ti. La rabia o la ira de un niño pequeño puede ser vista como una amenaza para el padre que quiere tenerlo todo bajo control o quizás simplemente se vea como algo negativo del niño que le puede dar problemas a la hora de desenvolverse en la sociedad. Sin embargo, la rabia de un niño bien recibida, se convertirá precisamente en algo muy valioso para él en el futuro; le ayudará a marcar barreras, a ir con seguridad en pos de lo que desea, a no tener miedo a expresarse, a sentirse seguro y poderoso y, sobre todo, hará que el niño se encuentre en paz consigo mismo al saber que esa emoción, como todas las otras, es algo bello y completamente natural.

Necesitamos estar abiertos a recibir nuestra propia rabia para así dar la bienvenida a la rabia de los más pequeños, a abrigarla con amor, a entenderla. Comprender mediante la observación y el cariño qué se cuece bajo dicho comportamiento y no cambiar nuestra actitud cuando dicha emoción se presenta. Si transmitimos a los niños que no les queremos cuando externalizan su rabia, esas personitas (al igual que hicimos nosotros) acabarán guardando la rabia para dentro de sí y la dejarán bien escondida, creyendo que es algo malo y contaminando su paz interior.

Así, muchas personas caminamos la faz de la tierra con algo que ruge ahí dentro. Es simplemente nuestra propia fuerza, nuestra poderosa expresión… que un día reprimimos para conseguir amor y que seguimos reprimiendo para no salir de nuestra zona de comfort.

Hoy escribo una carta a la rabia que nunca acepté ni quise ver. Hoy escribo una carta a eso que ha vivido siempre dentro y que se ha mostrado de mil maneras con dolores en mi cuerpo. Hoy me abro a ella y estoy dispuesta a reconocer su verdadero y bondadoso poder.

“Rabia, ¿quién eres? ¿cómo vistes? ¿qué aspecto tienes? Rabia, quiero saber muchísimo más acerca de ti. De tu personalidad, de tus gustos y aficiones. Quiero saber qué detestas, qué es aquello que no puedes soportar, cómo te muestras, qué necesitas y de qué te alimentas. Rabia, quiero cuidarte, quiero quererte como a uno más, quiero invitarte a mi casa y sentarte con los demás en la mesa. Es cierto que nunca antes te abrí la puerta. Ni en aquellas noches de frío en las que nevaba en el exterior y tú llamabas insistente para no quedarte fuera. Es cierto que nunca quise ver tu cara, ni escuchar tu voz, ni ver qué baile me traerías. Yo jugaba con Alegría, le daba besos a Tristeza, acurrucaba en mis brazos a Ilusión, tenía largas y profundas conversaciones con Miedo, bañaba a Amor mientras le dejaba jugar con las pompas de jabón… pero a ti, Rabia, nunca dediqué ni la más mínima atención.

Ahora me doy cuenta de lo excluida que te has sentido en esta vida, de tu necesidad de escucha y de la gran desazón con la que has luchado por sobrevivir. Creo que me aproximo a comprender lo mucho que has sufrido y la tristeza que yo he debido sentir por haberte excluido a ti.

Rabia, cansada estoy de haber querido vivir sin ti. Siento que últimamente me ha faltado fuerza, coraje y determinación a la hora de decidir por mí y sé que esa es la factura que paga cualquiera que no quiere dirigir hacia ti su mirada. Feliz me encuentro de saber que sigues esperando y por fin, mi cuerpo te entrego para que puedas desarrollar tus dones dentro de él. He oído decir que eres una gran guerrera, que luchas desde el corazón y que das fuerza a la gente para empuñar la espada del discernimiento que llevamos todos clavada en nuestro pecho. Empuñar dicha espada quiero así como también deseo sacar contigo a esa guerrera que sé que ha despertado aquí dentro.”

Hoy ratifico que la ira es un sentimiento más que fue dado en este universo para poder canalizarlo de manera constructiva. Hoy entiendo que si no miro a la rabia de frente, que si no la abrigo y la quiero, nunca podré sacar de ella esas perlas guardadas bajo su concha.

rabia reprimida expresada