SUFICIENTE

Quizás todos sois diferentes a mí. Quizás somos todos iguales aunque disimulamos no serlo. Quizás todos lloráis por vuestro corazón roto, quizás vuestra mirada no alcanza a ver a las personas que tenéis delante, quizás estéis paralizados por el miedo, quizás no queráis asumir una vida llena de insignificancia. Quizás vuestra vida esté llena de un sentido personal para vosotros, quizás sea mi vida la que está completamente desvinculada de su propósito. Quizás me hago daño para demostrarme que sigo viva. Quizás pretendes llenar un hueco, quizás yo tenga un vacío inabarcable. Quizás busques donde no haya nada. Quizás te decepciones en un solo despertar. Quizás la noche no disimule todas mis sombras. Y quizás la luna no me baste para confiar en los ciclos de la vida y el vaivén de las circunstancias.

Quizás necesite algo más. Quizás no baste con llorar. Quizás no baste con pensar. Quizás mis brazos llevan mucho tiempo separados de los tuyos. Quizás es momento de acogerte en mis adentros, de fundirme con tu esencia, de recordar aquello a lo que pertenezco, de hacerme tierra, deshacerme como agua y alquimizarme como fuego.

Quizás es hora de reivindicar mi belleza, de abrir los ojos para desengañar vuestras convicciones, de dar la espalda al juicio y al rechazo, de hacer caso omiso a quien no sabe y apagar las colillas de la ignorancia.

Quizás ya no siento lástima de los corazones abarrotados, quizás ya no quiera desmantelar a quienes llevan máscaras, quizás sea hora de despreocuparme por los humanos apenados, hundidos, afectados. Quizás sea cuestión de enraizarme en mi vida, en mis valores, en mi historia y en mis hechos. Quizás ya no me valgan tus percepciones externas. Quizás no quiera más de tu vomitera verbal. Quizás haya tenido suficiente.

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SOLTAR

Hay veces que las cosas, simplemente, hay que dejarlas ir.

Es como cuando sueltas ese globo de color chillón que sujetabas entre tus manos y lo ves volar alejándose de ti con la fuerza del viento; o como cuando llegas a un río con una corriente muy brava y dejas algo entre sus aguas para que sea arrastrado por su caudal; o como cuando espiras una emoción y dejas que solo el aire que te rodea sienta como ha salido de ti, evaporándose y desapareciendo de tu persona.

Es un arte presenciar la disolución de las cosas, la ida de las personas, el fin de un estado anímico, la llegada de lo que todavía es desconocido y aparecerá como inesperado. Es un arte vaciar maletas, lavar las manos, renunciar a lo que nuestra mente quiere poseer y agarrar como si fuera suyo. Es un arte SOLTAR y es un arte que debemos practicar cada día más.

S O L T A N D O aprendo a dejar que el mundo siga girando en su incesante y mágico movimiento.

A M A R R A N D O le pido al Universo que se pare por y para mí.

¿Y para qué? ¿Y por qué? ¿Qué consigo cuando me amarro a aquello que ya se le fue el color de la vida? ¿No estaré agarrada solo a un puñado de miedos? ¿No será que esa puerta que tengo delante, llamada futuro incierto, me aterra y por ello quiero vivir anclada a algo que carece de sentido y existencia por sí mismo?

Es esa actitud de querer detener el tiempo la que mata lentamente las lucecitas centelleantes de nuestra alma. Es la necesidad de lo estático la que frena nuestra danza vital y humana. Es el querer aferrarse a algo que conocí por no abrirme a descubrir de lleno lo que me depara lo desconocido. Es una emoción que conocemos demasiado y a la que debemos ponerle nombre, se llama MIEDO.

El miedo es una emoción natural y humana que nos avisa de peligros a los que debemos estar alerta. Busca que nos pongamos rápidamente a la acción si hay algo que nos acecha y pueda afectar negativamente a nuestra salud física, emocional o mental. Es una emoción que, a fin de cuentas, tiene un único objetivo: PROTEGERNOS.

Sin embargo, hemos de saber de qué es exactamente de lo que nos estamos intentando proteger. ¿De lo nuevo? ¿Del vacío que surge entre una etapa y la siguiente? ¿Del vértigo que da ver tus manos carentes de aquello que tenían y sin saber si habrá algo que las vaya a volver a llenar?

Vivimos tan desconectados de lo que, verdaderamente, sí poseemos; que vamos locos intentando colmar lo que creemos que está vacío en nuestro interior. Si realmente, dedicáramos un poco más de tiempo a escucharnos a nosotros mismos y a apreciar todo el cariño, atención y escucha que puede surgir de nuestro interior, no tendríamos una actitud tan temerosa ante el natural ir y venir de las situaciones de la vida.

Sí, es un poco difícil, a veces, centrarse y reconocer que es uno mismo el que acabará dando el paso hacia quererse y hacia mirar por su propio bienestar. Nos da algo de pánico sentir que, en el fondo, sí somos poderosos. Sin embargo, ser poderoso no implica que no vayamos a seguir necesitando de lo externo. Sentir nuestro poder solo quiere decir que, pase lo que pase ahí fuera, nunca estaremos solos.

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ilustración personal

QUE EL CORAZÓN NOS GUÍE

Si dejo que el corazón me guíe sin mayor propósito que llegar a tu corazón, este texto se escribirá solo sin necesidad de que mi mente se ponga en funcionamiento.

Si dejo que el corazón me guíe y me indique qué es aquello que tú necesitas escuchar, las palabras que tú precisas entrarán sigilosamente por tus oídos sin que yo sepa ni lo más mínimo sobre lo que ando balbuceando.

Si dejo que el corazón me guíe y nos muestre nuestro camino, el camino ya se habrá abierto por completo ante nosotros.

Si dejo que el corazón me guíe, mis brazos se habrán fundido con los tuyos sin ni siquiera tú habérmelo sugerido.

Si dejo que el corazón me guíe, ningún esfuerzo será necesario.

Si dejo que el corazón me guíe, podré mirar por la ventanilla apreciando todos los regalos de la vida.

Si dejo que el corazón me guíe, me daré cuenta que tú y yo somos lo mismo. Podré apreciar el brillo centelleante de tus ojos, notar el calor de un corazón amigo, sentir tu bondad y tu inocencia y gozar como un niño con mágicos tesoros.

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Ilustración personal y texto personal rescatado de los comienzos de este blog 

RESPONSABILIDAD

Estaba meditando ante la terrible idea de la palabra RESPONSABILIDAD cuando, de repente, entendí que la responsabilidad no era algo impuesto que tuviera que ser cargado sino una condición natural del ser humano. Somos responsables desde que nacemos de nosotros mismos y esto no está hecho como un castigo sino como un regalo para que todos podamos aprender de nuestras experiencias con el medio durante nuestra vida.

Hay una diferencia clara a la hora de responsabilizarnos de nosotros mismos- a la hora de cuidarnos, atendernos y tomar nuestras propias decisiones: podemos estar queriendo hacerlo todo solos, llevar el mundo colgando a nuestra espalda, apoyar todo el peso en nuestros únicos dos pies… Podemos decidir responsabilizarnos de nosotros mismos creyéndonos todopoderosos, separados del resto y conocedores de todas nuestras posibilidades y caminos. O, por el contrario, podemos aventurarnos a responsabilizarnos de nosotros mismos desde el conocimiento de interdependencia y necesidad natural que tenemos con el resto del medio en el que vivimos.

Digamos que están aquellos que no se responsabilizan de sí mismos: lo dejan todo al azar y a la fortuna, se esconden tras su pareja, su papá o su mamá; se paralizan, cierran sus ojos o se convierten en máquinas automáticas a la hora de relacionarse con la vida. Digamos que hay otro grupo de personas que sí decide llevar su vida según su propia voluntad y toman la responsabilidad de saberse vivos y con una vida a gestionar. En este último grupo encontraríamos dos tipos de personas: aquellos que lo quieren hacer todo solos y acaban por “quemarse” con las subidas, bajadas y supuestas inconveniencias de la vida; y aquellos que se saben parte de un todo y que deciden apoyarse en el ciclo y en la corriente de la vida que afecta a todos y a todo lo que les rodea.

Yo he estado en los tres grupos, especialmente, en los dos primeros. Intenté hacerme responsable de mí misma pero no sabía confiar en los demás ni en un propósito Mayor; esto se me hizo muy pesado y decidí ser como aquellos que se esconden y no quieren tomar las riendas. Cansada de ocultarme, decidí volver a tomar responsabilidad de mí misma pero cuando no confías en lo que hay fuera y dentro de ti, ¡responsabilizarse es una pesadilla!

¿Por qué lo quiero hacer todo sola? ¿Por qué creo que la responsabilidad implica aislamiento y capacidad de hacerlo todo por uno mismo? ¿Por qué tengo este concepto en mi cabeza de necesidad de aprender a valerse por uno mismo? De esta manera, acabo siempre optando por soltar la responsabilidad de vivir mi vida; se hace cansado.

Por eso, esta mañana, me preguntaba por qué no medito y confío un poco más, por qué no me estoy dejando guiar, por qué no dejo que la corriente fluida de la vida me lleve a dónde me quiera llevar. Yo, realmente, pienso que la responsabilidad que tenemos como seres humanos es ser CONSCIENTES de aquello que nos rodea para poder aprender y disfrutar placenteramente de la vida. En cuanto al rumbo, personalmente, pienso que hay poco por hacer. Creo que la vida es como un río del que formas parte, puedes optar por pasarte la vida intentando parar las aguas o intentando construir diferentes afluentes y cauces; o puedes dejarte llevar siendo aquella parte del río que te tocó ser; disfrutándola, aprendiendo de ella y, potencialmente, dirigiendo esta corriente del río hacia dónde quiera tu corazón mediante el poder del amor y de la atención.

Por todo ello, le pido a Dios, a mi corazón, al destino de la vida, a aquello que nos conecta… que me guíe de nuevo, que me deje confiar, que me ayude a entender que no lo sé todo, que no puedo con todo, … que, independientemente de saber que yo soy el río, saber que soy, a la vez, una parte de él. Le pido que me ayude a entender que soy una gota en el océano y que la felicidad llega cuando te reconoces como un agente más colaborando en las historias de esta vida.

Quiero confiar, volver a confiar. Quiero pedir ayuda, volver a sentirme guiada. Dejar de lado las intenciones de crear mi propio futuro sin tener en cuenta el resto de los elementos. ESCUCHAR. Moverme al ritmo del Universo. Formar parte del ciclo. Ser una parte del todo, dejarme orquestar.

Ser un instrumento en la orquesta de la vida y sentir la música creada como si fuera aquello que alimenta mi interior. Soltar la responsabilidad de forjarme una vida al margen de los demás y sentir en mi interior la responsabilidad de saberme receptora de indicaciones, de escucharlas, de saborearlas, de seguirlas y confiar en mí y en ellas.

No sabemos tanto como creemos, no se trata de sacarnos las castañas del fuego… se trata de saber que sin las castañas, sin el fuego, sin tu cuerpo ni tus manos, no serías capaz de llevártelas a la boca. Se trata de saber que estamos todos interconectados, que hay un flujo que nos mueve a todos por igual y que disfrutaremos más si nos dejamos llevar siendo agradecidos y conscientes de aquello que se nos está dando.

Se trata de…

CONFIAR

EL MUNDO

Si enciendes la televisión, escuchas la radio o abres un periódico, descubrirás que vives en un mundo despiadado en el que vive gente en la que no se puede confiar.

Sin embargo, si abres tus ojos a la gente cercana que te rodea y observas su manera de actuar, descubrirás que en el mundo hay mucha más bondad, compañerismo, altruismo y cariño que el que se comunica en estos medios.

Los medios de comunicación buscan llenarte la cabeza de problemas en los que pensar y hacerte creer que vives en un mundo escaso de recursos y lleno de catástrofes de las que tienes que intentar salir ileso.

A la gente que quiere dominar, no le interesa que tengas la mente clara. No le interesa que veas tu propia grandeza, ni que entres en contacto con los recursos de los que sí dispones, ni que te des cuenta de que puedes CONFIAR y colaborar con otras personas. Ellos quieren hacerte creer que ellos son tu ÚNICA salvación en este mundo “lleno de problemas”.

Pero no, ellos no son tus salvadores. Ellos no tienen ninguna respuesta. La respuesta la tienes TÚ que eres quien DECIDE en qué tipo de mundo quieres CREER vivir.

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NACIMIENTOS

Si una emoción me visita y no consigo entender qué me quiere decir, me pongo en movimiento (e-MOCIÓN). Bien pinto, bailo, escribo, canto o medito; hago algo en lo que mi mente no tenga el mando y, así, pueda yo dejarme llevar por dicha emoción. Para parirla y conocerla, me entrego en presencia a ella, la acuno, le doy espacio y dejo que salga sin juzgarla. Hoy, opté por agarrar un folio y un bolígrafo y dejar que la emoción misma moviera mi mano para expresarse. Esto fue lo que salió:

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Mirando el dibujo, he pensado en una palabra que me evocara dicha imagen y de mí ha salido la palabra: PASIÓN.

“¿Pasión?”- me he preguntado extrañada. “¿Qué tendrá que ver la pasión con el acto de parir?” Ante la duda del por qué había establecido tal conexión, he echado mano del diccionario etimológico:

“la palabra pasión viene del latín passio que, a su vez, viene del verbo pati, patior (padecer, sufrir, tolerar), indicando a la pasión como lo contrario de la acción, es decir, un estado pasivo del sujeto.”

Bien, resulta que, al contrario de lo que solemos interpretar como pasión, el origen y significado de esta palabra son relativos al sufrimiento y la pasividad, es decir, a padecer y a la no-acción. Y, entonces, he podido entender por qué mi dibujo me llevaba a la idea de la PASIÓN y es que…

A la hora de parir (a la hora de parir un hijo, una idea, una obra de arte, un nuevo trabajo, una nueva vida para nosotros mismos…) es necesario cierto nivel de PASIVIDAD. Sí, al contrario de lo que se nos dice- que tenemos que hacer mucho esfuerzo y muchas acciones para dar a luz a nuevas cosas-, lo que se requiere por nuestra parte es, sobre todo, altas dosis de confianza, presencia, paciencia y de “no hacer”.

El hijo, a los nueve meses, va a nacer sí o sí. La madre actúa pero, sobre todo, SE ENTREGA. La madre suelta el control y deja que sea la naturaleza la que saque a su hijo a través de ella. La madre se encuentra en un estado de presencia incondicional, la madre confía y recibe a la criatura. A la hora de parir algo nuevo (un hijo, una nueva vida para nosotros, un cambio…), actuemos pero, sobre todo, presenciemos el proceso, confiemos en que lo mejor ya está aquí y saldrá sí o sí. Optemos más por el “no hacer” o, mejor dicho, por no querer sobrecontrolar o manipular desde la mente. Confiemos y actuemos solo desde la presencia y la escucha profunda.

Por otro lado, parir algo, dar lugar a lo NUEVO, llevar algo a la luz, requiere cierto sufrimiento. Sufrir significa etimológicamente “sostener, padecer, soportar, tolerar…”. Es decir, para dar luz a lo NUEVO, requerimos estar presentes, sostener el proceso, tolerar los altos y los bajos. El sufrimiento no tiene por qué ser doloroso si lo contemplamos, si lo sostenemos, si lo respiramos, si lo integramos como parte de aquello nuevo que se está creando.

Últimamente, el acto de parir me inspira mucho… Tan salvaje, tan natural, tan humano… Es en este acto donde entendemos la fuerza de la naturaleza, donde nos rendimos a ella, donde nos entregamos y, verdaderamente, confiamos…

parir pasion 2 Pintura de Amanda Greavette

Toda esta exploración, me llevó a ver en youtube algunos vídeos de partos naturales. Este es el primero que encontré: https://www.youtube.com/watch?v=kP3FNOKQKIQ  ¡Cuánta belleza he sentido hoy!

QUIERO SER PERFECT@

Hace cuatro años, antes de que mi camino se enfocara de una manera profunda en lo espiritual y el desarrollo personal, me encontraba llorando en el despacho de una terapeuta. “Quiero ser perfecta”- le decía entre sollozos con toda la convicción. Y no solo se lo decía estando completamente emocionada sino que también mi tono indicaba la rabia de no poder serlo y, de alguna manera, algún tipo de entendimiento de que si lo quería de verdad, finalmente, mi deseo iba cumplirse.

Quería ser perfecta y, obviamente, sabía a un nivel racional la estupidez que estaba verbalizando… Sin embargo, a un nivel emocional y a un nivel mental, esa era mi verdad y ese era mi deseo.

Quería ser perfecta, en primer lugar, en mi trabajo. En aquella época, trabajaba en el departamento de marketing en una multinacional, me apasionaba mi trabajo e intentaba hacerlo de la manera más perfecta posible. No quería ningún tipo de mediocridad saliendo de mis manos, quería sentirme orgullosa de lo que hacía y ponía todo mi empeño y mi atención. Mi trabajo tenía que ser perfecto pues yo no iba a dar menos que eso.

Quería ser perfecta también con mi pareja. Estaba saliendo con un chico y él era el primero con el que mantenía una relación. Yo, era la “CHICA” de la relación y, dentro de lo poco que sabía del rol que la parte femenina desempeña, yo tenía que ser la chica perfecta. Eso era sinónimo de tener un cuerpo delgado, estar siempre depilada, oler fenomenal a todas horas, arreglarme, contener alguna que otra emoción o pensamiento y, por supuesto, COMPLACER. Sí, era la novia perfecta y es que yo, no podía ser menos que eso.

Quería ser la hija perfecta. Mamá y papá tenían que sonreír ante cualquiera de mis acciones. No había nada que me complaciera más a mí que ver la cara de mis padres cuando sacaba buenas notas, me ascendían en mi empleo o callaba mis opiniones en lugar de llevarles la contraria. A mi entender, someterme al pensamiento de mis progenitores era la mejor manera de ser perfecta. Por supuesto, no quería molestarles o entrar en ninguna pelea. Prefería pasar desapercibida, cumpliendo con las tareas que me pedía la vida; así ejercía yo mi papel de hija perfecta. Y es que yo, no podía ser menos que eso.

Procuraba ser también la hermana perfecta, sí. Y, por lo demás, en lo demás… creo que me dejaba relajar un poco con mi propósito de la perfección.

A día de hoy, no es que haya avanzado algunos pasos en el camino. Es que aquel camino, directamente, desapareció y hoy me encuentro en terrenos con paisajes completamente diferentes.

Ya no quiero ser perfecta, ya no. Hace tiempo que detecté ese personaje juzgador que llevaba en mi interior y que paraba cualquier intento de hacer algo de manera espontánea. Hace tiempo que decidí arriesgarme y ver que, en realidad, no había mucho que perder.

Y no, realmente, no hay nada que perder. Y me refiero a esos momentos en los que sientes que necesitas un cambio: un cambio en tu vida, un cambio en tu forma de ser… Y es que cuando, de alguna manera, te encuentras descontenta con tu actitud actual y sientes que quieres cambiar, realmente, ¿qué puede pararte? ¿La comodidad? ¿La comodidad de estar siendo algo que no eres? ¿Es que eso es realmente cómodo?

¡Venga ya! Nos autoengañamos creyendo que estamos cómodos sobre sillones llenos de agujas. Si no estás cómodo, levántate. ¿Qué tienes que perder? Quizás tengas que estar levantado un buen rato hasta que vuelvas a encontrar otro sitio u otra forma de relacionarte con la vida, quizás nunca la encuentres… pero, al fin y al cabo, ¿a qué crees que viniste a la vida? ¿A ser una seta en el lugar en el que te encuentras?

Podemos reinventarnos cada día, rehacer nuestros papeles, reconectar con la verdad que hay en nuestro interior… Que ayer fueras de una manera en concreto, no significa que tengas que ser así hoy. Que lleves diez años comportándote de cierto modo, no significa que ese seas TÚ realmente.

Yo te invito a RESPIRAR. A respirar de manera profunda, a olvidar por un momento quién eres tú en el puzzle de tu vida social y a dejarte nacer de nuevo: cada día, cada hora, cada minuto…

CADA VEZ QUE TÚ QUIERAS.

Renacer…

…solo se renace en el silencio, en el silencio interno.

Hay muchos jueces ahí fuera indicándonos lo que hacemos bien y lo que hacemos mal y hay un GRAN JUEZ dentro de nosotros, en nuestra cabeza, que hace de voz de todos esos jueces externos. No le tengas miedo, él solo quiere que mejores, que llegues a “algún lugar”, que seas alguien, que encajes, que te acepten, que te quieran… No le juzgues tú a él, déjalo ser, déjale hablar… Escúchale sabiendo de todas sus limitaciones, quizás tampoco a él le guste tener el papel que le ha tocado… Dale las gracias por sus consejos, por ser esa voz, por querer para ti lo mejor… Y, continúa caminando con él pero sin dejarte afectar por ello. Si un día él se quiere marchar, deja que sea él quien lo decida.

Las voces de la mente solo hablan de lo que saben y saben bastante poco pues son solo un disco rayado de voces externas que vienen del PASADO. No las desprecies ni pretendas acallarlas pero no te las creas.

Para saber lo que es VERDAD, escucha mucho más adentro. Conecta con tu respiración, conecta con tu cuerpo, pon una mano sobre tu corazón en la zona de tu pecho, siente aquello que está ocurriendo justo en este momento… Observa interiormente, siente, respira, respira, respira… y conéctate con lo que es VERDAD para TI, ahora, en ESTE JUSTO MOMENTO.

¿HABLA TU CORAZÓN?

Mi corazón ha retomado el habla. Le está costando porque ya se sabe que cuando uno pierde un hábito, luego cuesta retomarlo.

Hablaba bajito esta mañana, a penas lo estaba escuchabando susurrar cuando le he preguntado: “¿Qué dices?”. Entonces, justo en ese momento, se ha callado. “¿Será que tiene miedo de hablar?”- me he preguntado para mis adentros.

El día ha continuado y he estado bien atenta por si lo volvía a escuchar. Sin embargo, no habían señales de que quisiera lanzarse otra vez al parloteo.

En una ocasión durante la tarde, mientras pasaba tiempo con mi hermana y mis sobrinos, ha vuelto a decir algo en una melodía que parecía amorosa y comprensiva. Aún así, seguía teniendo un volumen muy bajo y su pronunciación poco entrenada no me dejó entender bien qué estaba diciendo.

Mi corazón ha vuelto hablar. Aunque no le entiendo, le siento. Y espero que pueda comunicarse conmigo muy pronto.

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ESCUCHAR A UN HIJO

Vinimos, todos nosotros, como almas limpias cargaditas de cosas que compartir en este mundo en el que ahora nos encontramos. Cada bebé, es un alma recién encarnada que ha sido invitada a la fiesta de la vida.

Es importante, como padres, reconocer que somos los canales por los que un nuevo ser ha llegado a este mundo. Y, es importante, conocer cuáles son nuestras responsabilidades con respecto a este nuevo ser.

En primer lugar, como papás protectores de esta nueva criatura, nos corresponden las funciones básicas de dar alimento y seguridad material a nuestro hijo. Y, todo lo demás que nos corresponde hacer con respecto a ellos es: OBSERVAR, CONFIAR Y ESCUCHAR en estado de presencia total.

Si hay algo imprescindible que tenemos que transmitir a nuestros hijos es que se encuentran en un mundo SEGURO y que, dentro de ellos mismos, se encuentran todos los recursos para desarrollarse navegando en este mundo fiel . Debemos darles el derecho a dirigirse allá a donde ellos decidan y darles la seguridad de que les estaremos acompañando amorosamente a cualquier lugar que quieran transitar.

No se debe asustar a un hijo con el hecho de que les abandonaremos emocionalmente cuando hagan algo que no nos place. Les daremos la cuna y un lugar entre nuestros  brazos al que venir a descansar, cada vez que necesiten hacer una pausa o recargarse para proseguir en su camino. No les pediremos que hagan algo que no les dicta el corazón y lloraremos en silencio si creemos que ellos mismos se están perdiendo.

Aprenderemos a distinguir entre los miedos de nuestro hijo y nuestros miedos propios. Cultivaremos la paciencia para no querer hacer por ellos lo que ya sé hacer yo. Aceptaremos sus diferencias, comprenderemos que debido a haber tenido diferentes vivencias y ser alguien diferente a mi, ellos no son el reflejo de quién yo soy.

Mis hijos no son un espejo que le va a decir a la sociedad lo bien o lo mal que lo he hecho yo como padre. Mi hijo es un ser libre al que yo educo desde mi bienestar y del que no espero que cumpla con unas características que yo ya decidí para él ni que vaya a una determinada universidad.

Dejaré que mi hijo cada día me enseñe quién es él. Me apartaré del camino lo máximo que pueda, para que él mismo pueda relacionarse con su mundo. Miraré en mi corazón para encontrar las respuestas que estoy buscando. Y nunca pediré a este bello ser que calme las ansias que él no ha provocado.