VLOG: Dar desde el Amor que somos

No es lo mismo actuar desde el amor que necesitamos (carencia) que desde el Amor que somos (esencia). Si eres una persona interesada en compartirte y dar de ti a los demás has de saber que la prioridad eres TÚ y que la primera pregunta que debes hacerte no es qué necesita el resto del mundo, la pregunta es: “¿Qué necesito YO?“

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HISTORIAS O MAGIA

3c63c11d0adf90648a94e3e4f85f1f95Nos creemos parecidos cuando, en realidad, somos diferentes. ¿Por qué hubiéramos sido paridos si tuviéramos exactamente lo mismo que aportar que el hijo del vecino?

No, la realidad es que a simple vista nos sentimos como iguales, como calcos, como copias y retratos del pasado; pero no lo somos. Y por eso nos callamos, por eso no nos expresamos, por eso no nos compartimos. Porque nos creemos repetidos, faltos de autenticidad, carentes de distintivos.

Y no es así.

Nos hemos creído una mentira dolorosa que nos hace tapar nuestros jardines de rosas. Hemos caído en la tremenda trampa de pensar que el de al lado puede que sea una super-star pero que nosotros no lo somos. Agachamos la cabeza, dejamos caer los brazos… y nos hundimos en el suelo como un muro pesado; creyéndonos ser ruinas, dejando de lado cualquier opción a compartir lo que somos, a caminar firmes, a abrirnos paso.

Por eso que no te sorprenda cuando quieres abrir la boca pero no salen de ti las palabras, cuando te adelantas para mostrarte pero te repliegas avergonzada, cuando te sorprendes caminando de puntillas, silenciosa, cautelosa, ensimismada…

Y ya basta de este absurdo en el que unos pocos se comen el banquete de saberse valiosos. Y ya basta de esas caritas tristes de seres malcomientes que se autotorturan con mensajes que les dicen ser feos, malos, tontos o indiferentes.

No nos mantengamos impasibles ante el hecho de creernos normales o faltos de carisma y de magia. Desencadenemos una guerra interna con esas imágenes estáticas carentes de vida que tenemos de nosotros mismos y démosle vida carnal a este alma nuestra como Geppetto hizo con Pinocho.

Redescubrámonos día a día, devolvámonos la voz, comencemos danzas que jamás hubiéramos imaginado estar bailando y juguemos a ser aquello que SÍ somos. Pues la vida es un JUEGO tremendamente espontáneo. Y todo lo demás, historias poco interesantes que ya nos hemos contado una y mil veces.

UN TROZO DE PAN

Caminaba hoy por la calle cuando encontré un gran mendrugo de pan tendido sobre el suelo. La calle estaba limpia y las rocas de color gris daban forma a un suelo en el que había también un poco de asfalto. Miré el mendrugo de pan y sentí, como si pudiera tocarlo, su textura fresca y esponjosa. Parecía venir de un pan recién hecho, de estos panes de color blanco por dentro con corteza crujiente por fuera que se hacen en los pueblos. Era un trozo de pan español; sí, en efecto, lo era.

Iba a agacharme a cogerlo cuando, de repente, me pregunté si aquel mendrugo de pan había llegado hasta mí para ser encontrado, saboreado o, tan solo, observado. La boca se me hacía agua mientras yo seguía pensando en el origen y el destino de aquel trozo de pan. ¿Era ésta una casualidad cualquiera o había cierta magia universal que quería que nos encontráramos aquel trozo de pan y yo?

Recordé entonces el ambiente de los pueblos españoles. Los abuelos sentados a pie de calle, el olor de la comida casera saliendo por las ventanas de los hogares, las fiestas tradicionales donde todos los habitantes se reúnen para celebrar…“Ay…”– suspiré. Todo se hacía sentir como eso que llamamos “casa”.

Me encontraba sentada en la calle, sabía que cualquier transeúnte que pasara por allí me enjuiciaría pensando que era una loca mirando un trozo de pan… pero yo no podía evitarlo. De alguna manera, esto era algo nuevo; un suceso que nunca antes me había pasado. Así que decidí disfrutarlo por ridículo que pareciera desde el exterior.

No sé qué piensas mientras lees esto. ¿Crees que debería alcanzarle mi mano al trozo de pan y llevarlo hacia mis adentros? ¿Crees que algo tan sólido y tierno a la vez debiera pasar entre mis salvajes dientes? ¿Cómo podría hacer algo así?

Cogí el trozo de pan y lo llevé conmigo. No fue a parar dentro de mi cuerpo sino que lo eché en mi bolso. Algo debía hacer con él aunque todavía no supiera el qué de manera exacta.

Encontré un sadhu en mi camino (vivo en India y hay muchos de ellos; son personas que dedican su vida a la espiritualidad dando de lado a todo lo material). Me dijo que nunca quiso probar algo como aquello que le ofrecía. Quizás había demasiado mimo y amor en aquel pedazo de pan. Quizás el sadhu pensó que este mundo de sentires hogareños a él no le correspondía.

Encontré, entonces, a un niño mendigando en la calle. El niño vendía sus dibujos a cambio de dinero. Tampoco quiso saber nada acerca del trozo de pan que le enseñé sacándolo con mis manos desde el fondo de mi bolso.

Los perros que encontré en mi camino y que se acercaban de vez en cuando a olisquear que llevaba tan cerca de mí, parecían más bien interesados en mi olor y mi atención que en aquella joya que ocultaba tímidamente entre mis ropas. El trozo de pan cobraba valor conforme iba avanzando la mañana.

Llegué a las orillas del río. Un color verde esmeralda se extendía sobre las aguas que desprendían destellos y bellos movimientos provocados por el efecto del viento. ¿Qué podría hacer? ¿Quizás trataría de ofrecerlo? Muchas ofrendas se hacen en el Ganges, ¿por qué no soltarlo? ¿Por qué no vendérselo a la fortuna que fluye constantemente en el tiempo?

Pensé en soltarlo, en dejarlo ir; en mirar a la luna que no era visible y entregarlo como una ofrenda. Pensé, pensé, pensé; hasta que lo introduje en mi boca.

Lo introduje en mi boca, lo saboreé y sentí su textura fundiéndose en el interior de un medio acuoso. Lloré. Aquel trozo de pan era justo aquél que se cocinaba en los pueblos, que se compartía con la familia, que ocupaba un lugar central en las celebraciones de una buena fiesta dominguera. ¡Qué bueno se sentía estar de vuelta en casa! ¡Qué ansia había sentido por querer percibir dentro de mí lo que siempre había sabido que era mío..!

Sí; aquel sentir era mío; un sentir provocado por reconocer que aquello casero, mundano, tierno y familiar formaba parte de mi vida. Mío; solo mío; mío el saber que la naturaleza de la que yo estaba hecha era la misma que la que había estado atesorando aquella mañana entre mis manos.

AVENTURERA busca DESCANSO

Captura de pantalla 2014-10-30 a la(s) 12.50.30Fue en el año 2010 cuando hice mi primer viaje de mochilera. Mi amiga Diane y yo nos fuimos diez días a recorrer el norte de Vietnam. Yo acababa de dejar ese mismo día mi trabajo en Madrid y, teniendo en cuenta que era muy probable que volviera a vivir de nuevo en mi pequeña ciudad –Elche-, me pareció una buena idea irme a hacer un corto, loco e improvisado viaje a modo de transición con una de mis mejores amigas.

Hasta entonces, yo había viajado mucho. Sin embargo, casi siempre habían sido viajes familiares bastante estructurados o viajes de visitas a amigos europeos en diferentes ciudades de occidente. Yo, una mochila y el mundo por recorrer, no habían entrado antes en mi filosofía de vida.

Digamos que aquel viaje me fascinó. Mi amiga y yo fluimos y descubrimos rincones maravillosos de esos que no se encuentran en las guías. Y sí, desde aquel viaje, entendí que la libertad que una puede sentir tan solo con unas buenas botas en los pies y unos cuantos trastos básicos colgados en la espalda, ¡es INMENSA!

Cuando al año de estar trabajando en Elche me di cuenta que la vida en una oficina no era para mí; la mochila resurgió de entre los buenos recuerdos que guardaba en mi mente. Y, desde que me la volví a cargar en la espalda, ella pasa más tiempo conmigo que cualquier otra persona que se haya cruzado por mi vida últimamente.

Llevo, ahora mismo, dos años y medio viajando de seguido. He hecho parones de algunos meses en España pero me he movido muchísimo. He pasado unos seis meses en Estados Unidos, ocho meses en India, un mes en Nepal… más algún otro viaje esporádico que he ido haciendo por aquí por Europa.

En diez días vuelvo a coger la mochila y me vuelvo a marchar. Y, ¿qué puedo decir al respecto? Sí, estoy EMOCIONADA. Estoy ilusionada y contenta porque tengo muchísimas ganas de aterrizar en mi último destino, India, y volver a reencontrarme con todo lo de allí. Pero estoy CANSADA. Estoy cansada de moverme. Estoy extasiada y agotada. Tengo una necesidad imperiosa de levantarme cada mañana en el mismo lugar y saber qué me va a esperar a lo largo del día. Echo de menos algo de rutina, echo de menos algún proyecto en el que invertir toda mi pasión, quiero cosas que duren y que no se esfumen al cuarto día o al noveno mes…

El otro día mencionaba en mi página de facebook que me siento como una fresca rosa en su punto máximo de belleza y esplendor, desprendiendo una fragancia maravillosa y temiendo el cercano momento de que alguien me pode y me saque de mi lugar. Y sí, eso es lo que temo y a la vez deseo, que alguien o que la vida misma aprecien mi belleza y mi poder, me saquen de mi origen natural y me lleven al jarrón más hermoso y visible que exista. Sé que las rosas cortadas viven poco pero plantadas en su tierra tampoco es que duren mucho más. Y yo, agradeciéndole a mis orígenes, siento que a todo lo recibido le quiero dar alguna utilidad. Así como las rosas prefieren vivir expuestas y ofrecerles al mundo toda su belleza y potencial, yo quiero hacer lo mismo.

Ya he crecido, ya he madurado. Mi esencia se hace viva e, incluso, moldeable para poder darle forma. Y es por eso por lo que me siento preparada. Preparada para la vida, para el amor, para los días de lluvia, para los días de bonanza. Preparada para la entrega. Preparada para el SACRO-OFICIO de vivirme plena y compartir dicha plenitud con todos vosotros y con todos los demás.

INCONSCIENCIA

Una vez escuché a alguien decirme: “Tienes miedo a la inconsciencia de los demás”. Y sí, creo que aquella persona tenía razón porque veo, claramente, que me agobia el hecho de que haya gente que no pueda contemplar más allá que unas cuantas y conocidas posibilidades. No me refiero al humano común- que considero bastante abierto de mente- sino al humano que parece tener un muro de cemento en lugar de párpados que se abren y se cierran.

“Yo soy tolerante pero no lo soy con los intolerantes”, pensaba cuando iba al colegio. Y lo que me ocurría es que sentía mucha compasión por cualquier aspecto del mundo en general pero cuando me topaba con alguien que solo y exclusivamente tenía UNA opinión y, normalmente, esta opinión era cerrada y excluyente de la gran infinidad de posibles opiniones, sentía cierta frustración en mi interior.

“¿Por qué no puede ver más allá?”, pensaba.

La buena noticia es que esta no suele ser la norma. Cuando miras a alguien fijamente a los ojos, confías en el momento presente y abres tu corazón, la vida se da por sí sola y siempre hay un determinado reflejo en la otra persona. Lo normal es conectar y fluir entre personas, cuando hay verdad y sinceridad de por medio. Lo normal y lo habitual, por lo menos en mi vida, es encontrarme con conversaciones fluidas y gente dispuesta a abrir sus brazos para abrazar un “algo más” que es desconocido y misterioso.

¿Pero qué pasa cuando uno se encuentra con ese muro de cemento al que me refería antes? ¿Qué pasa cuando uno se topa con alguien que anda a ciegas dando palos e hiriendo sin saber que lo está haciendo?

Yendo al grano y para desahogarme con claridad, diré que todo esto viene a raíz de haber creado la página de facebook. Llevaba tiempo dándole vueltas al tema y, sin más, acabé creándola y poniéndola en funcionamiento la semana pasada.

Ayer pensé “voy a invertir veinte euros en la publicidad de facebook para darla a conocer y luego dejarla que se viralice de manera natural”. Bueno, ¡yo no sabía que veinte euros darían para tanto! Y sí, se ve que, para mí, de repente, tener a 160 personas que no conozco leyendo y opinando sobre lo que publico, se me ha hecho un poco estrepitoso de la noche a la mañana.

Y ha sido, simplemente, el leer un par de comentarios negativos venidos de la “inconsciencia” los que me han hecho sentir herida y me han hecho parar la “gran” campaña de publicidad que había decidido comenzar.

“No estoy preparada”, he pensado. “No estoy preparada para poner ahí fuera en el mundo todos mis bebecitos- mis dibujos y mis textos- que hago con tanto amor para que otros con unas simples palabras gratuitas, rápidas e inconscientes; me los destruyan”.

Y sí, asumo mi posible inmadurez o la facilidad que tengo para sentirme herida; pero he de decir que no son los comentarios negativos los que me afectan sino el hecho de que mi mente me dice: “¿Por qué la gente opina sin pararse un segundo a sentir primero? ¿Por qué la gente no ve el cariño con el que estoy haciendo esto y decide hablar por hablar poniendo ahí fuera palabras desagradables? ¿Quién les ha pedido opinión?”. Si no es que no acepte opiniones contrarias, es que quiero que vengan de un lugar verdadero y que busquen construir y aportar. Lo que yo busco es aportar mi granito de arena en la consciencia universal y compartir lo que soy con los otros. No busco aumentar las banalidades…

No sé… yo por inconsciencia me refiero, simplemente, a la falta de visión y, por tanto, de consideración. No me gusta el hecho de que la gente no sepa que tiene una Vida, que tiene una Mente, que tiene un Corazón… No me gusta que la gente no valore y no aprecie la comida frente a su plato o que el sol salga cada mañana. No me gusta que hayan robots en vez de personas. Consciencia, consciencia, consciencia… si yo lo único que quiero es DESPERTAR y que todos despertemos de este sueño que, muchas veces, se hace un absurdo.

Y sí, lo que quiero es DESPERTAR al completo para poder respetar el proceso de todos los que no son yo, así como respeto el mío propio.

Respetaos a todos vosotros, respetarme a mí… eso es lo que quiero.

Y ahora entiendo los miedos que han estado influyendo a mi vida anteriormente. Ese miedo a salir, ese miedo a mostrarme, ese miedo a relacionarme con los demás desde mi Verdad… Creo que tengo la creencia de que el mundo es despiadado y no es un lugar seguro en el que poder mostrar tu esencia y tu lado más vulnerable. No confío en los demás. Tendré que empezar a valorar ese precio que hay que pagar por formar parte de este gran grupo que es la humanidad.

JARRONES DE PORCELANA

¿Cuántos jarrones de porcelana se tienen que romper para que finalmente nadie tema volver a estar a tu lado? Como te comentaba, tantas cosas han caído de mis manos que ya comienzo a rendirme al hecho de que no hay nada en esta vida que yo posea.

Por ello, por tan bello conocimiento de que nada es mío y nada me pertenece, puedo entregarme a ti, amado mío. Porque nada es tuyo, yo no soy tuya; nada es mío, tú jamás serás mío.

Porque respeto el libre albedrío, porque consigo apreciar a los pajarillos volar sin conocer mínimamente hacia donde van a emprender su vuelo, porque el río suena y me lleva contenta de paraje en paraje… porque estoy entera y completa y, a la vez, vacía de toda posesión. Por todo ello, puedo ser yo: precisa y clara como la más diminuta e intensa de todas las expresiones.

Mi voz se hace un hueco entre las montañas, mis fluidos arrasan aquellas partículas que habían quedado un día clavadas en la tierra, mi pelo mece el viento que va entonando melodías para que los animales jueguen a esconderse entre sus susurros.

Y yo, erguida pero postrada, me rindo ante el destino. Agacho mi cabeza y apoyo mi frente sobre el suelo. Respiro, ya que es de lo poco que me queda. Y espero, para que Tú, hagas de este Paraíso en el que vivo, un lugar de tierra fértil y provechosa felicidad.

Sí, lo leí una vez en un fragmento de Tolstoi:

“He pasado por muchas vicisitudes y ahora creo haber descubierto qué se necesita para ser feliz. Una vida tranquila de reclusión en el campo, con la posibilidad de ser útil a aquellas personas a quienes es fácil hacer el bien y que no están acostumbradas a que nadie se preocupe por ellas. Después, trabajar, con la esperanza de que tal vez sirva para algo; luego el descanso, la naturaleza, los libros, la música, el amor al prójimo… En esto consiste mi idea de la felicidad. Y finalmente, por encima de todo, tenerte a ti por compañera y, quizás, tener hijos… ¿Qué más puede desear el corazón de un hombre?…”

AMOR

¿Qué significa la palabra AMOR para ti?

Una vez me hicieron esa pregunta y no supe qué contestar. La pregunta seguía viniendo a mi cabeza días después en diferentes momentos. Las respuestas eran diversas aunque siempre compartían algo en común. Finalmente, una mañana, escribí mi respuesta:

“Abundancia, eso es amor para mi. Recibir en abundancia, tener tanto que no te queda otra opción más que darlo. Darse a uno mismo, eso es amor. Entregarse, llenarse y vaciarse. Amar es compartirse a uno mismo, es mostrarse y postrarse ante las maravillas de este mundo que nos sustenta”

Y sí, me he dado cuenta que amar es compartir. Y compartir es cuando recibir y dar se funden en un mismo acto. A veces el foco está más en dar, otras veces necesitamos abrirnos a recibir. Y siempre, aunque no nos demos cuenta ambos verbos se están dando al mismo tiempo porque cuando yo doy, hay alguien o algo que lo recibe; y cuando yo recibo, alguien o algo está entregando algo de sí mismo para mí.

Cuando hablo de amor me refiero a esos momentos que todos conocemos. Cuando le abrimos nuestros brazos a un niño y él nos da su calor, cuando observamos el cielo en una noche de luna llena y le otorgamos al universo nuestra presencia, cuando nos rodeamos de aquellos que queremos y estos ríen envolviendo nuestro alrededor de alegría, cuando nos entregamos de manera honesta y vulnerable tal cual somos, cuando recibimos a los demás como son…

Comparto una foto personal LLENA de amor. Llena de ese momento en el que dar y recibir se funden en un solo acto.

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MI VELERO

Necesito de ti. Del Dios verdadero, del que calienta mis noches tan solo con sentirme, del que me quiere tal y como vine.

El que no exige, el que da aliento, el que está presente, el que hace que mi corazón sea motor de mi cuerpo.

De ese Dios quiero, el que vive en mis adentros, el que me arraiga al suelo, el que se manifiesta a través de las formas, el que me mueve con respeto.

No busco otros guías, ni seguir furiosas corrientes de miedos.

Quiero sentir qué late dentro y darle forma con este cuerpo. Compartir, amar, ser mensajera de bellos conocimientos.

No tengo mayor anhelo que aprender a cuidar mi velero.

Guiame, viejo amigo, sé tú mi consejero. Y que sea a través de esta Tierra a la que yo amo y a la que todo y nada debo.

velero consejero