PERDIDAMENTE VULNERABLE

El otro día pensaba en una de mis cualidades: la pasión y la entrega a la hora de vivir lo que la vida me brinda. No suele ser tan común, creo, que la gente se entregue tanto a entender qué le está pasando o a desgranar todo aquello que va sucediendo.

Al fin y al cabo, veo que vivo la vida de manera auténtica y que siempre estoy dispuesta. Soy yo misma aunque a veces me pese y siempre intento no defraudarme a mí siendo leal y sincera con lo que de verdad está ocurriendo en mi interior. Busco experiencias, las observo atenta desde todos los ángulos como si se trataran de un complejo y misterioso prisma, lloro lo que me duele y le sonrío a momentos sencillos que encuentro llenos de magia. Me compadezco de mí, me abrazo, me riño, me beso… vivo, de pleno, siempre conmigo misma.

No voy a negar que a veces quiera echar a correr por patas cuando emociones desagradables se posicionan como losas en mi interior. Siempre hay algo mejor que hacer que sentarse a ver lo que a una no le gusta y muchas veces caigo en la tentación de agarrar cualquier juguetito antes de vivirme plenamente en ese momento que califico como desagradable.

Escuchando a Teal Swan el otro día, aprendí mucho de lo que es ese estado de presencia incondicional con uno mismo. Ella explicaba que, muchas veces, cuando nos encontramos en desasosiego, corremos a hacer cualquier otra cosa para evitar estar en ello: nos vamos a la calle a correr para liberar esa energía, nos tomamos un trozo de chocolate o una copa de vino, cogemos el móvil o nos ponemos enfurecidamente a meditar en el “ahora, ahora, ahora” intentando expulsar de nuestro interior una emoción real que está llamándonos a gritos desesperada para que le hagamos algún caso.

Decía ella que, precisamente, con la herida que tenemos todos de haber llevado una infancia desatendida en lo que no les es agradable a nuestros padres (te quiero si estás contento, te quiero si te portas bien, te quiero si no rompes mis esquemas mentales…) acabamos siendo nosotros los que también nos damos ese mismo mensaje de tener que ser de una determinada manera para contar con nuestro propio apoyo y atención.

Ella afirmaba que, cuando huímos de una emoción, estamos huyendo de nosotros mismos. Nos dividimos en dos, la que siente y la que niega lo que se está sintiendo. ¡Nos abandonamos! ¡Solo queremos estar con nosotros mismos cuando estamos bien! 

Quererse significa estar a nuestro lado en lo bueno y en lo malo. Y saber que uno puede contar con uno mismo a todas horas es un regalo que nadie nos puede quitar.

Las palabras siempre han sido fáciles –por lo menos, para mí- pero ¡a ver quién tiene el coraje para sentarse consigo mismo y respirar una y otra vez SINTIENDO a cada segundo eso que pincha bien adentro!

Lo bonito del tema es como uno se ablanda cuando hace este tipo de prácticas. Te das cuenta de lo “cervatillo” herido que eres y, entonces, puedes volver a salir al ruedo sin necesidad de hacerte el fuerte.

Y sí, tras esto que aprendí de aquella mujer, he estado observándome cuando huyo de mí misma. Y no me apetece hacerme eso más. Quiero contar conmigo de verdad. No me quiero abandonar. Por eso, espero tener el coraje de vivirme plenamente, estando a mi lado y acompañándome en cada emoción. Sacar esa fiera valiente que llevo dentro y MIRAR, MIRAR Y MIRAR de frente aquellas cosas que me hacen sentir perdidamente vulnerable.

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Ilustración propia: “Oh Dios, si tan solo pudiera dejar de huir de la tristeza”

“Precisamente, sufrimos por querer huir del propio sufrimiento”, Teal Swan

 

Vivir el presente

Hoy me gustaría hablar de lo potente y sanador que es conectar con el presente, con el ahora. ¿Cuántas veces nos pasa que llegamos físicamente a un sitio pero realmente no estamos en él? ¿En cuántas ocasiones estamos en un lugar y momento presente analizando lo que acabo de realizar o planificando lo que haré minutos después pero sin realmente enterarme de que está ocurriendo a mi alrededor?  El pasado ya pasó, ya no existe, no lo puedo tocar; el futuro es solo una ilusión, una esperanza. El presente es un regalo, es todo lo que tenemos.El presente nunca puede ser mejor que el que es porque el presente es el que es, no se puede cambiar. YA, es el presente y no puede ser mejor, YA es el presente. Y la vida es un continuo camino de YAS que pasan desapercibidos. Por ello, hoy me gustaría que durante el tiempo que estés leyendo esto, lo disfrutes al máximo, estés completamente aquí, con tu cuerpo, con tu mente y con tu corazón. Cuando dejes de leer este texto y yo deje de escribirlo, ya tendremos tiempo de hacer otras cosas en el momento presente, pero si hemos decidido estar aquí vamos a estar aquí al 100%, viviéndolo al máximo.

Mírate, obsérvate ahí absorto leyendo. Fíjate en la cara que tienes, en tu postura corporal. Sólo obsérvala, no la juzgues; abre tu corazón a recibir todo aquello que perciba de una forma nutritiva y enriquecedora. Y mientras lees esto, siente la planta de tus pies, siente el contacto con el zapato o con el suelo directamente; siente esa conexión con la tierra, la tierra que nos sostiene. Estés de pie o sentado, siente tu peso, la fuerza de la gravedad. Observa de reojo todo lo que te rodea, todo lo físico, lo material: tu ordenador, la sala o habitación en la que te encuentras, todo aquello que está ahí presente contigo… Eso que te rodea, ¿Qué te dice? ¿Qué significa para ti? ¿Por qué está cerca de ti en este momento presente? Toca algún objeto cercano o pon la mano sobre tu cuerpo y nota el tacto de la materia, de lo físico. Estás aquí y ahora. Estas aquí al 100%, entregándote a este texto, dejando que estas líneas entren dentro de ti y hagan mella en tu interior en este momento presente. No hay nada mejor que hacer que darle a estos segundos toda su significancia y para dársela, solo tienes que disfrutar de lo que tienes justo ahora, dar gracias e intentar aprender y absorber lo máximo de ello.

Y ahora que estamos los dos centrados, despiertos, abiertos y presentes; podemos meternos de lleno en el tema de hoy y aprender sobre como conseguir que cuerpo, mente y corazón estén dándolo todo por el ahora.

Piensa en aquellas noches que nada más tumbarte en la cama te das cuenta que, desde que te levantaste, no has parado ni un momento. Por costumbre, desde que el día comienza vamos con prisas a todas partes, siempre hay algo que nos está esperando o está esperando a que yo llegue y lo haga. Incluso, en los momentos de descanso o de pasárnoslo bien, la mente sigue recordándonos cosas que no debemos olvidar para el futuro o evaluando cosas que hicimos en el pasado. El problema está en que este tipo de días en los que no dedico ni un pequeño momento para mí y para el presente son muy habituales. Por ello, decidirnos a cambiar este aspecto y empezar a valorar el tesoro del ahora es un gran paso en nuestra vida. Algunos de los consejos que me doy a mi misma y que me gustaría compartir contigo son los siguientes:

–       Por la mañana, levántate con tiempo. Para ello, añade 10 minutos más a tu cálculo del tiempo que necesitarás para estar listo. Así, podrás disfrutar del momento de arreglarte tranquilamente y podrás desplazarte hasta los sitios (ya sea en coche o andando) disfrutando del camino, escuchando tu música preferida, disfrutando del paisaje o incluso haciendo alguna parada inesperada si fuera necesaria. Lo importante es que en vez de mirar el reloj, dediques esta primera hora del día a entrar en contacto poco a poco y pausadamente con lo que te rodea.

–       Para y estate contigo mismo. Los días que estás de un lado para otro sin parar o tienes muchas tareas que sacar adelante es recomendable que pares un momento y respires varias veces profundamente. Busca un lugar donde estés solo, cierra los ojos, toca alguna parte de tu cuerpo para “sentir que estás contigo mismo”, nota tus pies sobre el suelo y sobre la Tierra y sé consciente del Presente en el que estás. Respira varias veces profundamente hasta que notes que te has relajado.

–       Conectar cuando estás feliz. Conectar con el presente también es muy útil y valioso cuando estás en situaciones en las que te sientes feliz. Por ejemplo, si has quedado a tomar un café con tus amigos o estás en una agradable comida familiar; nota tus pies sobre el suelo, toca con tus manos algún objeto del lugar en el que estás, observa los sentimientos que tienes por esas personas que están ahora contigo, nota la brisa, percibe los olores, escucha bien todos los sonidos de alrededor y sé consciente de lo feliz que eres en el presente. Desde tu interior, congela el tiempo, saca una foto de ese momento y guardala como un regalo.

Estar conectados con el presente durante el día, no solo nos ayuda a vivir más tranquilos y relajados sino que nos hace mucho más sabios porque estamos en cada momento observando lo que ocurre y, por tanto, aprendiendo de ello.

Por último, me gustaría darte las gracias por haber estado aquí, conectado con estas palabras. Solo deseo que la próxima cosa que vayas a hacer justo ahora, le dediques todo el mimo y atención que se merecería algo que ya nunca se va a repetir. Disfrutemos del presente y del gran regalo que es la vida.