ESPACIO PARA EL DOLOR

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No sé cómo llevas tú eso de que las cosas duelan, tampoco sé si eres de los que las siente, las ignora o las consigue sortear de alguna manera. Yo soy de las que un pequeño golpe, me noquea, me deja K.O. Sí, también soy de las que goza con las pequeñas y diminutas experiencias.

Pero yendo por los derroteros que vamos, es decir, caminando el sendero del lado oscuro del dolor; he de confesar que he “pecado” de quedarme allí mucho más tiempo del necesario.

Hay personas que tienen tanto sufrimiento acumulado desde la infancia que han quedado insensibilizadas. Es tal la profundidad de la herida que llevan que ya no consiguen sentir las pequeñas frustraciones que se les presentan en la vida. En cuanto ven venir algo que les pueda mostrar su portentoso sufrimiento, salen despavoridos en otra dirección. No quieren ver de frente sus agonías, sus necesidades; utilizan un mecanismo de defensa para proteger esa aparente estabilidad de que nada les afecta internamente. Huyen.

Hay otras personas que esto del dolor se lo toman de otra manera. Se lo beben a tragos largos y hasta lo disfrutan. Se regodean con lo doloroso, les fascina la nostalgia, hacen arte con las lágrimas guardadas y usan todos los momentos de “bajón” para aprender algo de ellos. No está mal, siempre que no se convierta en una adicción.

Y bueno, los hay también que saben mirar los asuntos del dolor con distancia. Sienten un poquito, lo saborean con la puntita de su lengua y deciden continuar caminando por las sendas de lo fácil y lo sencillo. Utilizan mucho la cabeza y le dejan cierta voz al corazón- unos más y otros menos. Se cae en la posibilidad de ignorar la profundidad de una herida y poder sanarla del todo; aunque también se abre la opción de que la vida te vaya curando poco a poco, sin necesidad de que tengas que meterte de lleno en cada duelo.

Diré que esta última manera descrita de llevar el dolor es la que, últimamente, más me está llamando la atención. Yo siempre he sido de zambullirme en pozos oscuros, he extraído mucho alquitrán y me he pringado de pies a cabeza. Creo que me lo he pasado bien; pero puede que me haya perdido rayos del sol que sí brillaban a no muchos metros arriba de mi cabeza.

Y, por eso, por mi tendencia a acampar en los estados de ánimo melancólicos y paralizantes, comencé a tomar a otras personas como ejemplo: aquellas que sienten pero también PIENSAN.

Y es que en el mundo del CORAZÓN (y no hablo de prensa rosa) se ha establecido una guerra campal contra la cabeza. Aquellos que nos dimos cuenta de que vivíamos regidos por leyes mentales arcaicas y, muchas veces, impuestas desde el exterior; decidimos cambiar de capitán de barco y comenzar a escuchar a nuestras emociones. Eso sí, en la radicalidad que caracteriza a aquellos que quieren romper con todo, decidimos que la voz de nuestra cabeza era algo malvado que había que ignorar. A partir de ahora, nos dijimos, “¡CORAZÓN Y PUNTO!”

Y, claro, así me fue. Podría pintar un cuadro de 1000 metros cuadrados con todo tipo de emociones que descubrí y que todavía no han sido registradas en el diccionario. Y… que sí, que sí… que me lo pasé muy bien… pero acabó resultándome cansado.

La cabeza encontró su lugar en mi cuerpo y ya entendí que de ella también puede salir una voz dulce y pacificadora de fieras. El mundo de la razón no es tan temible como pensaba y resulta que vienen de él mensajes que encuentro amigables y de gran utilidad. E incluso los pensamientos hostiles comienzan a tener un hueco en el espacio de este corazón que se va abriendo a escucharlos.

Solo se trata de…

Sentarse a SENTIR si eres un cerebrito racional que no siente nada.

ó

Sentarse a PENSAR de manera práctica si eres una fiera salvaje e indomable que sigue los dictados de su corazón a cada instante.

Haciendo que haya un equilibrio entre cuerpo, corazón y mente; y tocando fondo pero sabiéndonos impulsar con el uso de nuestros pies que para eso están.

Que en la vida hay muchos amaneceres, todos únicos y especiales, y tenemos que verlos TODOS. Eso de andar escondidos bajo las sábanas de nuestra cama, ya no se lleva nada.

EL AMOR EN EL OPUESTO

Hoy estoy sintiendo muchas emociones de manera intensa desde que me levanté. Tuve un día ocupado así que no pude atenderlas debidamente durante el día. Ahora que es de noche, siento que hay una larga lista de espera en mi interior, esperando ser atendida.

Con mucho dolor- que siento internamente- me dispongo a trabajar y escuchar a cada una de esas emociones atentamente. Me pongo el traje de trabajo -un desnudo total- y abro la puerta para dejar pasar a la primera de ellas:

DESAZÓN

“Desazón”, así me ha dicho que se llama. Apunto su nombre en el papel de la consulta aunque, realmente, no sé que es lo que ella misma significa. Así, para empezar y entrar en calor le pregunto:

“¿Quién eres?”

“Soy la desazón – me responde- esa que, a veces, viene a visitarte pero nunca atiendes. Esa que te hace sentir que no hay salida y que no va a ver otra opción más que el camino que te desagrada.” 

La miro con curiosidad y me muestro sorprendida. Es cierto que sabía de su existencia hacía tiempo pero que nunca había llegado a notarla tan dispuesta a hablar conmigo. Esta sesión pintaba que iba a ser bastante interesante.

“Bien, desazón. Sí, es cierto que sabía de tu existencia. ¿Qué me vienes a decir?”

“En realidad, soy yo la que viene en busca de tu mirada, de tu atención, de tu escucha y tu consuelo.”

Respiro hondo, no sé qué decir.

“¿No vas a decirme nada?”.

El tono de su voz me intimida. Siento cierta vergüenza en mi interior. Es cierto que yo sabía que ella rondaba por los alrededores de mi consulta, sabía que me buscaba… y, yo, estaba bastante cabreada con lo que ella en sí representaba y, por tanto, nunca quise abrirle la puerta ni saber qué tendría ella para contarme…

“He sido cobarde, he de reconocerlo”- le dije. “Sinceramente, tu mensaje no es un mensaje que me interese. Tú siempre vas con la cabeza agachada, creyendo que no hay nada más por encontrar, que la vida no tiene sentido y que da igual hacia donde camines que todo va a ser igual. Pero es que, Desazón, vas como un alma en pena, sin rumbo fijo… ¿qué podría aprender yo de ti?”

“Como bien te decía al comienzo, soy yo la que quería saber de tu existencia, la que necesitaba un guía o una escucha, nunca te prometí ser yo la que te aportaría algo a ti… pero ya veo, claramente, tu altivez, tu hipocresía, tu avaricia y tu poca sensibilidad…”

De repente, en lugar de molestarme sus palabras, sentí un gran alivio. Últimamente, solo recibía halagos y mensajes positivos y, en realidad, podría ser que sus palabras SÍ tuvieran algo que aportarme.

“Es verdad que te he juzgado – le dije- es verdad que no quería saber nada de tu andrajosa presencia y tu negatividad pero, ahora que hablas, comienza a interesarme lo que cuentas…”

Se hizo un silencio entre nosotras dos.

“Sandra, siempre he vivido dentro de ti. ¿Por qué has hecho oídos sordos? ¿Por qué has cerrado los ojos a verme por quien yo soy? ¿No eres tú la que siempre busca que se le acepte al completo? ¿Quién quieres que te acepte si tú misma no eres capaz de ver todo lo que hay en ti?”- me dijo.

“No es de buen gusto saber que una tiene una parte oscura, desgastada y roída… eso debes saberlo…”– le respondí yo.

“Sí, ese es el papel que me ha tocado a mí pero… ¿te has planteado que puedes estar perdiéndote por no tenerme en consideración?”

“Si te digo la verdad, no se me ocurre nada que una parte tan miserable como la que tú supones en mi interior, tenga algo que aportarme….”- le dije con total sinceridad y apertura.

“PIENSA”.

“A ver, es verdad que sé que he atraído en mi vida a muchas personas en las que TÚ estás bien presente. Gente desanimada, depresiva, con pocas ganas de ver más allá, sin pasión ni interés por la vida… Sé, también, que la vida te pone delante a aquellas personas con características similares a las que uno mismo no puede ver en su interior… Sé que la vida quiere que sepa que yo SOY una persona COMPLETA y pone fuera de mí todo lo que no consigo ver dentro…”

“Así es…”– me reafirmó la emoción.

“Pero, aún así, no se me ocurre que puedes tener tú de bueno…”– le dije con aires dubitativos.

“Quizás, ese sea el principal problema, que intentes ver en mí un ápice de bondad…”

“Tiene que serlo, tiene que haber en ti algo bueno. Eso es lo que yo pienso, mi modelo mental de este Universo es que no hay nada en él que no tenga una utilidad…”

“¿Es para ti BONDAD igual a UTILIDAD?”- recalcó de manera muy aguda.

“Puede” – le dije.

“¿Y qué es para ti la utilidad?”

“Aquello que me enseña ALGO”.

“Bien, entonces yo soy buena si aporto y te enseño algo en tu vida, ¿no?”.

“Sí, así es”.

“¿Y qué crees que he venido a enseñarte?”.

“La realidad es que veo que lo único que tienes para aportarme es mostrarme la otra cara de la moneda. Es decir, sabiendo que existes tú, sé que también existe el lado opuesto. Ese lado en el que uno vive de buen agrado, encontrando diferentes caminos en su vida, dispuesto a comerse el mundo y saborear con gracia cada una de sus experiencias… Ese estado de corazón contento y cuerpo preparado para recibir en completa apertura y disponibilidad…” 

Me quedé pensando sobre las palabras que acababa de decirle y me reafirmé diciéndole: “Mmmm, sí, ¡es así! Ya lo veo…”

Me dio las GRACIAS con un simple beso, acarició con un susurro mi oído izquierdo y desapareció en ese justo momento…

Y, aunque, como le decía a Desazón, esto puede sonar a topicazo, me doy cuenta que esto es REAL. Es decir, es real que necesito entender que soy las dos partes y que ambas dos viven en mí. No soy esa persona que se come el mundo, que ve posibilidades más allá de dónde no las hay, que exprime, descubre y redescubre su propia esencia dándole gracias a la vida a cada instante. No, no soy esa… Y lo que es verdadero también es que no soy, tampoco, ese alma en pena perdida sin rumbo, desgastada y roída por los oscuros anocheceres de la vida, sin sentido ni pulso para vivir… No soy una, no soy la otra y, sin embargo, he de reconocer que soy las dos a la vez. Que me como el mundo a la vez que lo detesto, que AMO a la vez que ignoro, que atesoro a la vez que cierro mis ojos, que escucho a la vez que evito y que me entrego a la vez que me repliego.

Soy dos, soy una; soy todo y nada a la vez. Y celebro que tú estés hecho de lo mismo. Amo las diferencias que nos unen y los reflejos que nos damos el uno al otro. Te quiero tal cual eres. Adoro tus incongruencias pues no son más que la muestra viva de las posibilidades que atesoramos en nuestro interior.

Somos opuestos y a la vez iguales. Y eso es algo que nunca espero llegar a entender. Hoy solo quiero disfrutarlo. Disfrutar aquello que es dispar pero que baila abrazándonos con UNA misma música.

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* Pintura personal que ADORO – realizada con acrílicos

Hoy toca HABLAR

La sensación de saltar al vacío siempre que haces algo nuevo comienza a manejarse mejor en la medida en que te vas atreviendo a hacer cada vez más cosas nuevas. Sigues teniendo miedo, sigues sintiendo que a lo mejor te vas a estrellar pero, al ver que las veces anteriores saliste ileso, confías más y te animas con mayor facilidad a adentrarte en ese nuevo terreno que te impresiona.

Por otro lado, es cierto también que llega un punto en la vida en el que te das cuenta que no hay mucho que perder. Realmente, en mi caso, noto que muchas veces mis miedos se derivan de lo que van a pensar los demás. Es el miedo a la crítica, a que la gente me juzgue y me rechace, miedo a decepcionar… Y, bueno, una vez reconocido mi miedo y comprobadas las consecuencias nefastas que tienen para mi felicidad el optar por hacer lo que CREO que otros quieren, decido enfrentarlo y tirar para adelante. Digamos que si me estrello, por lo menos, será con dignidad : )

Así que, la semana pasada, cuando mi amiga Carlota del Pozo me contactó por facebook para ofrecerme grabar una entrevista y publicarla en su portal de coaching en internet, tuve que decirle que SI.

Le dije que sí porque sé que llevo una fiera que ruge por dentro pidiéndome día y noche que le dé mayor EXPRESIÓN. Y, bueno, aunque los miedos de turno se presentaron a mi costado, me los llevé a todos a la fiesta de inauguración de mi “primera entrevista hablada” vía internet.

La conversación con Carlota fluyó de maravilla y, aunque me sentía un poco nerviosa, me encuentro ahora muy satisfecha de haber puesto otra nueva semilla en terrenos que antes me eran desconocidos. Ahora, la semilla, hará sola su trabajo.

Aquí os dejo la entrevista. ¡Espero que la disfrutéis!

http://carlotadelpozo.com/como-expresarnos-con-libertad/

Minutos 1-11: Hablamos sobre cómo decidí dejar mi vida de oficina y adentrarme en algo nuevo que por aquel entonces me era desconocido.

Minutos 11-22: Cómo conectar con el interior, conocer nuestras emociones y expresarlas libremente.

Minutos 22-30: Sobre cómo confiar en la vida y en los demás.

Minutos 30 – 40: Recapitulación final y despedida.

TRIUNFAR

Soy un ser humano, solo soy uno más entre tantos.

Cuando veo la vida así, entiendo que estamos aquí para disfrutar de nosotros mismos, de los demás y de la naturaleza que nos rodea. Entonces, pierde sentido poner esfuerzo en destacar y ser más importante que los demás. Porque, al fin y al cabo, no se puede destacar con respecto a otros en lo que uno realmente ES. Tan solo somos seres humanos, de igual condición. Mi mente puede creer y decirme que yo destaco o los demás pueden decirme que ellos creen que yo destaco pero eso es simplemente algo mental que proviene de la cultura y la sociedad.

Querer escalar solo puede hacerte sentir miserable pues implica que donde estás no es suficiente. Si asumiéramos que no hay nada más que alcanzar y que somos maravillosos tal cual somos, estaríamos más receptivos a los mensajes que llegan en forma de amor en este Universo. Porque el amor no entiende ni de comparaciones, ni de destinos a los que llegar… El amor es un sentimiento que llena tu cuerpo cuando uno se encuentra completamente receptivo y agradecido por lo que ES en ese justo momento. El amor no se percibe cuando uno tiene la vista puesta en un futuro supuestamente más prometedor o en conseguir cosas que uno cree que no tiene.

Triunfar, este es el tema. Triunfar, destacar, ser alguien más relevante que los otros. No poder soportar el hecho de que mi medida y mi estatura son iguales a las de los demás. Querer ser más, poder mirar desde arriba, escalar.

Si asumiéramos lo vulnerables que somos y que no podemos ser más que lo que ya somos por mucho esfuerzo que pongamos en ello…

Asumir nuestra carne y nuestros huesos, el hecho de que estamos expuestos a ser heridos y que un día nuestro cuerpo caerá por su propio peso siendo nuestra Alma y nuestra energía lo único que lata en el Universo… Asumir que somos como corderillos aunque a veces sintamos nuestro peso como el del elefante.

Humildad. No querer ser algo más. Amar a los demás sin querer adueñarse de una supuesta posición superior o inferior. Amar a los demás solo se puede dar desde la igualdad y, por tanto, sin miedo. Sin necesidad de crecerme para ser más poderoso que el otro y, así, evitar que me hagan daño. Sin necesidad de ponerme por debajo del otro para poder soltar sueños y responsabilidades y dejarlo todo en manos ajenas. Dejar que el otro mida lo que mida y saber que yo mido igual que él.

Aceptar lo que nos hace humanos para poder disfrutar de ello.

A mí me hace humana, echar de menos a la gente que quiero.

A mí me hace humana, tener miedo de lo que siento que es más grande que yo.

Me hace humana, disfrutar del Sol y dejar que me caliente.

Me hace humana el hecho de tener una mente que cuestiona todo automáticamente.

Mis piernas me hacen humana. Mi sexo me hace humana. Mi cara donde se encuentra la boca por la que como, los oídos por los que escucho y la nariz por la que huelo y entra el aire que respiro, también me hacen humana.

El hecho de que esté aquí por un período corto de tiempo, me hace humana.

Ser de la misma condición y naturaleza que la persona que tengo al lado, me hace humana.

Y, especialmente, no saber absolutamente nada, aceptarlo y disfrutar de ello, me da el total permiso de ser humana.

Dejar de querer saber más, tener más o ser más.  

Aceptar nuestra condición humana, rendirse en la lucha interna personal, postrarse ante lo que queda y, finalmente, DISFRUTAR.

Rechazo

Hoy me doy derecho de que no me guste todo el mundo, de que haya gente que repelo y me cae mal.

Hoy viendo el mundo con mis ojos, he entendido que no es necesario amar ni aceptar ni darle la bienvenida a todo aquello que veo. Puedo decir que NO, que es feo, que no me gusta y que eso para mi no lo quiero.
Hoy me doy el derecho de rechazar, de apartar cosas, de abrirme paso entre la maleza para poder caminar mejor.
De desatar ataduras, de elegir la libertad, de caminar disfrutando del suelo que piso con cada paso.
Y es que el amor desune y une, y el amor lo engloba todo incluso la separación necesaria con el otro.
Hoy recibo al rechazo, pues nada se puede realmente rechazar, solo condenar y eso tampoco es malo; solo es un acto humano.

AMAR LO MATERIAL

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AMAR LO MATERIAL

Hasta lo que a ti pueda parecerte más banal, tiene siempre un sentido profundo. No rechaces lo material pues lo espiritual vive y se muestra a través de ello. Ama todo en la vida pues tú eres la vida misma.

Tengo suficiente

Vídeo

Este vídeo que publico hoy es muy especial para mi. Alguien lo grabó hace un año mientras bailaba con Chungliang Al Huang, un hombre maravilloso que enseña desde el corazón, un maestro del que vale la pena saber más. La canción que se escucha se titula “Ich Habe Genug” que significa “tengo suficiente” o “estoy contento–de estar contentado, de no necesitar nada más. Y así siento hoy a mi corazón: calentito, en casa y diciéndome que tenemos suficiente. Mi vida es jugosa y llena de experiencias. No puedo pedir nada más. No quiero usar mi tiempo pidiendo nada más que lo que tengo. Tengo suficiente, me siento contenta. Llena y plena desde el corazón.

Amar estando solos

Hay un hecho claro y es que yo tengo un cuerpo físico. Ese cuerpo físico que puedo tocar no lo abarca todo, es decir, notando mi piel exterior puedo encontrar hasta donde llegan los límites de mi cuerpo. Yo no soy tú, ni soy la mesa que tengo al lado ni la montaña que pueda tener enfrente.

Dentro de mí, dentro de este cuerpo limitado, se cuecen numerosos tipos de emociones. Además, en mi ser, hay muchos pensamientos, algunos repetitivos y otros nuevos que traen agua fresca a la mente. También, dentro de mi cuerpo, noto la energía que fluye a través de él.

Cuando me observo viviendo, necesito hacerme consciente de este hecho. Del hecho de que yo, como ser humana, soy sola, estoy sola. El Universo entero vive dentro de mí pero tú solo podrás ver de mí lo que yo de ti te refleje y viceversa. Por ello, pensando en la belleza de esta idea que tanto nos asusta, el otro día escribí el siguiente texto:

“Sí, lo repetiré una y otra vez: estoy sola y soy sola. Estoy sola, físicamente sola, incluso espiritualmente sola. Soy un Todo solo. Como persona soy sola. Y como persona ando sola, duermo sola, como sola. Vivo sola, me rodeo con otros estando sola, pienso y respiro estando sola, canto sola, bailo sola. Vivo sola, amo sola, observo estando sola.

A tu lado quiero encontrar que estoy sola, ser sola, entenderme sola. Vivirme sola, alimentarme sola. No escapar de la soledad, aceptarla aquí y ahora estando llanamente sola. No buscar que tú llenes el hueco creado por la falta de amistad con el hecho de ser sola. Aceptarme sola, vivirme sola, amarme sola. Quererte solo, amarte solo, respetarte solo. Desearte siendo solo, venerarte a ti siendo solo. Compartirme siendo sola, entregarme siendo sola, correr moviéndome sola, reír contigo sola, amarte a ti, quererte, acariciarte y seguir sola.

Adorar estar sola, adorar la vida sola, amar a la gente sola.

Cantemos todos juntos solos, soñemos solos y abramos los ojos estando solos. Toquémonos a nosotros mismos estando solos y tendamos la mano al otro siguiendo solos.”

Es duro, por lo menos lo es para mí, cuando me doy cuenta de todo esto. Es duro para mí aceptarme como un ser solo responsable de su propia existencia. Es complejo hacerlo pero, a la vez, es liberador. Porque si consigo entenderme como un ente aislado en el plano material, no tendré que estar pidiéndole ni al mundo ni a los demás, que realicen por mí la tarea que yo sola puedo realizar. Además, si entiendo el hecho de que como seres humanos somos Universos completos viviendo solos, podré respetar la soledad de los demás, su independencia y su interdependencia. Creo que entendiendo este hecho podré crear relaciones más sanas, no dependientes y basadas en la verdadera amistad y libertad.

Por eso digo que estar y ser solo no es feo, es algo bello. Algo bello que bien entendido y respetado nos puede llenar de libertad y verdadera realización personal.  

HOMBRES PUROS

Muchas veces confundí el camino de la Verdad con el camino del conocimiento.

Muchas veces pensé que para vivir en estado de felicidad, era necesario pasar por el sufrimiento.

Muchas veces minusvaloré a aquellos que pasan por la vida sin pretensión de comprender qué hay en el más Allá.

Muchas veces creí que lo espiritual renegaba de lo material.

Muchas veces mi mente me llevó a pensar que el espíritu era más noble que el cuerpo.

 

Muchas veces quise instaurarme en la maldad y preferí el castigo a la bendición.

Muchas veces vendí mi Alma para ocupar a mi ser en algo.

Muchas veces quise ayudar a los otros sin saber que no estaba ayudando a nadie.

Muchas veces pensé que tu libertad no era tuya, ni mi libertad era mía.

Muchas veces jugué con fuego y nunca me quemé.

 

Muchas veces renegué de mi propio poder.

Muchas veces disfruté gozando de tormentas de confusión.

Muchas veces valoré más tu palabra frente a la mía.

Muchas veces quise cargar con aquello que no me correspondía.

 

Muchas veces he sido espejo de resentimientos.

Muchas veces he abandonado a mi cuerpo explorando el exterior.

Muchas veces he malgastado el tiempo maldiciendo.

Y muchas veces he querido captar tu atención.

 

De nada de lo que haya hecho me arrepiento.

No es ésta una carta de perdón.

Hoy abrigo al Universo entero y trasciendo a la tentación de cambiar algo en mi vida, ni siquiera un signo de acentuación.

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Hoy doy Gracias a la vida por mostrarme con AMOR que soy pura, que soy digna, que en mí está TODO y que TODO soy yo.

Que todo es PURO, que todo es DIGNO y que si quiero obtener alguna explicación, sólo tengo que poner mis manos en el pecho y caminar conectada con mi corazón.

Hoy pongo aquí una intención y es que el ser humano entienda en todos los niveles de su ser que somos PUROS, BELLOS Y PERFECTOS tal cual somos. Que no hay nada que combatir, nada que derrotar, nada que cambiar; ni dentro ni fuera. 

Que podemos soltar las armas, que podemos dejar de controlar, que vale la pena arriesgarse y empezar a AMARNOS de verdad. 

la foto

FILOSOFÍA

Hace ya tres años que visité Sintra, un pueblecito cerca de Lisboa en Portugal. Fue una escapada de fin de semana que hice con Diane, una amiga que adoro y con la que coincido en el gusto de fluir a la hora de emprender un viaje.

Allí en Sintra,  visitamos el palacio Quinta da Regaleira, el cual todavía recuerdo como uno de los lugares más mágicos en el que yo me haya encontrado. Por aquel entonces, la llama interna espiritual no me quemaba como lo hace ahora, pero sí me provocaba un suave dulzor cada vez que mi ser se acercaba a algo místico o intemporal. Recuerdo la fina llovizna de aquel día nublado y como se sentía el frescor en mi cuerpo, recuerdo como la brisa movía mi pelo y como mis  ojos se quedaron clavados en aquel “despacho” que se encontraba en la planta superior del palacio. Íbamos sin guía y tan solo leí que se trataba del lugar donde el señor que vivía allí se dedicaba a la alquimia y a la filosofía. El palacio era sorprendente, los contornos de las piedras grises que le daban forma eran preciosas y aquella sala apartada me resultaba fantástica. Imaginaba a aquel señor, un día como aquel, solo en su habitáculo: observando, queriendo comprender, dejándose sorprender. Me sentía yo, en aquel momento, como se debía sentir él; fascinada por la vida, tan solo por el hecho de existir o conectar con cualquier pequeña cosa que allí se me mostrara.

Este momento de fascinación y presencia me lleva a muchos tantos otros que fueron vividos años atrás. Recuerdo aquellas horas de la siesta durante mi adolescencia embriaga por las teorías de Platón o tantas decisiones conscientes en mi niñez que tomaba mientras hacía la fila en el patio del recreo. De hecho, me viene a la mente, aquella psicóloga que a los trece años me prohibió leer cualquier libro que contuviera filosofía. Y es que, quizás, en aquel momento no estuviera preparada.

De hecho, me sigo preguntando si sigo preparada. Pero, preparada, ¿para qué? Quizás para lo único que uno tenga que estar preparado es para darse a la vida, para seguir sus pasos sin querer marcarle uno a cuenta propia el camino. Supongo que el viaje de la vida debería parecerse a esos viajes que hago con Diane. Uno se lee la guía, se apunta en una libreta lo que hacer cada día y luego, una vez en destino, uno nunca saca esa libreta de la mochila a no ser que se encuentre de verdad en un apuro. ¿Será ese el arte de fluir? A veces me imagino que la vida es la corriente de un río que te lleva y tú, según lo que tienes enfrente, decides dónde poner tu atención. ¿En lo negativo o en lo positivo? ¿En algo concreto o en el todo? ¿En lo que ya tienes o en lo que crees que te falta? ¿En lo que brilla o en lo que no consigues ver escondido en la sombra? La vida te lleva, tú te dejas fluir; y si realmente te fundes con el río de la vida en total presencia, entonces tu atención es la que os lleva a ambos. El río de la vida y tú sois uno mismo y ahora ya solo existe la posibilidad de la atención plena. ¡Qué bonito suena pero qué complicado es no querer meter mano en el canal libre de las cosas que van sucediendo!

Hoy, navegando por internet, he descubierto a Caroline Myss y me ha dejado refrescantemente helada al escuchar una de sus charlas. Ha sido información fresca que me ha animado a seguir exactamente en el lugar en el que ahora estoy, sin provocar nuevos acontecimientos. Ella contaba como estamos completamente guiados desde que nacemos y como ahora mismo estamos en el lugar en el que debemos estar. Si las cosas tienen que cambiar, la guía llega y tú cambias; si es necesario que cambies de dirección, se produce un cambio de dirección. No se está refiriendo a que te quedes parada ni mucho menos paralizada, se refiere a que aumentes tu gratitud y tu contentamiento, te relajes, confíes en que todo está bien, mires hacia tu interior y dejes las cosas fluir. Y, por supuesto, se refiere a que actúes, si eso es lo que nace de tu verdadero interior. Pero para ello, necesitas cuidar tu interior.

Es duro practicar dicha confianza en la vida y ese es para mí el mayor reto. Confiar que todo está bien, que no eres ni más ni menos, tan solo una pieza de un gran puzzle en el que lo mejor que puedes hacer es sonreir internamente  a todos los acertijos que a uno se le plantean. Lo que más me ha gustado de ella era ver cómo hablaba de aquellos momentos en los que una se siente perdida y dice: “no siento ninguna guía, me siento bloqueada”. Dice que es precisamente en esos momentos, cuando uno más guiado está. La voz en tu cabeza te está diciendo algo muy alto y muy claro pero, al ser precisamente lo que no quieres escuchar, tú misma te bloqueas y decides no escuchar a tus instintos intuitivos. Así, explica como los seres humanos pedimos que se nos guíe y, una vez llega esa luz que te indica el camino, uno decide bloquearse por miedos.

Como solución a tal supuesto bloqueo, recomienda que te dejes de meditaciones, inciensos, caminatas contemplativas o mantras. Simplemente, dice así:

“Cuando pienses que estás bloqueada, ve a coger papel y boli. Entonces, pregúntate: ¿Cuál sería el mensaje de mi guía espiritual que más miedo me daría ahora mismo seguir? Escribe la respuesta, escribe ese gran miedo y hazte a ti misma contemplarlo. Tan solo por tener la valentía de escribirlo y contemplarlo se convierte casi como un contrato contigo misma. Tan solo con contemplarlo, puedes dejar a ese miedo ir y con él, ese bloqueo. No existe el hecho de estar bloqueada si puedes ver que nada te asusta, esa es la verdad, y entonces tan solo tienes que esperar y aprender a confiar

No hace mucho que un chico que se acababa de enamorar de mí me dijo de un día para otro que se sentía bloqueado y que, aunque me quería mucho, se sentía llamado a irse solo en silencio a las montañas. Yo, desde mi observación y por experiencia propia, sabía que lo que su guía espiritual le estaba poniendo delante era el reto de tener una relación pero fue el bloqueo creado por sus miedos lo que le llevó a escaparse a la soledad de las montañas.

Y es eso lo que tenemos que discernir, a quién estamos siguiendo. ¿A nuestros miedos o nuestra guía espiritual interna? Por eso es importante mantener el estado de presencia y la calma y cultivar el contentamiento y la gratitud, porque, como dice esta mujer, no se trata de vivir una vida extraordinaria sino de vivir una vida ordinaria con una vida interior extraordinaria. Es decir, que mires por la ventana de tu casa y tus pensamientos sobre lo que hay fuera sean bonitos; que te acuestes en la cama a dormir y tus sueños sean dulces, que haya paz en tu interior.

Así que, ya por finalizar, hoy me quiero hacer un regalo a mí misma. Y es el regalo de ACEPTAR quién soy y aceptar lo que me hace sentir llena de alegría. Y una de esas tantas partes que me enriquecen es la observación, la introspección, el reclutamiento en mi interior para descubrir que se halla ahí dentro, el misticismo, el placer de saber cuando las respuestas se pueden saborear con la sensibilidad plena de todo mi cuerpo. Hoy me doy el derecho de ser además de un ser social, un ser asocial; de además de ser una persona que crea cosas y es productiva, de ser una persona completamente improductiva en términos visibles; me doy el derecho de no ser nadie en este mundo, de no pintar nada aquí y de desaparecer escondida en cada una de mis células hasta que yo decida resurgir. Me doy el derecho de meter la cabeza dentro de la casa del caracol cuando me plazca y de sacarla cuando me entre en gana. Eso es, lo quiero ser TODO, porque TODO es lo que somos. No quiero dejarme nada sin probar, porque todo se puede probar desde la plena conciencia que ahora mismo nos embarga.

Gracias por leerme ya que, precisamente, es para la conexión con los otros que decido meter la cabeza dentro de la casa del caracol. Cada vez que meto la cabeza dentro de mí, saco un regalo para ti; y cada vez que la vuelvo a meter dentro de mí tan solo es para atesorar esos regalos que tú has traído para mí. ¡Menuda danza, qué suave, qué bella: dentro y afuera, entrar para salir, salir para entrar, entrar para dar, salir para recibir!

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