NO SOY TU CONCEPTO

shiva-shaktiSupongo que no solo somos las mujeres las que sentimos y nos expresamos, supongo que no es algo que solo me atañe a mí y quizás sea independiente de mi sexo. Si soy o no soy mujer y si el otro es o no hombre. Dicen que depende de lo que tú te consideres. Dicen que incluso hay quienes se les denomina “de género fluido” y también dirán que hay quienes no se identifican con un género.

Creo que soy de estos últimos; soy mujer y también albergo al hombre dentro de mí. Creo que soy dos y no solo una, que ambas energías conviven en mi interior y que no puedo identificarme solo con una de ellas.

Creo que por ello debiera sacar más a juego a mi lado masculino porque algo de hombre hay en mí, por no decir que soy mitad y mitad y que no explorar mi masculinidad sería como tener a la mitad de mi jardín muerto y seco; como dejar a una parte de mi ser a un lado, como ignorar parte de mi potencial.

Y me veo aquí escribiendo, reflexiva, pensativa, creadora y creativa; y quiero ignorar las invitaciones sociales a creer que la mujer no crea y solo copia, que la mujer no genera y solo repite; que carece de carisma, de dones y regalos y que no tiene la capacidad para obrar y hacer arte. Porque si la mujer es un ser incapaz de traer Belleza y cosas innovadoras a este mundo, entonces tendría que quitarme el calificativo de mujer y eso no es, precisamente, lo que quiero.

Y quizás eso es lo que haya ocurrido que, con el paso de los años, el concepto de mujer ha ido cargándose de connotaciones aburridas, asépticas, insulsas… Que se nos consideró por mucho tiempo como inválidas y así fue como nosotras interiorizamos las características de ser mujer. Y tu abuela, tu bisabuela y todo tu linaje tuvieron que vivirlo de lleno hasta que llega el día en que tú te planteas si, realmente, eres mujer y te das cuenta que, quizás, ese concepto que ellas crearon a base de lo que les contaron, a ti no te plazca, contigo no vaya, en ti no se adapte.

Y entonces te ves obligada a rehacer un concepto, a rehacer una idea, a reencontrarte con la palabra mujer y con tu cuerpo. A intentar entender si aquellas características arcaicas que se le asignaron al cuerpo femenino realmente encajan con tu figura y a determinar si tú, efectivamente, eres esa mujer de la que te hablaron o eres algo nuevo que absolutamente nadie te mostró.

Te descubres inteligente, llena de belleza y amor, completamente capacitada para desarrollar nuevas ideas e incluso con las herramientas para generar cambios en el mundo. La fuerza toma cuerpo en tus manos y tus piernas quieren correr y hacerse grandes y poderosas. Quieres gritar y lo haces y tu pelo se vuelve libre y alocado, a la vez que tu útero se ensancha y sangras por toda esa vida que ya llegó y por la vida que tú misma eres.

Y, entonces, lloras y te derrumbas, hueles el perfume de una flor y te embriaga, y disfrutas y juegas y bailas y junto a tus cantos aparecen los cantos de la naturaleza, la esencia de aquella flor, la belleza de una idea, la potencia de tu voz.

Y te redescubres y te sales de un insulso y absurdo concepto y no buscas la etiqueta que te defina en la sociedad porque no todas las mujeres ni los hombres con los que te comunicas decidieron reconocerse ni emprender un viaje hacia sí mismos.

Por eso ya no buscas la etiqueta, ni el nombrarte de una manera ni de otra porque, de alguna manera, sabes que aquellos seres con los que te relacionas bien y te dan placer y consuelo son aquellos que también dejaron de darse nombres, de meterse en categorías, de encasquetarse un traje inadaptado para la presente ocasión.

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