LA MADRE INTERIOR

“Querida hija, te siento perdida, angustiada, como si sintieras que no hay salidas, como si creyeras que para ti no se abren los caminos…”

“Querida hija…”

“Querida hija mía, …”

La madre quería decirle a su hija que estaba preocupada por ella pero se mordió la lengua antes de que aquellas palabras salieran de entre sus labios.

“Mamá, sé lo que piensas. Sé lo que quieres. Han sido muchos años con tu voz detrás de la oreja indicándome aquello que era correcto y aquello que no lo era. Ha sido un largo recorrido que hemos transitado juntas… parece mentira que no sepas que te conozco como si yo hubiera sido quién te parió a ti. Al fin y al cabo, tú has formado parte de toda mi vida mientras que yo solo he estado en un trocito de la tuya”

“Mamá,…”

“Mamá, no lo comprendes”

“¿Entiendes, mamá? No me comprendes”

“Si me comprendieras, si me escucharas, si estuvieras de mi lado; cada paso sería más ligero, cada intento sería más liviano, cada prueba supondría tan solo lo que es: una prueba, un intento, un paso en acierto o en vano. ¿Qué más da, mamá? ¿Qué más da si me equivoco? ¿Qué más da si ando perdida? ¿Crees que ayuda en algo que pongas en duda cada uno de mis actos? ¿Crees que esa actitud temerosa es beneficiosa para algo?”

“No, mamá. Tu preocupación no es una ayuda, tus pequeños gritos escondidos entre suspiros no facilitan mi partida, ni mi continuación en el camino, no son aliento de apoyo, no me animan a emprender, no facilitan las cosas…”

“Y ya soy adulta, mamá. Sigo siendo la hija; la hija y la niña llena de magia. La que es capaz de ver con los ojos de la intuición, la que se ilusiona y llena tu corazón de GANAS. Sí, mamá, soy esa. Soy luz y vida, mamá. Y lo sabes.”

“Entonces, si lo sabes…, ¿por qué quieres controlarme? ¿Para que quieres que sea productiva, que tenga una vida organizada, que trate de encontrar forma en este cambiante y exasperante mundo adulto? ¿Y si ambas aceptamos mi incapacidad para adaptarme? ¿Y si ambas estamos bien con el hecho de que quiera quedarme en mi habitación jugando con mis muñecas? ¿Y si nos da igual si el mundo se cae mientras tú y yo construimos juntas nuestro bello castillo hecho de coloridas piezas de madera? ¿Y si ignoramos lo que nos contaron que era correcto? ¿Y si nos abrazamos? ¿Y si disfrutamos juntas?”

“Así sí, mamá… Así sí… A tu lado, sí puedo”

__________

Con esta conversación entre mi niña interior y mi mamá interior pretendo mostrar la importancia de contar con una voz interna que nos apoye en nuestro camino vital. Nuestra voz interior -que puede tener mucho que ver con la educación que recibimos- es una responsabilidad propia en nuestra edad adulta y será la que nos haga avanzar o boicotee nuestros planes.  Por ello, es importante familiarizarnos con eso que llaman “la voz de la conciencia”, ver de dónde viene y cómo queremos relacionarnos con ella. Eduquemos a esa voz interior y pidámosle desde nuestro corazón el amor y el apoyo que, verdaderamente, necesitamos.

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