IMPACTAR

Aquella tarde salía con tres amigos de un curso de baile en Nueva York. Caminando por China Town llegamos a un restaurante vegano que se llamaba “La Caravana de los Sueños” donde nos dieron mesa en una oscura y acogedora sala interior que estaba repleta de gente. Cuando nos sentamos, nos dimos cuenta que nuestra mesa estaba rodeada por otra mesa larguísima que bordeaba toda la sala. Éramos los únicos que no formábamos parte de aquel ruidoso encuentro de personas new yorkinas. ¿Estaría aquella gente en una cena de negocios? ¿Quizás sería la celebración de un cumpleaños?

Dio la casualidad que justo en ese momento, algunos comensales se estaban levantando de su asiento para decir unas palabras al resto de los asistentes. Tomac, uno de mis amigos, bromeó con la idea de incorporarnos y decir algo. Stephanie y Paula se rieron comentando lo divertido que podría ser y yo muy emocionada empecé a insistir a Tomac para que se levantara. No surtió efecto pues, en seguida, los tres descartaron la idea, agacharon la cabeza y se pusieron a leer el menú.

De repente, se levantó un hombre y dijo: “Bien, ya hemos hablado todos, ¿hay alguien más que quiera decir algo?”. “Fuuuum!”, un torbellino de nervios recorrió mi estómago y mis piernas decidieron levantarse: “¡Yo!”, dije sonriendo.

“Hola a todos. Somos Tomac de Polonia, Stephanie y Paula de Irlanda y yo me llamo Sandra y soy de España. Acabamos de salir de un curso de baile llamado 5 Ritmos que nos está encantando y estamos disfrutando muchísimo. Solo queríamos decir unas palabras para expresar lo contentos que estamos de estar aquí en este restaurante donde la comida está tan buena y está tan cuidada; y también expresar lo contentos que estamos de compartir esta cena con vosotros pues se nota que sois gente maravillosa y se respira mucha alegría en el ambiente”.

Ya me iba a sentar cuando dos personas a la vez dijeron: “Oye, ¡pero cuéntanos más sobre ese baile!”. Sorprendida, miré a mi alrededor y vi muchísimas caras sonrientes repletas de atención. “Bien, el baile de los 5 ritmos…” – comencé a hablar sobre la práctica de los 5 ritmos, lo que significa y los beneficios que tiene en nuestra vida. Estuve hablando uno o dos minutos, quizás tres, nada más. Cuando terminé, todos se mostraron interesadísimos en saber más sobre el tema; de hecho, antes de volver a la mesa con mis otros tres amigos se dieron las siguientes conexiones:

–  Varias personas me preguntaron si yo daba clases. Cuando les dije que no, se mostraron sorprendidos y me animaron a hacerlo.

–   Tres mujeres me pidieron que les escribiera en su agenda todos los datos sobre el baile y donde podían ir a practicarlo en Nueva York. Me dijeron que tenían claro que eso tenían que probarlo.

–   Una señora me dio su tarjeta pues era una estudiosa de “cambios para hacer un mundo mejor” y quería volver a verme para hablar sobre el tema.

–   Un chico joven me ofreció una sala que él tenía para hacer actuaciones.

–   Otra chica se acercó a comentarme que una amiga suya estaba en coma y que, por favor, rezara por ella.

Volví a la mesa con mis amigos en estado shock. No podía creerme todo lo que había pasado en cuestión de minutos; la gente que había conocido, la gente que yo había impactado y que me había impactado a mí de vuelta en un abrir y cerrar de ojos. Sigo emocionada con este hecho y me encanta compartirlo porque me da la sensación que siempre nos encontramos en esa delgada línea en la que podemos decidir hacer algo o no hacerlo, enseñarle algo al mundo o guardarlo para nosotros, arriesgarnos o seguir como estamos. Y es que, ¿cuántas veces descartamos hacer algo porque pensamos que es irrelevante o innecesario? ¿Cuántas veces decidimos no alzar la voz porque pensamos que eso no va a tener ningún impacto? ¿Cuántas veces creemos que no tenemos nada que ofrecer al grupo? ¿Cuántas veces nos para la vergüenza, el miedo al fracaso o la comodidad de no ser vistos?

Es increíble. Pude haberme quedado sentada, leyendo el menú y JAMÁS hubiera aprendido lo que aprendí aquella noche. Solo se trató de levantar mi cuerpo de aquella silla, abrir la boca y decir mi verdad en aquel momento. Solo se trató de dejarme ver tal cual soy delante de aquellas personas y “¡Tachán!”, ahora mismo puede que haya por el mundo varias personas más liberándose con el éxtasis de los 5 ritmos.

Lo que te quiero decir A TI es QUE LO INTENTES, QUE HABLES, QUE HAGAS. Que calles a tu cabeza y ACTÚES. Que los regalos están a la vuelta de la esquina esperando que vayas a por ellos. Que SER TU MISMO Y DEJARTE VER es la llave que estás buscando.  Que tus palabras y tus acciones tienen un EFECTO CLARO en toda la gente que te rodea.

Que levantes ese dedo de tu mano, roces la primera ficha que tienes enfrente y oigas el ruido de todas las otras fichas que van detrás en cadena. ¡Qué tú cuentas!

4 pensamientos en “IMPACTAR

  1. Qué buena historia, Sandra, y qué verdad encierra. Nos perdemos muchísimas cosas por miedos, timideces, o costumbres que nos separan de encontrar cosas buenísimas.
    31 años he tardado en descubrirlo!

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