AMOR INCONDICIONAL

Recuerdo los primeros años de mi vida. El calor de los brazos de mi madre, la comodidad de mecerme en los pechos de mi abuela, el alboroto de felicidad y ternura que me rodeaba allá donde mis pequeños pies pisaban.

Cuando somos bebés, todo nos está permitido y el amor hacia nosotros viene de una fuente inagotable. Todos los seres que nos rodean nos miran con cariño y mucha atención y ni las manchas de papilla en la ropa recién lavada, ni los estallidos momentáneos de enfado, ni el tirón de pelo que le damos a la niña que tenemos al lado hacen que nadie dude por un momento de nuestra bondad y la belleza de nuestra naturaleza. Cuando somos bebés, estamos guapos mientras reímos y lloramos con la cara llena de mocos. Cuando somos bebés, podemos elegir los brazos sobre los cuales apoyarnos. Cuando somos bebés, todo es comprendido, todo es aceptado y el amor que recibimos no está de ningún modo condicionado. Este es el amor que profesamos cada vez que vemos a un niño tambaleándose dando sus primeros pasos.

Sin embargo, algo diferente ocurre cuando nuestras miradas se dirigen a otros adultos como nosotros. Los párpados se entrecierran para ofrecer una mirada menos confiada, nuestra mente se vuelve más rígida, nuestro cuerpo se cierra y se pone a la defensiva, nuestro corazón se encoge.

Me gustaría dar a pensar hasta qué punto es amor aquello que decimos ser amor: ¿Realmente quieres a esa persona? ¿Quieres su felicidad o a lo que te aferras y lo que realmente quieres es lo que esa persona te está haciendo sentir a ti? ¿Está el foco en ti o está el foco en ella? ¿La quieres por encima de todo? ¿La quieres más allá de sus comportamientos? ¿La quieres simplemente por ser quien es o ese amor está condicionado a la intermitencia de sus actos?

El amor que sentimos hacia los demás es exactamente el mismo que sentimos hacia nosotros mismos. Si nos queremos solo cuando estamos guapos y delgados, si nos queremos solo cuando cumplimos nuestros propósitos, si nos queremos solo cuando tenemos éxitos profesionales o personales… si el amor hacia nosotros mismos está condicionado por nuestros actos, comportamientos y resultados; de ese tipo será el amor que le estemos dando a los demás.

Solo cuando me acepto y me observo sin juicio, puedo ser benevolente conmigo mismo y con las personas con las que me relaciono. Solo cuando me quiero de verdad, simplemente por el hecho de SER, soy capaz de querer a los demás del mismo modo. Eso es amor incondicional, el único que realmente existe. Es ese amor que hace que quieras cada una de las células de la otra persona, es ese amor que te hace ver la perfección del ser a quien amas tal y como es, es el amor que ama al todo, a la totalidad de una persona, a todas sus facetas. Un amor no condicionado, un amor que no rechaza, un amor que da la bienvenida a la persona tal cual es y está enfocado en lo que por esencia es un ser humano. 

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