Libertad

A veces soñamos con partir a lugares lejanos en búsqueda de libertad, de felicidad y de nuevos horizontes en los que expresar nuestro verdadero yo. Si ahondamos en el tema y reflexionamos, ¿qué importancia tiene el lugar cuando lo que estoy buscando es expresar y dejar volar a mi verdadero ser? Me da la sensación que estamos buscando en un lugar físico y externo algo que solo podemos encontrar dentro de nosotros mismos. Por tanto, si lo que soñamos es con un yo libre, un yo pleno, un yo que disfruta del día a día, un yo relajado; creo que el primer reto es cultivar a ese yo en el lugar en el que estamos ahora mismo. Al fin y al cabo, tú sigues siendo tú y yo sigo siendo yo independientemente del sitio en el que nos encontremos.

Hoy me he dado cuenta que la clave está en empezar invirtiendo en el “quien” y no el “donde” para que, una vez esté fortalecida nuestra identidad y personalidad, entonces podamos ir con ella a cualquier lugar del mundo. No se trata de conseguir ya y en este concreto lugar el 100% de ese “yo” que quiero experimentar pero sí de ir saboreándolo, ir atisbándolo, ir construyéndolo y nutriéndolo cada día. Se trata de acercarnos cada vez más a esa persona que queremos ser, de ir liberándonos y soltando ataduras poco a poco, de darnos cuenta que el camino ya está bajo nuestros pies y no comienza unos metros más al Norte, Sur, Este u Oeste.

Eso sí, una vez hayas practicado, hecho los deberes y sientas que los cimientos de tu verdadero ser están siendo afianzados… ¡Corre hacia ese lugar! ¡Vuela alto, bajo, a derecha y a izquierda, entre los árboles y a ras del suelo! ¡Empápate de la riqueza que hay ahí fuera! Y, especialmente, honra a cada rincón del planeta y a cada persona que encuentres con el regalo de ser quien realmente eres.

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Comparto contigo un ejercicio que puede serte útil:

Relaja tu cuerpo, respira hondo y visualízate en ese lugar en el que quieres estar, imagina tu vida allí y cómo serías y te comportarías. ¿Cómo eres? ¿Qué sacas de ti? ¿Qué expresión tiene tu cuerpo? ¿Y tu cara? Ahora, piensa, ¿en qué momento de tu vida ya pasada te sentías de forma similar? ¿Cúando recuerdas haberte encontrado interiormente de una manera parecida? ¿Qué caracterizaba a tu actitud y a tu personalidad en aquel momento? ¿Qué valorabas? ¿Cómo veías y vivías la vida? Haz un pequeño listado de aquellas cosas que ya han habido (¡y hay!) dentro de ti y que te gustaría potenciar. Ahora, visualizando ese yo que quieres ser y teniendo en cuenta estas cositas que te gustaría empezar a nutrir de nuevo en tu interior, piensa como podrías volver a incorporarlas de alguna forma a tu día a día. Para comenzar, comprométete solo con dos, dos pequeños gestos que podrías hacer desde ya para empezar a mostrar ese “tú” que quieres sacar a brillar. Prueba a ponerlos en práctica. Cuando veas el resultado tan poderoso que tiene aplicar tan sólo dos pequeños gestos con los que te hayas comprometido, verás como comienzas a realizar otros pequeños cambios positivos de forma totalmente natural : )

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