Un buen viaje

¡Qué oportuno! Justo ahora iba a comentarte que podríamos irnos de viaje a lo largo de nuestra historia. Por favor, pon tu espalda un poco más recta, el pecho algo más abierto, levanta la cabeza, respira profundamente y prepárate para convertirte en un cazador de momentos llenos de significado. ¿Llevas una mochila? ¡Allá vamos!

– Descuélgate un momento la mochila vacía. Ábrela. Lo primero que meteremos y que quedará al fondo y muy protegido es un momento de nuestra vida en el que hayamos sentido muchísimo amor por alguien o por aquello que nos rodeaba. Un momento en el que sintieras algo tan grande e impresionante que por muchas palabras que emplearas, no podrías explicarlo. _ _ _ ¿Lo tienes? ¡Mételo en la mochila!

– Sigamos buscando. Ahora nos vamos a un momento de diversión plena, ¡de alegría! Todo tu cuerpo disfrutaba, reía, se sentía libre. Busca hasta que una sonrisa llegue a tu rostro…¡captúrala!  _ _ _  ¡Echa la mano atrás y guarda esa sonrisa en el bolsillo delantero!

– En el viaje de nuestra vida, hemos pasado por lugares y periodos, cortos o largos, en los que hemos sentido que estábamos donde el corazón nos pedía estar. Lo que hacía, pensaba y sentía se alineaba perfectamente con el entorno. Estaba donde quería estar y me sentía plen@. _ _ _  ¿Diste con ese sitio? ¡Nos lo llevamos!

 – A mucha gente nos hemos encontrado en nuestro camino. Ahora recuerdas aquella mirada, aquellas palabras, aquel mensaje que esa persona tan significativa siempre te enseñó a recordar.  _ _ _ Sabes que este mensaje no lo puedes perder. Busca un espacio seguro y déjalo en la mochila junto a las otras vivencias.

 – ¿Qué me dices de esos momentos en los que la imaginación volaba y solo existían castillos, trenecitos, príncipes y princesas?  _ _ _ Busca un juguete, un dibujo, una manualidad, un libro o cualquier pequeño objeto o recuerdo que esté lleno de la magia de la imaginación y échalo al equipaje.

 –  Un gesto pícaro y atrevido aparece en nuestra cara cuando recordamos momentos de “carpe diem” y locura expansiva. Minutos llenos de presente en los que no existía nada más que el ahora y en los que solo cabía el disfrute y la felicidad. _ _ _ ¡Atrapa aquel loco segundo con tu mano y no lo dejes escapar! Si te fijas, hay una doble tela dentro de la mochila que puede abrirse con una sutil cremallera. Abre tu mano y deja al segundo caer con cuidado. Cierra la cremallera.

 – Me gustaría que recordaras algún momento en el que hayas sabido pisar muy fuerte. Una etapa de tu vida, un pequeño periodo o una acertada decisión en la que dieras pasos firmes, seguros y dirigidos hacia tu objetivo. _ _ _ Tira la mochila sobre esas huellas fuertemente plasmadas sobre la tierra. Restriega la mochila sobre ellas y deja que se impregne de la esencia de nuestras decisiones, de nuestra fuerza interior, de todo nuestro valor y capacidad para dirigir nuestros pasos.

 – Agarra la mochila llena de tierra del suelo. Ábrela una vez más. Metamos dentro de ella: un libro, una película y cualquier otro objeto aleatorio que venga a tu cabeza (¿qué libro, película u objeto has elegido? ¿por qué?). _ _ _ Siente en tu espalda el placer de llevar estos tres objetos que tanto te han enseñado.

 – Estamos a punto de volver. Como muchas veces justo antes de salir de casa, sabes que falta algo más por meter en tu mochila. ¿Qué es? Párate, piensa… Hay algo que no podría faltar _ _ _  Disfruta metiendo en la mochila este último tesoro tan único, esencial y personal.

Emprendemos el camino de vuelta con nuestra mochila. El camino ha sido largo, lleno de experiencias y vivencias, repleto de personas y emociones. El camino nos ha enseñado en muchas ocasiones quiénes somos, por qué vivimos, qué es la felicidad, cómo es posible alcanzar nuestros sueños, qué es lo que queda y perdura, qué nos hace sentir y emocionarnos, qué nos empuja hacia delante, qué da sentido a nuestra vida, qué mensajes vale la pena recordar, qué palabras merece la pena mencionar, que gestos son los que hacen a nuestro mundo girar… El camino nos recuerda cada día quienes somos, qué no debemos olvidar.

Solo un pequeño consejo para ti. Rodéate de todo aquello que te recuerde quién eres en realidad, para qué estás aquí en este mundo, qué te hace emocionarte y ser feliz. Fotografías, postales, dibujos, collares, ropa, mensajes, objetos,… serán fieles compañeros de viaje que te guiarán por el camino qué más te convenga tomar. Déjate guiar.

Comparto 3 fotos. La mágica entrada de mi casa que, antes de salir y entrar, me recuerda aquello que es esencial en mi vida. La nevera en la cocina, un lugar donde voy colocando espontáneamente elementos que me recuerdan quien soy y quien quiero ser. Un collar muy especial que me trae toda la energía de la naturaleza y que procuro llevar a todo lugar donde crea que puede ser imprescindible.

Mmm… todo esto hace que me plantee la infinidad de objetos que tú podrías rescatar para que vuelvan a tomar un papel importante en el transcurso de tus días.

2 pensamientos en “Un buen viaje

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